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10 años en El Imparcial, 500 columnas y aquí seguimos tan campantes (I de III)

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 29 de octubre de 2025, 19:28h

El año de 1975 --hace medio siglo, pues-- fue uno de los muchos años axiales –años-eje-- que tuvo México: la designación heterodoxa del candidato del PRI a la presidencia de la República que inició el principio del fin del PRI en el poder que terminaría un cuarto de siglo después, en el 2000. Pero también fue el año en que México rompió relaciones con España de Franco y el 20 de noviembre --fecha histórica de México porque recuerda el inicio de la Revolución Mexicana en 1910-- Franco moriría en su cama de enfermo.

En aquel entonces yo era reportero político del periódico El Día, fundado por Enrique Ramírez y Ramírez --homónimo de apellido--, un veterano militante del Partido Comunista Mexicano a quien el presidente López Mateos había convencido de salirse del partido, incorporarse al PRI y participar en la construcción de una corriente progresista, con algunos tintes de izquierda marxista y crear justamente el periódico El Día, donde encontraron refugio muchos españoles republicanos y desde luego bastantes guerrilleros e intelectuales latinoamericanos que huyeron de sus dictaduras.

Las comunicaciones periodísticas entonces dependían de las agencias informativas y no eran confiables por sus procedimientos de decantamiento de hechos periodísticos que merecían ser difundidos. Pero a lo largo de 1976 llegaron informaciones de que algo estaba cambiando en España. En la Ciudad de México había entonces centenas de puestos de periódicos, pero solo unos cuántos en la zona del centro recibían publicaciones del extranjero. Entre esos distribuidores estaba uno que recibía cada semana alrededor de cinco ejemplares de una revista que desde luego atraía en México donde no había cultura periodística de publicaciones semanarias: Cambio 16, una revista que tenía, a nuestro gusto, un cabezal anti periodístico. Yo empecé a comprar la revista cada semana y me fui enterando de todo el proceso de transición a la democracia en España y no me perdía por supuesto, lo que escribían los periodistas de entonces, entre ellos José Oneto, al que después conocí y tuvo una relación profesional directa.

La transición de España a la democracia 1976-1978 aparecía medio perdida en las páginas de los periódicos y seguía llegando vía Cambio 16, pero a nivel profesional teníamos más interés en lo que ocurría en México: el candidato López Portillo fue competidor único en las elecciones de julio de 1976 y creó una crisis política administrable, pero crisis al fin, porque el PAN como único partido de oposición --pero asumida como oposición “leal”-- se dividió y no definió candidato.

En 1977 López Portillo instruyó a su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, a instrumentar una reforma política basada sobre todo en nuevos partidos registrados aunque controlados por el gobierno, la legalización del Partido Comunista Mexicano que no provocó ni estragos ni crisis política y la creación de diputados plurinominales o de lista para beneficiar a las minorías.

El tema de la transición española siguió como tema para especialistas. López Portillo terminó su gobierno en medio de un colapso económico y político, designó como sucesor a un administrador conservador y este inició un proceso de reforma económica para terminar con el modelo de economía estatista. La reforma política de 1978 no modificó la distribución de votos porque el PRI era el partido del Estado.

Aunque por aquel entonces le sugirieron a México que mirara hacia la transición española, la justificación oficial era convincente: México no tenía un dictador militar, las instituciones políticas funcionaban como relativos equilibrios, el presidente de la República en turno ejercía a veces decisiones represivas pero sin oposición conflictiva, las elecciones las organizaba el gobierno para que ganara el partido en el gobierno, el gobierno priista dotaba de presupuesto público sin fondo a los candidatos del PRI, la oposición panista de derecha no avanzó con las nuevas reglas, el Partido Comunista borró el apellido comunista y pasó a ser socialista una alianza entre corrientes universitarias que eran las únicas que manejaban los dogmas marxistas.

El PRI bajó, como era lógico, su porcentaje electoral de 90% a una banda de 75%-80%, con todo el Senado priista y el 80% de la Cámara de Diputados también del PRI, lo cual le permitía modificar a su antojo la Constitución y aprobar las leyes.

La crisis económica fue la que minó las bases electorales del PRI. Echeverría término sin reservas internacionales y tuvo que devaluar el tipo de cambio después de 22 años de tenerlo fijo en 12.50 pesos por el control de la inflación en tasas menores a 4% anual. López Portillo se encontró con reservas inconmensurables de petróleo y tuvo ingresos sexenales por aproximadamente 45,000 millones de dólares que se despilfarraron en la corrupción y no modificaron el modelo de desarrollo. En 1982, López Portillo se encontró sin reservas y volvió a devaluar el tipo de cambio, pero dio un paso político-económico inesperado: expropió la banca privada y decretó el control generalizado de cambios.

El nuevo Gobierno de Miguel de la Madrid, de tinte conservador y fondomonetarista, aplicó una estrategia de freno económico brutal y en su sexenio 1983-1988 el PIB promedio anual fue de 0%, un sexenio perdido en crecimiento y bienestar.

Los gobiernos de De la Madrid y Carlos Salinas de Gortari (1983-1994) sometieron a México a una reforma económica conservadora que liquidó el papel activo y hegemónico del Estado en la economía, le dio toda la dinámica productiva al mercado y subordinó la economía mexicana a la estadounidense a través de acuerdos arancelarios y luego el Tratado de Comercio libre.

En este corto ciclo 1975-1994, México le dio prioridad a la reorganización económica y pospuso la modernización política. Si ningún presidente mexicano le concedió importancia a la transición española, Salinas buscó a medias un camino de transición marcado por lo que ocurría con la Unión Soviética de Gorbachov: la perestroika como reestructuración productiva y el glasnost como apertura informativa, porque se decía en ámbitos académicos que el modelo mexicano era más soviético (Octavio Paz insistió en esta tema en su ensayo Posdata) que español. Solo que Salinas aplicó a su manera la transición soviética: reorganización productiva sin apertura política, un modelo que en algunos medios llegamos a publicar como salinastroika sin priisnot, reestructuración productiva con el mismo PRI autoritario.

(En la segunda parte de esta serie, la próxima semana, contaré el momento político en el que la transición española se puso como ejemplo en la crisis política de México, para el bloque conservador de la Madrid-Salinas de Gortari desdeñó la sugerencia.)


indicadorpolitico.mx

[email protected]

@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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