He descubierto a un tiktoker que me ha parecido magnífico. Es un tipo guapo —aunque le faltan un par de potajes—, con buen porte y que, por encima de todo, le pone muchas ganas a lo que hace. Acaba de empezar, por lo que, sin dudas, aún no puede vivir de esto. Pero me encantaría que algún día lo lograse; por eso hablo de él, para poner mi humilde granito de arena para que eso acabe pasando. Porque esto es lo que deseamos de todo aquel que tiene talento para algo; que no lo malgaste, que no desperdicie su tiempo —tan valioso— en un puesto que odia o, como es el caso que nos ocupa, para el que no sirve. En su trabajo diario saca lo peor de sí mismo; no parece tener ideas propias y únicamente se deja llevar por la corriente para mantenerse ahí. Porque, claro, al final, el pobre, tiene que comer, y —al menos por el momento—lo del TikTok no da para tanto. Y más aún si uno tiene sus caprichillos, como ir a festivales de música en su jet privado.
Por eso mi mayor ambición desde que lo sigo es que renuncie a su trabajo y se centre en alegrarnos la vida con sus recomendaciones de artistas y discos maravillosos. Por ejemplo, esa cantante nacida en Marruecos y criada en España, Restinga, de cuyo primer disco estuvo hablando hace un par de semanas. Puse el Spotify para echarle una oreja y me pareció una artista interesantísima, con un sonido actual y muy fresco. Todo un discazo, vamos. Aquí hizo el tipo alarde de originalidad, de su capacidad innata para olfatear el talento. En su último vídeo, en cambio, cayó en el lugar común de recomendarnos lo último de Rosalía. Pero tuvo el buen gusto de seleccionar “Magnolias”, uno de los mejores temas del disco y, además, así como quien no quiere la cosa, pudimos ver a su lado, sobre el sofá donde acomodaba su esbelta figura, un ejemplar de Anatomía de un instante, de Javier Cercas. Recomendación indirecta, de regalo. Qué tío, qué buen gusto, qué recomendador más estupendo… Y es que se nota que es lo suyo; aparte de que se le da muy requetebién, le apasiona de verdad lo que hace. Él habla, recomienda y se nota que nada es fingido como en su trabajo, donde encadena mentira tras mentira. Aquí no. Cuando sonríe no lo hace su máscara, sino su yo más profundo, aquel joven al que se le iluminaban los ojos en un piso de estudiantes, entre cortinajes de humo, cuando escuchó por vez primera a Los Planetas.
Y es que uno debe siempre centrarse, poner todas sus fuerzas, toda la carne en el asador, en aquello que de verdad le apasiona. Uno debe hacerlo si no quiere dejarse la salud en el camino, la de sus allegados y la de aquellos para los que trabaja. Hasta ahí puede llevar la falta de vocación y la necesidad, ciega, avariciosa, egótica, de aferrarse a algo para lo que no sirve. Y nunca es tarde. Lo dijo hace poco, cuando subió a recoger el Grammy Latino a mejor álbum, Paco Amoroso: “Yo empecé a cantar a los 25 años. Así que si quieren empezar a hacer algo, arranquen”.
Y ahora me dirijo a ti, mi tiktoker preferido, mi nuevo prescriptor de cabecera: cuidado, que lo dice el mismísimo Paco Amoroso, al que seguro que has escuchado con tus airpods mientras haces running por los jardines de la Moncloa. Hazle caso: arranca, Pedro, arranca. Te lo agradecerán los amantes de la música. Y los españoles.