Al frente de una hipo-vida
jueves 11 de diciembre de 2008, 22:50h
Soy una hipo-mujer al frente de una hipo-vida. Todo empezó cinco años atrás, cuando contraje un préstamo hipotecario con el banco. Dicen que entonces se los concedían a cualquiera, pero eso no suma ni resta crédito a mi triste condición de hipotecada. La pura verdad es que hace un lustro que esta carne de hipoteca hipo-vive pendiente del inquietante Euribor, cuyos devaneos alimentan la hipocondría hipotecaria que se ha instalado en mi hipo-ánimo con su recurrente amenaza. Lo laboral no acompaña nada, y mi hipófisis y mi hipotálamo vengan a secretar inquietud, angustia y miedo.
Además de todos mis ahorros y otros insospechados activos de mi persona, puse sobre la mesa treinta años que no tenía, de los que no soy dueña. Hipotéticos. Y me temo que con suerte tendré que hipo-vivirlos, a no ser que el banco o la muerte nos separen. Casi estoy más preparada para que la hipoteca me sobreviva sin revolverme en mi hipogeo, que a encajar el embargo y la subasta en vida. Sé que soy una ingenua, pero yo me tomo muy en serio este compromiso financiero e ideas no me faltan para que la sangre no llegue al río. ¡Ojalá!.
Desde que el mundo es hipo-mundo he ido recortando uno a uno mis gastos. La vida social es un vago recuerdo y he olvidado la última vez que entró un trapito de temporada en mi armario. De la dictadura del gas, la luz, el agua y el teléfono no hay quien se zafe, pero ya he tomado cartas en el asunto. Consigo manejarme a oscuras con bastante destreza; apenas me ducho y friego en un cubo; me dejo llamar todo lo que puedo, aún a costa de perder familia y amistades; y he decidido que sólo encenderé la calefacción en Navidad para dar algo de ambiente a este hipo-hogar en pena. Mis hipo-iguales saben de lo que hablo.
Y dicen que se avecinan peores tiempos… ¿Más?. La única baza que tengo es dejar de comer y que dentro de unos meses me lleven a un programa de televisión como ejemplo de una nueva pandemia: la anorexia hipotecaria. (”Desde que el Euribor alcanzó el 5,3% no he probado bocado...” “Sí, es verdad que me he quedado como un pajarito, pero ahí estoy salvando mi hipoteca mes a mes…”). Y el gobierno acude en auxilio de los bancos con inyecciones de capital. Ya podía socorrer a las hordas de hipotecados, aunque fuera con un jarabe o unos supositorios de liquidez. Llegados a este punto, no sé si abogar por la insumisión hipotecaria o casarme con un hipocampo.