La Editorial “Ultima Línea” acaba de publicar un libro de Gabriel Alonso-Carro con el título con que comienza este artículo. Se añade el subtítulo Etica política internacional. El autor fue durante una década Director de Estudios de la Escuela Diplomática. Tuvo acceso a la información requerida para un tema que exige una muy extensa lista de documentos oficiales.
Curiosamente, el tono general del libro es optimista. La muy positiva evolución de lo que primero fue denominado “Etica de los negocios” y posteriormente Responsabilidad Social corporativa o empresarial...sostenibilidad....o el más reciente aún de Ciudadanía corporativa o empresarial, incita al optimismo....(Pag.19). No es extraño que el autor sintonice con mentes entusiastas parecidas como Amartya Sen y con iniciativas como HDCA (Human Developpment and Capability Association), promovida por este conocido autor. En el fondo de esta mentalidad optimista subyace la idea de que es factible que el ser humano progrese objetivamente a lo largo de la historia.
La tercera parte del libro se titula El papel religioso positivo en la paz. Dejando para luego volver sobre este tema, justo en este nivel de lo religioso no soy tan optimista como Alonso-Carro. Pienso que Dios concede a la persona el don supremo de la libertad positiva o capacidad de crear ex nihilo el bien y el mal de su conducta para darle oportunidad de ganar el cielo por su propia decisión. Es puesto a prueba en el campo de batalla abierto entre el bien y el mal, y en igualdad substancial de condiciones en el tiempo. Lo mismo en siglo XXI a.C, que en el siglo XXI p.C.
O dicho de otra manera, donde una puerta se cierra, otra se abre. Hemos alargado la media de vida humana desde 70-80 años hasta 90-100. Sin duda eso es un gran triunfo de la medicina, la higiene y la economía. Pero justo por ello nuestras ciudades están llenas de residencias de ancianos, y a su vez éstas llenas de andadores, sillas de ruedas, pastillas, aparatos de oxígeno y cuidados paliativos. Se vive más tiempo, pero en peores condiciones. Vaya una cosa por la otra. El único progreso verdaderamente humano es el progreso en valores vividos por las personas concretas, que les habilita para vencer en el estado de prueba en que estamos todos en este mundo.
Alonso-Carro acertadamente puntualiza cómo, en el intento de disponer de algún indicador serio del progreso humano personal, se ha avanzado desde una visión meramente economicista y limitada al PIB per capita. Así se se emprendió esta tarea al ponerse en marcha el Plan Marshall y otros fondos de ayuda al desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial. Se van incluyendo otros datos referentes a la participación social, la tutela de los Derechos Fundamentales propugnados por las Naciones Unidas, el desarrollo de las instituciones y la práctica del Buen Gobierno.
Incluso afirma Alonso-Carro que la ayuda española se centró en aspectos como la reforma judicial, la protección de los Derechos Humanos, el fortalecimiento de la administración pública. la reforma de la policía.....(Pag. 108). Todo eso suena a irónico cuento chino cuando en la España del año 2025 tenemos sentado en el banquillo de los presuntos delincuentes nada menos que al Fiscal General del Estado, acusado de revelación de secretos con el único objeto de atacar miserablemente, y con los medios más abyectos imaginables, a los rivales políticos.
Volvemos a la observación antes mencionada, donde una puerta se cierra, otra se abre. Malamente se puede exportar decencia política para ilustrar a los países más atrasados cuando en la propia casa la honestidad pública brilla por su ausencia. En España tenemos ahora una mafia de la peor especie que nos gobierna, y el capomafia o padrino es el mismo Jefe del Gobierno.
La cuarta y última parte del libro de Alonso-Carro lleva el ambicioso título Fundamentos del internacionalismo personalista. Como ya indicado, sin duda hay que simpatizar de entrada con las observaciones generales que hace el autor, con los autores que cita y con los índices, por llamarlos así, que se mencionan en Pag. 215 y siguientes sobre la persona. Cuento nada menos que 14 indicadores que de un modo u otro aluden a la intensidad o profundidad en las posibles relaciones interpersonales. Con todo, el lector echa de menos enseguida, y con la sorpresa mencionada al
inicio de este artículo., que no se menciona siquiera la libertad en sentido positivo, la capacidad de crear ex nihilo el bien y el mal de nuestras acciones. Como decía Hartmann, el ser humano es nada menos que ein Schöpfer im kleinen. Esa es la mayor grandeza y la más alta dignidad del hombre. Ese es el regalo supremo que la persona recibe de Dios, para darle la oportunidad de ganar el cielo con su propia decisión libre.
La libertad positiva no es un valor, sino el ente finito que tiene delante la escala de los valores y la misión de alcanzarlos. Eso es el estado de prueba y la esencia de la persona. El personalismo queda desprovisto de su contenido más decisivo y substancial, si no se pone el acento desde el principio en el concepto de libertad en sentido positivo, que hace del ser humano nada menos que el dueño de su destino eterno.
Por lo demás, el estimable libro de Alonso-Carro no puede sino ejercer un influjo muy positivo y altamente laudable en la degenerada sociedad mafiosa que nos ha tocado en suerte vivir a los españoles al expirar el primer cuarto de siglo XXI. Se está cerrando incluso la puerta, gracias a la cual disfrutamos durante cuarenta años de una paz forzosa pero efectiva. Y empieza otra vez a entreabrirse la puerta de la discordia..... y quien sabe si de una nueva Guerra Civil. Progresan, si acaso, las personas singulares, pero la sociedad humana como tal no puede progresar. No tiene destino eterno.