Bajo este lema, León XIV comenzó el pasado jueves su primer Viaje Apostólico que lo ha llevado primero a Turquía con escala en Iznik, antigua Nicea, para conmemorar el 1700 aniversario del Primer Concilio que se celebró en esa ciudad, para desde este domingo y hasta el próximo al 2 de diciembre, visitar El Líbano.
Son dos etapas que el Papa ha heredado de FRANCISCO, que no pudo cumplir al fallecer el pasado 21 de abril, y que seguro nos van a servir para conocer, probablemente, los ejes de lo que serán muchos aspectos de su pontificado.
Ya hemos visto y oído como León XIV ante el Presidente turco Erdogan ha hablado de las graves crisis que nos azotan y de la necesidad de un diálogo para encontrar la paz. No podemos olvidar como el primer mandatario turco felicitó a Robert Prevost, nada más ser elegido, con unas palabras en las aseguraba entonces: ”Tengo la sincera convicción de que usted contribuirá de forma significativa a poner fin a las tragedias humanas, especialmente en Gaza, y a reforzar la tolerancia en el ámbito internacional. Confío plenamente en que podamos continuar con usted el diálogo sincero y constructivo que establecimos con el papa Francisco".
Pero personalmente, creo que el eje central de la etapa de Turquía ha sido la visita a Nicea, que hoy lleva el nombre de Iznik, y que hace mil setecientos años, como decíamos al inicio, acogió aquel primer concilio que puso coto al arrianismo y estableció el dogma de la Santísima Trinidad, y en donde el Papa se ha preguntado cómo es que, en una época dramática en muchos aspectos, ¿quién es Jesucristo en la vida de las mujeres y los hombres de hoy, quién es para cada uno de nosotros?”.
Repetimos que esta escala de Nicea es fruto de la promesa que hizo en su día el Papa FRANCISCO al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, pues quiso que ambos conmemoraran juntos el aniversario del Concilio que, recordamos, formuló el Credo que todos rezamos hoy en la Misa. Y allí, en Nicea, ante los líderes religiosos de varios ritos, León XIV ha manifestado que “todos estamos invitados a superar el escándalo de las divisiones que, lamentablemente, aún existen y a alimentar el deseo de unidad, porque cuanto más reconciliados estemos, tanto más podremos los cristianos dar testimonio creíble del Evangelio de Jesucristo que es anuncio de esperanza para todo, mensaje de paz y fraternidad universal”. Pero aún más, el Papa nos ha dicho a todos desde Nicea que “el uso de la religión para justificar la guerra y la violencia, como cualquier forma de fundamentalismo y fanatismo, debe ser rechazado con firmeza, mientras que los caminos a seguir son los del encuentro fraternal, el diálogo y la colaboración”.
Podemos decir, que este etapa de Turquía ha sido un gran éxito personal de Robert Prevost, y que nos ha hecho recordar aquella peregrinación de san Juan Pablo II a ese país en noviembre de 1979. Un viaje muy complicado entonces pues las autoridades turcas detuvieron a Alí Agca, al que ya debería rondar por su cabeza el atentado que el 13 de mayo de 1981 cometió contra el Papa en la Plaza de San Pedro con, seguramente, una conexión internacional, auspiciada por algún servicio secreto de la órbita comunista.
Un viaje, repetimos, calificado de “éxito”, pues una de las cuestiones del mismo ha sido el diálogo con el Islam con, por ejemplo, la visita de un Papa a una Mezquita, que se ha producido este sábado en la del Sultán Ahmet y con el fondo del lema de la peregrinación papal: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”, es decir nueva llamada a la unidad, con la visita a El Líbano como remate de ese viaje heredado de FRANCISCO.