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TRIBUNA

La democracia en juego: una reflexión ciudadana

Mercedes Martínez Arranz
viernes 28 de noviembre de 2025, 19:14h

Escuchaba esta mañana en la radio a José María Aznar hablando de su libro (que aún no he leído), que decía que en época de una crisis como la que vivimos hoy en España es necesario apelar a la responsabilidad de la ciudadanía, a que cada uno haga lo que pueda más bien diría yo que cada uno haga más lo que debe a pesar de lo que pueda, y nos recordaba que no nos queda otra, que esperar a las elecciones que presumiblemente serán en 2027, para poder hacer algo con repercusión política. Nos decía el expresidente del Gobierno, que la democracia no es corrupta, sino que los corruptos son algunos políticos que cometen delitos. Y, sí, claro, tiene razón, pero es verdad que la democracia es un ente vivo, que no está muerto, y que no está todo dicho sobre la forma de la democracia, y una de las cosas que podemos hacer cada uno de los ciudadanos es pensar, si toda la culpa de los males que nos acechan, es solo de los delincuentes que se meten a políticos, o si la forma que tiene nuestra democracia es tal que permite precisamente que se dé este hecho, a saber, que sea fácil cometer delitos una vez en el poder y utilizar las arcas del Estado para enriquecerse como hemos visto que han hecho políticos de uno y otro bando.

Desde que surgió la democracia en Grecia allá por el siglo VI a.C, reflexionando desde Platón y Aristóteles, que no la que consideraban la mejor de las formas políticas, continuando por la ilustración inglesa, de un Locke, que defendió el parlamentarismo y el liberalismo político, o los ilustrados franceses como Montesquieu que nos ilustró con la división de poderes, o Volteare que era escéptico con la democracia porque pensaba que unas masas ignorantes tendría poder político, o el francés Alexis de Tocqueville que se enamoró de la democracia en América, y pensaba que la democracia era el mejor de los regímenes políticos, porque favorece el desarrollo y los derechos de un pueblo, pero nos alertó de sus peligros como la tiranía de la mayoría o de una deriva a un despotismo suaveen el caso de Sánchez el suave se queda cortoo de un Julián Marías, al que citaba Aznar, que decía que la democracia no es una solución a todos los problemas de un pueblo, sino un método para la convivencia y que tiene unos enemigos claros como son el populismo y la demagogia, o María Zambrano que aúna el concepto de persona con el de democracia, y nos recuerda que la democracia es una forma de gobierno donde se exige ser persona y no meramente un individuo; o Hanna Arendt que critica las democracias modernas centradas en lo meramente económico, por la falta de acción y de la indiferencia política, defendiendo un pluralismo político, que lleve a todos a la acción deliberativa en un espacio público real. Vemos a través de estos filósofos que no está todo dicho sobre la democracia, pues como el ser, se dice de muchas maneras y analizando la actualidad de la democracia, se me ocurren unas cuántas cosas que no es que hagan a la democracia corrupta, pero sí imperfecta y que esas imperfecciones permiten que se cuelen y mantengan en el poder los corruptos a sus anchas, arrebatándoles a los ciudadanos su soberanía y sus derechos. Así, desde la responsabilidad ciudadana a la que nos alentaba el señor Aznar, creo que el debate sobre las fisuras de nuestro sistema democrático es un deber moral y político en nuestro país.

Así pienso, que hay muchas cosas que mejorar de nuestra democracia, se me ocurren algunas pequeñas reformas de nuestro sistema democrático, que quizás lo reforzarían, porque no podemos dejar de considerar, como decía G.k. Chesterton, que la democracia no consiste en la compasión por el hombre común, la democracia consiste en la reverencia del hombre común, o incluso, si usted lo prefiere, en el temor al hombre común. Y como por cualquier pequeño estudio de antropología básica, sabemos de las cosas de las que somos capaces los seres humanos, que como dice el inglés, somos pecadores y además reincidentes, nuestros sistemas democráticos han de prever y prevenir que pueda llegar al poder un indeseable o que se convierta en indeseable una vez en el poder y no haya manera de echarle o de juzgarle.

Se me ocurren algunos posibles cambios en nuestro sistema democrático que ayudarían a asegurar que la clase política no fuera una casta o una pandilla de piratas, ladrones y mafiosos. Aquí les dejo algunas ideas que van de la más peregrina a la más plausible.

Primera: Los partidos políticos tal y como están constituidos por la ley de partidos, no son la mejor forma de representación del pueblo, pues son pequeños totalitarismos, que rinden pleitesía al presidente de un partido, el cual elige al resto de su séquito sabiendo que le van a seguir en todo, se constituyen con listas cerradas, listas de las que se puede

salir súbitamente, si no se obedece la disciplina de voto. El pueblo no tiene nada que decir en la elaboración de esas listas, eso no es democrático, eso es mejorable. Así que sugiero o que se cambie la ley de partidos, o, que se eliminen los partidos, y constituir el hemiciclo, no por los diferentes diputados de tal o cual partido sino, por ejemplo, por ministerios, gremios o algo parecido, que podrían presentar sus proyectos y ser votados por el conjunto de los ciudadanos y más hoy con la IA. Sería algo difícil, pero no imposible.

