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EDITORIAL

La hipocresía de la izquierda con la corrupción del “Gobierno progresista”

martes 25 de noviembre de 2025, 08:53h

La actitud de Rufián ante la avalancha de casos de corrupción del Gobierno, incluida la condena al fiscal, retrata como nadie la hipocresía de la izquierda en España. Cuando el portavoz de ERC sube a la tribuna de oradores, donde se acoda como en la barra de un bar, escupe su ira a la bancada de la derecha y propaga eslóganes sobre la pobreza, la salud, la repugnancia hacia la corrupción y, en especial, sobre los peligros del fascismo que acecha. Rufián, más que un rufián, es un vividor que se aprovecha de las ventajas de su privilegiado escaño para residir en Madrid a cuerpo de rey, para disfrutar de su espléndido sueldo (cuantiosas dietas aparte) a costa de exigir una independencia de Cataluña que, en realidad, no le interesa, pues le devolvería a su pueblo de concejal y se alejaría de su paraíso que no es otro que la capital de España.

Pero lo más hipócrita de Rufián llega cuando analiza el aluvión de corrupción gubernamental. Está aterrado de que antes o después Pedro Sánchez tenga que abandonar la Moncloa, pues, en tal caso, el portavoz de ERC perdería todos sus privilegios con la llegada al poder, según él, del fascismo. Su partido perdería los millones de subvenciones que recibe por apoyar al presidente y el republicano tendrá que trabajar para sobrevivir, algo que a los comunistas como él les incomoda. Pues lo de trabajar es cosa de tontos y/o capitalistas.

De ahí, que se salga por la tangente cada vez que los periodistas le interrogan sobre la corrupción del Gobierno. Dice que ERC sólo dejará caer a Sánchez en caso de confirmarse la financiación irregular del PSOE. Habrá que verlo si, como parece, se demuestra la procedencia fraudulenta de los sobres pringados de chistorras. De momento, deben parecerle irrelevantes los presuntos atracos de Ábalos y Cerdán, los hombres de confianza del presidente en su partido; los mejunjes de su mujer y su hermano o los mil y un casos de basura que embadurnan La Moncloa desde todos los tribunales. Rufián aguanta lo que sea con tal de formar parte activa de ese falso Gobierno progresista; todo con tal de evitar que el PP pueda gobernar, pues sabe que eso supondría su despedida de las divertidas noches de Madrid.

Y así, la izquierda aguanta carros y carretas rebosantes de dinero sucio. Para empezar, Yolanda Díaz está aterrada, pues sabe que el día que se celebren elecciones generales será su última jornada en el banco azul y con suerte tendrá que encaramarse hasta el gallinero del Hemiciclo. Será su despedida del poder, de los viajes de 5 estrellas por el mundo cual diva del comunismo. Supondrá su irrelevancia política, personal y mediática. Y qué decir de Bildu, que ha exprimido a Sánchez como el que más con la liberación de asesinos etarras, los homenajes festivos a los excarcelados y, ahora, con la impune resurrección del terrorismo callejero. La izquierda se traga los sapos de la corrupción con tal de seguir viviendo del cuento sanchista.

Resulta, en fin, una hipócrita y vergonzosa actitud la de esos izquierdistas de salón enmoquetado que se muestran como la esencia de la democracia y que muestran sin pudor su rechazo a la corrupción, (tolerancia cero, dicen de boquilla como Sánchez). Pero a la hora de la verdad prefieren a un presunto corrupto en La Moncloa y a un delincuente en la Fiscalía, mientras les permita disfrutar de las mieles del poder. Si Ábalos, Koldo, Cerdán, García Ortiz y compañía fueran del PP, habrían tomado las calles de toda España con masivas y violentas manifestaciones de rechazo. En realidad, ya preparan las algaradas con la coartada de la condena al fiscal general del Estado. Pero se trata de un mero ensayo para asaltar el palacio de invierno el día que Sánchez les deje huérfanos.

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