En la glosa tercera de la Crítica del programa de Gotha, Carlos Marx escribió: “…cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!”. Es una evidencia que la cultura judeocristiana tuvo siempre una influencia decisiva en toda la obra de Marx, también en la de Engels, quien llegó a escribir un interesante libro sobre el Apocalipsis, de San Juan, y su significado; hasta tal punto es así que el marxismo sólo pudo ser fruto de la civilización judeocristiana. Es por ello que la primera vez que leí ese famoso aforismo con que se remata esa cita de Marx recordé inmediatamente el famoso texto de Los Hechos de los Apóstoles, 2, 44-45, en que San Lucas nos cuenta que los cristianos tenían todas sus propiedades y posesiones en común, que las vendían y dividían el fruto de la venta de esas riquezas entre todos, usando el producto de la venta según la necesidad de cada uno. “Habebant omnia communia. Possessiones et substantias vendebant, et dividebant illa omnibus, prout cuique opus erat”, y en griego más claramente, “kathóti àn tis chreían eîchen”. Incluso San Lucas acaba rematando este capítulo segundo, indicándonos que las comunidades cristianas eran agradables a la plebe, “habentes gratiam ad omnem plebem”, y en griego, “échontes chárin pròs hólon tòn laón”. Y recuérdese que los “laoí” de Homero ( Ilíada, I, 10 ) son las partes de los pueblos susceptibles de ponerse en marcha para la guerra. San Lucas utiliza los vocablos con un rigor de filólogo. Es evidente que Los Hechos de los Apóstoles están expresando la misma idea marxista, pese a quien pese de los clérigos ferozmente antimarxistas, aunque habría que decirlo al revés, claro, Marx expresa la misma idea de Lucas. Marx, hijo de un judío luterano, no pudo nunca salir de la mundivisión ética con que le educó su familia. Lo mismo que Engels. El marxismo, heredero de la ética cristiana, no consiste en repartir a partes iguales la riqueza egresada de la Naturaleza a través del trabajo, cosa que respondería al socialismo lassalliano subvencionado por Bismarck, sino en un concepto nuevo de la noción de riqueza. Para empezar la riqueza debe responder a aquello que se destine a la satisfacción colectiva de las necesidades, tales como la educación y las instituciones sanitarias, por ejemplo. Estas necesidades colectivas deberían aumentar considerablemente desde el primer momento, en comparación con la sociedad actual, deseada y representada, entre otros, por ese lumbreras andaluz que es Juanma Moreno. Por otro lado, una sociedad marxista debe tener un fondo importante para sostener a las personas no capacitadas para el trabajo, o en las que la naturaleza ha sido excesivamente cruel. La ética marxista compensa así la inhumanidad que ha tenido la naturaleza con algunas personas. A todas estas necesidades hay que añadir las pensiones para las personas mayores, etc. Las desiguales aptitudes de los individuos y, por consiguiente, la desigual capacidad de rendimiento, hacen que el derecho en una sociedad marxista – y cristiana – sea el derecho de la desigualdad. La distribución equitativa suponía un desiderátum individualista del viejo socialismo, superado por el marxismo, que sigue la regla de San Lucas, “kathóti àn tis chreían eîchen”. La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y dado que los regalos que nos concede la Naturaleza en nuestro nacimiento ( fuerza, inteligencia, memoria, etc. ) los recibimos gratis, también los debemos dar gratis con la responsabilidad de hermanos con suerte. También lo dice el Evangelio: “gratis accepistis, gratis date” ( dôreàn elábete, dôreàn dote ). La solidaridad de los “conservi” o “sýndouloi” serán la base de la solidaridad futura para todos. La inclusión de todos en una vida digna supondrá siempre la acomodación a las necesidades de cada ciudadano. El marxismo hereda del Evangelio la lucha contra la “sklêrokardía” de los ricos. Ésa es precisamente la didachê kainê o “doctrina nova” que trae Jesús. El Papa actual, como el anterior, quiere arrojar fuera de la Iglesia toda “spêlaion lêistôn” o “speluncam latronum”, y que bajo el nombre de la Santa Iglesia de Cristo, para quien los pobres son la misma carne de Cristo, no vuelva a darse una “oíkon emporíou” o “domum negotiationis”. Hay sacerdotes heroicos que tomaron parte en la Revolución Francesa y que murieron por ella, como Jacques Roux, con más derecho humano de estar en el santoral por su amor a los pobres que otros que ya están y sólo eran amigos de los opulentos.
Es verdad que la experiencia comunista en el mundo no ha sido para nada exitosa; horribles dictaduras de partido único y empobrecimiento masivo en grandes civilizaciones como la rusa o la civilización española en Cuba, Venezuela y ya casi en la Colombia de Petro, por ejemplo, han prostituido y manchado el espíritu marxista. Es absolutamente cierto; como es cierto también que en nombre de Cristo se han torturado y quemado pobres gentes llamadas herejes, hecho guerras de religión que devastaron Europa u ocupado inmensos territorios a sangre y fuego con el fariseo álibi de cristianizarlos. Sin embargo, si uno mira con objetividad y sosiego la Historia Universal, y a pesar de sus continuos vaivenes adelante-atrás-adelante, la ética pública cristiana, la evangelización, y su desarrollo en los grandes filósofos occidentales, ha mejorado sin duda el mundo desde prácticamente todos los ángulos del ser humano. Es verdad que se conculca todavía en muchas partes los Derechos Humanos y la dignidad del hombre – ahí están Hamás y Netanyahu para demostrarlo, o la misma Venezuela -, pero hoy es más difícil y ello tiene mucha menos impunidad que antes. Los cristianos tenemos que ser optimistas en que la impregnación de las palabras de Jesús en nuestros comportamientos debe seguir mejorando el mundo, y que estamos en la buena dirección.