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Ensayo

Juan Pascual Gay y Francisco Estévez: Alfonso Reyes y el novecentismo

domingo 30 de noviembre de 2025, 23:28h
Juan Pascual Gay y Francisco Estévez: Alfonso Reyes y el novecentismo

Renacimiento. Sevilla, 2024, 245 páginas. 22,90 €.

Por Conrado J. Arranz Mínguez

A nosotros, que navegamos entre nostalgias, crisis culturales y disputas identitarias, ¿qué nos dice hoy Alfonso Reyes sobre el arte de mirar el mundo desde la inteligencia y la cortesía? La pregunta se vuelve inevitable al recorrer el ensayo Alfonso Reyes y el novecentismo Apuntes sobre Azorín, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán y Mariano de Cavia, de Juan Pascual Gay y Francisco Estévez, un estudio que regresa a los años madrileños del regiomontano para mostrar cómo, en medio de un tiempo convulso, Reyes supo encontrar espejos, afinidades y tensiones que aún resuenan en nuestra propia incertidumbre contemporánea.

2024 fue, paradójicamente, un año completo de Reyes: se reeditó su biografía indispensable; nuevas investigaciones iluminaron rincones poco transitados de su obra; y una biblioteca digital puso al alcance de cualquiera los veintiséis tomos de sus Obras completas. El coro de homenajes y revisiones es consumado por la monografía de Pascual Gay y Estévez: antes que un catálogo de influencias resulta una penetrante indagación en la vida intelectual que Reyes compartió con el grupo de escritores españoles situados bajo la etiqueta de “novecentistas”.

El libro arranca en el Madrid de la efervescente década de 1914 a 1924 que fue para Reyes más que un escenario, un espejo, un laboratorio, una escuela. Resaltan sus autores, la manera de reconciliar el rigor con el gusto, la erudición con la alegría, la disciplina con la curiosidad casi infantil de Reyes. Repasan también la oscilación del mexicano entre la crítica literaria, la reseña cinematográfica y la reflexión estética con una naturalidad que desconcierta todavía a quienes insisten en compartimentar disciplinas. A su vez, recuerdan que en Reyes “el impulso crítico no se disocia del creativo”, y quizá esa sea una de las claves para leerlo hoy: su escritura piensa mientras inventa, y viceversa.

Desde ese Madrid vibrante, la investigación se adentra en el territorio movedizo del novecentismo, una categoría que los propios autores reconocen insuficiente. Agrupa a Ortega y Gasset, Azorín, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez… pero también deja fuera, o incluye con reservas a algunos otros. Más que una escuela, en efecto, funciona como un clima: una voluntad de depurar el sentimentalismo, de regresar al clasicismo por la vía de la inteligencia, de dotar a la forma de una dignidad casi moral. Pero lo decisivo es otra cosa: lo que esos autores significaron para Reyes; o, mejor dicho, lo que Reyes vio en ellos.

Así, cada capítulo del presente estudio resulta un pequeño gabinete de curiosidades donde el regiomontano examina a sus interlocutores con una mezcla de afecto, ironía y lucidez. Con Azorín, Reyes descubre un modo de mirar que combina la levedad con la precisión, pero también un desinterés notable -y revelador- por la literatura hispanoamericana. Con Ortega, en cambio, aparece una tensión más compleja: Reyes admira al literato, pero sospecha del filósofo, quizá porque intuye que la filosofía, cuando se vuelve sistema, amenaza con encerrar aquello que la literatura deja respirar.

De Juan Ramón Jiménez aprende el valor del silencio, de la disciplina, de lo que solo puede decirse retirando palabras. En Valle-Inclán, en cambio, reconoce una fe inquebrantable en lo poético, incluso cuando la realidad se fractura en espejos rotos. Y ante Mariano de Cavia, experimenta la extrañeza de quienes parecen esquivar cualquier intento de definición.

Pascual Gay y Estévez identifican en su propuesta varias constantes del pensamiento alfonsino: su pasión por los géneros íntimos -cartas, diarios, autobiografías- que permiten ver al ser humano antes que al personaje; su sospecha hacia la politización de la crítica; su convicción de que los datos solo iluminan cuando se vuelven experiencia. Y, sobre todo, su deseo de que los escritores se lean unos a otros con una mezcla de agudeza y compasión, esa rara pareja de virtudes que Reyes practicó como pocos.

Alfonso Reyes y el novecentismo es, en última instancia, una invitación a leer con mayor profundidad y contexto no solo a Reyes, sino a ese momento de la tradición literaria hispánica en que México y España compartieron dudas, entusiasmos y formas de entender la cultura que hoy, más de un siglo después, siguen siendo nuestras; porque, después de todo, ¿qué otra cosa buscan los libros sino recordarnos que el diálogo -incluso entre épocas- nunca está del todo cerrado?

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