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¿Mexicanos sin ganas? Del horror al error

Artemio Benavides
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artemiobenavideshotmailcom/16/16/24
martes 09 de diciembre de 2008, 21:42h
“Más de 5,000 asesinados por narcotráfico en lo que va del año… una cifra récord en el país, donde hace dos años el presidente Felipe Calderón, le declaró la guerra a unos carteles de la droga cada vez más fortalecidos y en plena expansión internacional”. Así reza la nota periodística en este calendario que todavía tiene semanas para nuestro espanto.

Es este mundo nuestro el ¿peor de los mundos posibles? La Teodicea de G. W. Leibniz, siglos atrás, trataba de justificar los caminos de Dios para nosotros: ¿porqué existe la maldad en la creación divina? Su respuesta parece ser: considera la totalidad, porque “todas las cosas están conectadas y el más simple –y horrible– aspecto del mundo, lleva a cabo una contribución a un mundo mejor”. Spinoza le dio un giro al decir: “este no es el mejor de todos los mundos posibles: es solamente el único mundo posible”.

Pero ante el horror creciente, prefiero las voces de los poetas a la de los filósofos; concretamente, acudiendo a un poeta mayor español que murió en México: Luis Cernuda, cuyo exilio, esencialmente, es el del hombre moderno: condenado a “una soledad tan grande como el planeta”, “…frente al mundo hostil e indiferente de los hombres” (Octavio Paz): un poeta solitario y para solitarios, en efecto. De acuerdo también: un poeta que no ocultó su amor uranista y que detestaba las utopías políticas. No exactamente un poeta maldito, que se piensa excluido: un poeta, que, arrojado por la guerra civil, decidió “…No volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó de ser la mía, /cuyas maneras rara vez me fueron propias, /cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto/ y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron”.

Y a la manera de Cánovas del Castillo (“…si soy español, lo soy a la manera de aquellos que no pueden ser otra cosa”), Cernuda escribió: “Soy español sin ganas /Que vive como puede bien lejos de su tierra/ sin pesar ni nostalgia…”. Y en la rabia de su extrañamiento llega a decir que “La existencia española, llegada al paroxismo, /Estúpida y cruel como su fiesta de toros”. Pero va más allá cuando le canta a “un poeta muerto” (F. García Lorca), diciéndole: “…Pero antes no sabías /la realidad más honda de este mundo: /El odio, el triste odio de los hombres”.

A nosotros también, guardando las distancias con España y con Luis Cernuda, la historia presente de nuestra tierra, se nos aparece “obscena y deprimente”. Más cuando los políticos en turno, oportunista e ignorantes, aprovechan las desdichas para llevar agua a su molino y solicitar la restauración de la pena de muerte de asesinos y secuestradores: políticos cerriles y primitivos, se les ha llamado con razón. Pero del horror se pasa al error inminente: un plebiscito nacional seguramente modificarían nuestras leyes al respecto, aunque ello acarrearía la exclusión del mundo civilizado (los vecinos del norte son poderosos pero no civilizados). La voz popular no es siempre la voz de Dios, evidentemente.

El terror montante nos ha impuesto su factura: parecemos mexicanos sin ganas y mayorías más sufridas desean ser otra cosa: emigrantes al norte desarrollado. A otros se nos impone el exilio interior, en la trinchera escogida como modo de vida.

Pero creemos que estos siniestros polvos provienen del lodo populista y demagógico, así como de la inepta política que este pueblo no se merece. Se impone, pues, arrojar las máscaras que nos ha impuesto la debilidad de la generación anterior y la fatalidad de nuestras pasiones. Y resistir la avalancha homicida con la búsqueda constante del Estado de Derecho, imponiendo la transparencia en nuestro proceso hacia la democracia. Tenía razón Spinoza: este es el único mundo posible.

Artemio Benavides

Historiador

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