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Ensayo

Luis de la Calle e Ignacio Sánchez Cuenca, Ignacio: La naturaleza del terrorismo

domingo 09 de noviembre de 2025, 21:31h
Luis de la Calle e Ignacio Sánchez Cuenca, Ignacio: La naturaleza del terrorismo

Catarata. Madrid, 2025. 302 páginas. 20 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En La naturaleza del terrorismo. Violencia política y clandestinidad, los profesores Luis de la Calle e Ignacio Sánchez Cuenca nos ofrecen una obra rigurosa y necesaria en la que abordan la principal amenaza que afrontan actualmente las sociedades: el terrorismo. Para ello, manejan una precisión conceptual sobresaliente, lo que les permite diferenciar a su objeto de estudio de la insurgencia y la guerrilla.

En efecto, con la finalidad de evitar confusiones y ambigüedades, los autores defienden una tesis: “toda violencia perpetrada por grupos armados clandestinos es terrorista, pero no toda la violencia terrorista es llevada a cabo por grupos clandestinos” (p. 92). Esa violencia clandestina tiene otros rasgos, destacando su carácter perturbador, sobre todo cuando se produce en tiempos de paz ya que genera un impacto en la audiencia, condicionando sus acciones y comportamientos. En consecuencia, terrorismo y comunicación forman un binomio indisoluble.

En este sentido, el terrorismo internacional, esto es, aquellos atentados en los que sus perpetradores actúan fuera de su país, constituye la forma más pura de violencia clandestina. La razón resulta evidente: al no tener los terroristas conexión con su comunidad de apoyo, ello les obliga a operar con el mayor secretismo posible. Un buen ejemplo de esta afirmación se advierte en el atentado de Hezbollah contra la embajada de Israel en Argentina en 1992.

En consecuencia, el terrorismo no requiere la ocupación física de un territorio, sino que está ligado a la acción secreta. En contraposición, la violencia insurgente persigue controlar una porción del territorio para planificar, reclutar y guardar armas. Además, en ocasiones, las insurgencias en aquellas zonas que dominan pueden suplantar al estado, erosionando de esta manera su legitimidad, mediante el recurso a un falso asistencialismo que les lleva a brindar determinados servicios públicos de forma nada desinteresada.

Desde una perspectiva más particular, el terrorismo es el arma de los débiles. En efecto, por muy poderosa que pueda resultar una organización terrorista (Al Qaeda, Dáesh, ETA…) siempre se hallará en una condición de inferioridad con relación al adversario al que quiere doblegar. Se trata de un hándicap notable, que intenta sortear con acciones contrarias a los parámetros que rigen el Estado de derecho, es decir, con el uso de la violencia perpetrada contra civiles y contra infraestructuras críticas.

Con todo ello, las organizaciones terroristas también son conscientes de la importancia que tiene el territorio, aunque salvo excepciones como el Dáesh, nunca han logrado disponer de uno propio. En efecto, al mal llamado Estado Islámico, su control de buena parte de Siria e Irak, adquirido en el contexto de la guerra civil siria y de la retirada de Estados Unidos de Irak, le garantizó: “diferentes instrumentos de extracción fiscal (por ejemplo, petróleo, contrabando, multas y cuotas), de modo que los yihadistas en el poder combinaron la coerción con un uso astuto del presupuesto para comprar lealtades y sometimiento político (…) Como corolario las tropas del ISIS aumentaron y se convirtieron en un ejército convencional de más de 31.000 soldados, con miles de combatientes extranjeros” (p.270).

No obstante, como explican De la Calle y Sánchez-Cuenca, esta carencia territorial, en determinados periodos de la historia reciente, fue suplida por el rol que desempeñaron algunos Estados santuario. Al respecto, la lista de los mismos es amplia y en ella podemos encontrar a Argelia, Libia, Afganistán… pero también, en lo que atañe a ETA, hallamos a Francia. En efecto, el país vecino con su inacción de los años 70s e inicios de los 80s “permitió que la cúpula de ETA tuviera un refugio seguro, de forma que pudo reclutar a personas que huían de España, entrenar a militantes en los bosques de las Landas, esconderlos en casas seguras mientras permanecían inactivos y extorsionar a los empresarios vascos” (p. 201).

En definitiva, un libro que aborda el fenómeno del terrorismo desde el rigor científico y metodológico, un objeto de estudio complejo con el que los autores se hallan familiarizados como certifica su trayectoria académica. Esto les permite acercarlo al gran público, mostrando sus características, historia y evolución constante.

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