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GANA SÁNCHEZ

viernes 14 de noviembre de 2025, 11:14h
Nunca he entrado en el debate sobre la constitucionalidad o no constitucionalidad de...

Nunca he entrado en el debate sobre la constitucionalidad o no constitucionalidad de la ley de Amnistía. Ni era ni es esa la cuestión. Pedro Sánchez citó con la muleta en su mano izquierda para que no pocos representantes del mundo liberal conservador la embistieran engañados.

La clave de la cuestión no está ahí. No está en la constitucionalidad o no de la ley de Amnistía. Esa ley se puso en marcha con el fin de que el prófugo golpista Carlos Puigdemont cediera sus siete escaños imprescindibles para la investidura de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. No se trataba de un problema jurídico sino ético. Pedro Sánchez otorgaba la amnistía a cambio de siete votos. Do ut des. Y lo que se amnistiaba era algo atroz, el intento de golpe de Estado, no para tomar el poder, sino para despedazar la unidad de España, cinco siglos de Historia unida, es decir, el fundamento del ser español y de la Constitución aprobada por el pueblo en 1978 a través de una abrumadora mayoría de la voluntad general libremente expresada.

La opinión de un abogado europeo ha dado la razón al sanchismo. Pedro Sánchez ha ganado el primer envite de la partida, aunque falta todavía el órdago, y si factores por mí desconocidos no lo remedian, asistiremos al regreso triunfal a Cataluña del prófugo golpista. Esa es la realidad y enmascararla con debates jurídicos y veladuras judiciales solo conduce a multiplicar la confusión. Pedro Sánchez se está frotando las manos. Al borde del abismo político ha recibido el balón de oxígeno que precisaba para seguir confortablemente sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa.