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Insúltame, no soy de izquierdas

Laila Escartín Hamarinen
miércoles 10 de diciembre de 2008, 22:19h
En España es peligroso no ser votante de las izquierdas y admitirlo, porque en un 90% de los casos serás receptor no sólo de epítetos pronunciados con la misma saña que se pronuncian los insultos (los favoritos: ‘fascista’ y ‘facha’), sino además de desagradables radiaciones de desprecio.

En España es ‘cool’ y moderno ser de izquierdas. Comprendo y acepto que las personas con mentalidad de adolescente eterno conciban un aspecto de la realidad social de esta forma tan simplista, pero me cuesta trabajo aceptar que las personas de ideología izquierdista impunemente discriminen y traten con desprecio a las personas que no comulgan con sus ideas políticas. Como acaba de suceder con el alcalde de Getafe, el socialista Pedro Castro, que llamó a los votantes de la ‘derecha’ ‘tontos de los cojones’. Una muestra impresionante de respeto por el prójimo.

El presidente Rodríguez Zapatero presume de ‘talante’, pero muchos de sus simpatizantes no tienen ni la más remota idea de lo que significa esa palabra que vomita el presidente con la misma asiduidad que la hermanastra mala vomitaba sapos como castigo por su maldad. Los seguidores de la izquierda que insultan a los que no son como ellos se escandalizarían si vieran que Fulano López desprecia e insulta a los musulmanes o a los budistas por sus ideas religiosas, sin embargo simultáneamente desprecian e insultan a todo aquél que públicamente (aunque sea en petit comité) se atreva a declarar que no es de izquierdas; y ni siquiera se avergüenzan de ello.

En España los que no son de izquierdas tienen que sopesar cuidadosamente si les merece la pena expresar sus opiniones políticas, no vaya a ser que les caiga un granizo de insultos. Y esto no suele ocurrir en la otra dirección. La izquierda española es ufana y hegemónica, Ella tiene el derecho de existir, mientras que la no-izquierda (lo que ellos llaman la derecha, o la derechona en tono sarcástico) debe moverse por las sombras, porque según ellos es un asco no ser de izquierdas.

Y estos señores y señoras de izquierdas se creen democráticos, mientras violan diariamente y a ras de suelo el fundamento más básico de la democracia: el respeto por la diversidad y lo diferente a lo propio.
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