Esperanzas en Poznan
sábado 13 de diciembre de 2008, 01:42h
Las expectativas respecto a la eficacia de la Cumbre del Clima celebrada esta semana en la ciudad polaca de Poznan no eran demasiado halagüeñas. En este encuentro los 190 países firmantes de Kioto han preparado las propuestas que deberán discutirse y aprobarse en la reunión que se celebrará en Copenhague a finales del año próximo. Todo ello viene a ser un sustituto del ineficaz Tratado de Kioto, que finalizará en 2012 con un más que evidente fracaso. Además del enorme coste económico que ha supuesto implantar sus tesis –en los países que lo han hecho-, los resultados no han sido los que se esperaban. Paradójicamente, aunque Estados Unidos nunca asumió la puesta en práctica de lo acordado en Kioto, sus emisiones contaminantes se han reducido, mientras que las de Europa han aumentado.
A esto hay que sumarle la reticencia de los países desarrollados, los más contaminantes, en acatar los severos compromisos de reducción de los gases contaminantes mientras países emergentes como China o India no hicieran lo propio. Sin embargo, dos factores están cambiando las perspectivas más pesimistas. Por una parte, la aceptación de China e India de asumir un compromiso de reducir entre un 15% y un 20% de sus emisiones para 2020 obligará a los países desarrollados a aceptar la obligación de reducción neta de sus emisiones respecto al nivel de 1990.
El segundo factor que abre una puerta de esperanza es el anuncio de Barack Obama –aunque no ha estado presente en la Cumbre- de que su política de impulso económico estará apoyada, en parte, en el desarrollo de energías alternativas. Ante ese panorama, no es ingenuo pensar que de la Cumbre de Copenhague pueda salir el año próximo un conjunto de acuerdos que eficaces que realmente puedan contribuir a mitigar el cambio climático. Aunque queda mucho por hacer, parece que por fin se va por buen camino.
Sin embargo, el debate medioambiental y energético no puede quedar en un segundo plano por la crisis financiera del mundo, ya que resulta necesario plantearse seriamente una “revolución del sistema energético” mundial que tenga en cuenta la energía nuclear, o, al menos, admita el planteamiento de un debate libre, riguroso y científico, alejado de supersticiones dogmáticas por muy bien que den en los sondeos. La energía nuclear representa una fuente de energía estable, con la ventaja de no depender del suministro de petróleo o gas de terceros países ni de las condiciones climatológicas. El tema sigue siendo controvertido y, hoy en día, los recelos parecen sobre todo políticos más que medioambientales: resulta revelador que los mayores adalides en la lucha contra el cambio climático se hayan convertido en grandes defensores de la energía nuclear. Los gobiernos europeos deben abandonar su actitud hipócrita y considerar las ventajas derivadas de su utilización. La volatilidad del petróleo y la creciente dependencia energética representan razones suficientes para plantearse seriamente el asunto. Las ventajas económicas, geoestratégicas, medioambientales y tecnológicas convierten el tema en una prioridad por parte de las empresas y autoridades políticas. Podríamos estar desaprovechando un recurso único, al tiempo que nuestros prejuicios nos llevan a correr riesgos mayores negando la posibilidad de su utilización extensa.