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TRIBUNA

Un nobel de libertad

Juan José Vijuesca
miércoles 15 de octubre de 2025, 20:19h

La cosa parte de una simpleza; una mirada alrededor de las izquierdas contravenidas es suficiente para entender que para estos comediantes lo de la paz y la guerra es un populismo de brocha gorda. Menos mal que, frente a esta malformación ideológica, tan fuera de los tiempos actuales, el orden de la sensatez esculpe las preclaras mentes en quienes trabajan para un mundo mejor, más justo y más racional.

María Corina Machado, con su Premio Nobel de la Paz, da fe de ello. No solo se ha convertido en la mujer más aguerrida del mundo, sino que ha abierto la ventana que da al exterior de Venezuela, donde la libertad está ávida de cambiar el destino de los venezolanos. En palabras de la misma Corina: “La luz de la libertad en Venezuela va a reflejarse en ondas expansivas y también va a traer consecuencias en muchos otros países, incluyendo España". Y esto no es bien recibido en Moncloa ni gusta a la marca populista radical ni al resto de socios que se amamantan de la misma teta e idéntica treta.

Hay formaciones políticas a las que les gusta la guerra. Se retroalimentan de ella. No quieren la paz. Aman el conflicto. Odian a quienes sacrifican su vida por la libertad de los demás. Desdeñan a quienes demuestran que con la no violencia se pueden eliminar barreras y derrumbar los muros hostiles. Son educadores en hacer lo contrario de lo que pregonan sus idearios. Fomentan la desigualdad entre individuos que son iguales. Extienden la pobreza prometiendo felicidad, mientras ellos se revuelcan sobre las riquezas de sus patrocinadores.

Viven del conflicto, del enfrentamiento, del rencor hacia todo aquel que defienda la epopeya moral de los pueblos oprimidos. María Corina, esta mujer luchadora, es lo que viene haciendo en favor de la libertad de Venezuela a cambio de la suya propia. Por eso, los odiadores de turno lanzan su bilis cargada de rabia y celos contra ella ante la concesión del Nobel de la Paz que la acredita como la gran defensora del oprimido pueblo venezolano.

Se acabó lo de darle el Nobel de la Paz al primer cantamañanas que pase por Oslo. Esta vez han declinado que en política activa existen individuos que sobrepasan la línea que separa al dictador Maduro de la democracia bien entendida. Ahora que se cisque todo aquel que, dándoselas de feminista, utiliza el comodín del mutismo cuando el mérito lo tienen los que no son de la misma cuerda. Muy propio del equipo femenino de Sánchez. Ninguna de sus componentes se ha mirado en el espejo de Corina para agradecerle que su lucha es igualdad y libertad para todos y todas.

El mutismo solo abre la boca para soltar la insustancial y cavernaria frase del coro rociero de Ferraz: “Soy feminista porque soy socialista”. A partir de ahí, el fiasco, la malsana obsesión de reescribirlo todo a base de jergas y demás eslóganes. Mientras tanto llega María Corina y, con dos ovarios, demuestra que la mujer empoderada, sin estereotipos y con la libertad de los oprimidos como bandera, pone a Venezuela en el tic tac de la democracia.

Hablar de Maduro a estas alturas, pues qué quieren que les cuente. Un hombre, capaz de susurrar a un puñado de vacas como terapia de inquisidor, a las cuales pidió ayuda en su particular cruzada asamblearia constituyente, cuanto menos resulta preocupante. La vaca, como es sabido, es una especie animal bastante inane en cuanto a manifestar sus emociones, o sea, come, deposita su bosta y poco más. No obstante, me he apresurado a contactar con ganaderos de renombre, a quienes no citaré aquí por aquello de la Ley de Protección de Datos. De todas las vacas que componen sus respectivas cabañas, cada dueño me ha confirmado que ninguna de sus reses está afectada por adoctrinamiento constituyente. Uno se siente más tranquilo porque las plagas de la actualidad se vuelven virales en cuestión de horas. Recuerden la epidemia aquella de las vacas locas, sin ir más lejos. Eso es lo que tiene manipular el cerebro de un pueblo a base de credos totalitarios, que después la cosa muta en encefalopatías espongiformes hasta quedar sometidos a merced de cualquier dictador al uso.

Pues eso, que ¡viva Corina! y que ¡viva Venezuela libre!

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