La última novela de María Iglesias, Puro empeño, se adentra en un territorio moral complejo y contemporáneo: el de las fronteras físicas y éticas que separan el Norte del Sur global. Situada principalmente en la ciudad marroquí de Nador. la novela muestra hasta dónde pueden llegar la solidaridad, la amistad y el deseo de ayudar sin chocar con la ley, y plantea una historia basada en conflictos morales y sentimientos humanos.
Iglesias nos sumerge en un reencuentro entre Alba y Simone, dos amigas íntimas desde los tiempos universitarios que encarnan visiones opuestas del mundo. La novela se sitúa en el presente, en la zona fronteriza entre Marruecos y Europa que simboliza el choque de mundos. Allí, Simone ha decidido sacar del país -como si fuera su hija- a la bebé de una adolescente marroquí y de un joven maliense muerto al intentar saltar la valla de Melilla. La operación, avalada por la madre biológica, Fátima, y facilitada por un buscavidas local, Jamal el Glaoui, coloca a ambas en el filo entre compasión y delito.
Las dos protagonistas están trazadas con precisión y contraste. Simone es la que actúa, la que decide sin mirar atrás, convencida de que ayudar justifica saltarse normas. Alba, más reflexiva, encarna la duda y la culpa: quiere hacer el bien, pero teme el daño que se puede causar sin entender del todo lo que está en juego. Entre los secundarios destacan Fátima y Jamal. Ella una joven madre marroquí, cuya decisión de ceder a su hija en busca de un futuro mejor abre el corazón mismo del conflicto. Él, superviviente de abusos y “soñador buscavidas”.
El escenario es tan importante como los personajes. Nador -ciudad pegada a la frontera con Melilla- aparece descrita con una mezcla de aspereza y vida cotidiana: calles polvorientas, mercados, pensiones, cafés, un puerto donde todos parecen estar esperando algo. Iglesias se detiene en los detalles -la burocracia, los controles- para mostrar cómo el lugar puede condicionar una decisión. También hay escenas en pueblos del Alto Atlas, entre la pobreza y el aislamiento. Situada en el presente, en un mundo que reconocemos: Europa y sus fronteras, Marruecos como barrera y los migrantes atrapados en el medio.
El estilo de la autora combina ritmo, cambios constantes de voz y de punto de vista para que cada personaje cuente su parte. Eso hace que el lector tenga que tomar partido, dudar, revisar su propia postura.
En definitiva, Puro empeño es una novela de fronteras: geográfica, moral y emocional. Una historia que te mete de lleno en el dilema de ayudar sin entender el fondo, y que deja la sensación de haber mirado algo real, incómodo y necesario. Así, más allá de un contexto político, habla de algo humano: el deseo de hacer el bien, y cómo ese deseo puede chocar con los límites de la ley. María Iglesias demuestra que la ética, la amistad y la ternura pueden ser terreno en donde las decisiones más pequeñas a veces son las que más nos definen como personas.