Segunda: podemos constatar cada día que la mayoría de nuestros representantes, unos más que otros, no tienen un nivel académico, profesional y moral elevado, acorde a la responsabilidad del puesto que ocupan, habría pues que controlar la forma de acceso a la política de alguna manera, impidiendo que lleguen a ejercer cargos importantes gente sin ninguna preparación, delincuentes, violadores, acosadores, drogadictos, psicópatas, proxenetas, puteros, etc. Al Igual que para ciertos cargos del funcionariado se exige no haber cometido delitos sexuales, o de otro tipo, tendría que haber unos mínimos para llegar a gobernar a los demás, no tener antecedentes de ningún tipo de delito (se haya o no cumplido la pena), pues se da el caso de políticos incompetentes que han mentido y engordado sus currículums, gente que no ha trabajado nunca, o se da el caso de que han ocupado y ocupan cargos asesinos, ladrones, drogadictos, acosadores, maltratadores, proxenetas o amigos de proxenetas y psicópatas. Asimismo, tendría que haber una manera de probar, que se tienen las capacidades psíquicas para ostentar un cargo con el que se va a gobernar la vida de todo un pueblo, para evitar las megalomanías que por ejemplo llevaron a Hitler (y a otros) al poder desde la democracia.

Cuarta: igual que a todos los ciudadanos se nos exige pagar nuestros impuestos y colaborar al bien común en lo material, de igual modo para ser político, se debería poder demostrar, que además de que se posee de una serie de capacidades académicas básicas, igualmente a que se poseen unas competencias para el cargo, de la misma manera se tendría que demostrar, que se ha hecho algo por el país, que se ha cotizado un número mínimo de años( de cinco a diez), en definitiva que se ha trabajado en algo antes de llegar a la política, y que se tiene una profesión a la que volver y no se pueda hacer de la política una poltrona, una guarida o un nicho.

Quinta: a nadie se le escapa que el poder engancha; debería limitarse como en la mayoría de los países de las democracias modernas la ostentación del poder a un número de años, que no se pueda presentar una misma persona más de dos legislaturas. El Dr. Sánchez, el supuesto usurpador de primarias, va ya a por la tercera, y esto no es solo culpa del Dr. Sánchez, sino de la posibilidad que le brinda esta fisura en el sistema democrático español.

Sexta: el sufragio universal es uno de los pilares de la democracia, pero nuestro sistema electoral merma este derecho de sufragio, pues el voto de una persona vale más que el de otra, dependiendo desde qué Comunidad Autónoma se esté votado. No me parece difícil suplantar esta ley inspirada en el belga D´Hont, por otra, que asegurase que el voto de una persona corresponda a un voto real, además de que se controlen de una manera más segura el recuento de votos, en la que no sea posible el fraude electoral. El voto con firma digital sería todo un logro y me parece más difícil de cometer fraude, además de más ecológico y barato.

Séptima: la base de nuestra democracia es que todos somos iguales ante la ley, pero el aforamiento de los diputados permite que algunos cargos políticos e institucionales que sean imputados no sean juzgados con la misma celeridad y, por los mismos tribunales que cualquier otro ciudadano. Esto no debería ser así pues crea una desigualdad ante la ley manifiesta.

Octava: el sueldo medio de un ciudadano normal en España no llega a los dos mil euros. Habría que revisar el sueldo elevado de algunos políticos, así como suprimir el sueldo vitalicio para los presidentes de Gobierno, de tal manera, que una vez dejen el cargo, vuelvan a su vida normal como cualquier ciudadano.

Estas son algunas de las cosas que, si se cambiaran, ayudarían a mejorar nuestra democracia, quizás sean asuntos difíciles de tratar, pero todas estas fisuras demuestran que no es solo a la responsabilidad de la ciudadanía a la que hay que apelar en época de crisis, no solo hay que apelar a que los ciudadanos hagan lo que puedan, sino que hay que mirar hacia dentro de nuestro sistema democrático para ver por dónde hace aguas. En la democracia griega, que estaba fundamentada en la esclavitud, y, por lo tanto, no era perfecta, cometieron muchos errores, pero los gobernantes al menos intelectualmente, parecía, que estaban preparados para el cargo, y , aun así, condenaron a muerte al hombre más sabio y justo de Atenas, a Sócrates. Muchas cosas han llovido hasta entonces en el transcurso y avance de la democracia, pero todas estas imperfecciones que he señalado podrían corregirse, y, desde luego mejorarían sin duda nuestro sistema democrático, y, por ende, la vida de las personas que constituyen el cuerpo de la democracia.

La división de poderes es la base de nuestras democracias modernas, y criticar sus actuaciones es atacar la democracia sin duda, pero ese no es su punto más débil, porque hemos visto, que, pese a las opiniones de algunos, funciona el Imperio de la Ley, y, el Tribunal Supremo ha juzgado y condenado a ricos y a pobres, a nobles y plebeyos, a azules y a rojos, y ahora a un fiscal del Estado. El Tribunal sigue juzgando, y los ataques a su ejercicio, son posibles por esas grietas de nuestro sistema, que permiten atacar los pilares de nuestra democracia. Grietas estas que como he señalado, podrían solucionarse con unas cuantas propuestas de ley, ya fuese que, por la iniciativa parlamentaria o popular, llegaran a plantearse ante el Congreso.

Le respondo al señor Aznar que como ve , la ciudadanía, lo que puede o debe hacer para cambiar las cosas, no es sólo ejercer el derecho al voto, o hacer lo que puede que para la mayoría es trabajar y cuidar de su familia, sino que para cambiar el gobierno corrupto de un país, para evitar que no pueda ser ocupado el gobierno por un tirano que quiera perpetuarse en el poder, poniendo la democracia al servicio de su ego, es necesario, cementar las fisuras de nuestro sistema democrático, con medidas democráticas cada vez más al servicio del pueblo, y advertir a los que quieran llevar al timón, que sepan que es una capitanía de servicio y no de ostentación, lujo y desenfreno. Por eso desde esta propuesta de esta ciudadana, les pido, a quien le corresponda, que revisen estas grietas y, mientras, los ciudadanos de a pie, seguiremos cumpliendo con nuestro deber.

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