Putin no acepta una tregua, menos aún un acuerdo de paz. Sólo quiere consumar la invasión total de Ucrania y la consiguiente rendición sin condiciones de Zelenski. Ni Trump es capaz de frenar la invasión criminal del Ejército del Kremlin que se ha redoblado, incluso después de amagar un acuerdo con el dictador ruso en Alaska con la condición de que Ucrania aceptara la soberanía de Moscú sobre el Dombás y el resto de los territorios ocupados por el Ejército del Kremlin. Hubiera sido una paz injusta. Hubiera supuesto una victoria de Rusia. Pero ni aún así. El dictador ruso quiere todo el territorio para luego proseguir su expansión militar en su obsesión por reconstruir el antiguo imperio soviético. Trump no es capaz de parar los pies al sátrapa ruso. Mientras maltrata a Zelenski imponiéndole unas condiciones inaceptables, no tiene fuerzas ni ganas de frenar a Putin. Se limita a sancionar a las petroleras rusas por “la falta de compromiso serio de parar la guerra”.
Los analistas internacionales creen que detrás de la debilidad de Trump se esconden secretos inconfesables. Pues Putin, cuando fue agente del KGB, pudo recopilar pruebas sobre las andanzas empresariales y personales del presidente de Estados Unidos que por entonces intentaba llegar a acuerdos comerciales con la Rusia comunista, cuando estuvo a punto de construir una torre Trump en el centro de Moscú con el beneplácito de las autoridades soviéticas. En cualquier caso, y después del éxito de su plan de paz en Gaza, el presidente norteamericano ha fracasado en su intento de frenar la guerra en Ucrania. Pues Putin es un mafioso con un turbio pasado como agente secreto, dispuesto a llegar hasta el final. Se trata del gran enemigo de Occidente y en especial de Europa, que asiste impotente ante los desastres de una guerra que no parece tener fin.
Mientras prosigue la invasión criminal del Ejército del Kremlin, que en los últimos días ha asesinado a numerosos civiles, incluso a niños, con sus constantes y brutales bombardeos de Kiev. No hay el menor atisbo de que Putin vaya a parar la matanza antes de lograr sus objetivos y Trump se resiste a rearmar a Zelenski con el envío de los misiles Tomahawk que le había prometido.
La gran tropelía de Trump ha sido sacar a Putin de su ostracismo internacional al darle todo el protagonismo. Y es que, en realidad, al presidente norteamericano poco le importa el futuro de Ucrania. Su objetivo es mantener a Estados Unidos como la primera potencia militar y económica del mundo intentando frenar el crecimiento de China y asfixiando a Europa. Se trata, además, de un peligroso precedente. Pues Rusia seguirá adelante con sus zarpazos militares para reconstruir el antiguo imperio soviético y, más pronto que tarde, emprenderá la invasión de cualquiera de sus países limítrofes. Europa, mientras, asiste impertérrita al perverso juego geopolítico de Trump y Putin. El presidente norteamericano ha conseguido un rotundo éxito al parar la guerra de Gaza. Pero en Ucrania ha encallado. No puede, o no quiere, doblegar al dictador del Kremlin.