Es una lástima que esta biografía de la sin duda apasionante e inquietante vida de Inge Schönthal concluya justamente con el inicio de su apasionado romance, casi hay que hablar de “amor fou “entre ella y el editor italiano, Gian Giacomo Feltrinelli, porque los siguientes once años de su relación, hasta su ruptura en 1969 fueron de una inusitada agitación.
El lector no se sentirá engañado porque desde la solapa misma del libro se advierte que esta es la “primera vida”, así que confiemos en que el autor, un sólido Marco Meier, esté ya redactando la segunda vida de esta fotógrafa, que en verdad vivió una vida aventurera, gracias a su audacia y ambición, que le llevó a viajar por muchos mundos, buscando la imagen de personajes de la categoría de Ernest Hemingway, Billy Wilder, Pablo Picasso, Greta Garbo, Anna Magnani, Winston Churchill, entre otros.
Interesa esta primera etapa por simbolizar las peculiaridades de una mujer independiente, ávida de descubrir que habia más allá del Alster y de Rothenbaum Chausse de Hamburgo, de las pequeñas calles de su Gotinga natal, y sobre todo más allá de la dura Alemania nazi, en la que crece, y con el trauma de que su padre tuviera que abandonar Alemania por ser judío. De niña, a Inge Schönthal la llaman Ingemaus, «ratoncita». Ella misma fue víctima de esa condición y por ello pronto buscó escapar de su entorno.
Es realmente sorprendente que una chica de apenas veinte años se lanzara a hacer autostop en 1953 para salir de su Gotinga y llegar a Hamburgo donde encontró las primeras oportunidades profesionales al lado de una fotógrafa ya experimentada como Rosemarie Pierer que la orientó con criterio en el uso de los objetivos y las lentes de su Rolleiflex, a enfocar bien los paisajes o los gestos de las personas.
Uno de sus primeros proyectos, ya en un primer viaje a Estados Unidos, fue retratar a los grandes fotógrafos de entonces, auténticos ídolos de la estética mundial, como Richard Avedon, Erwin Blumenfeld, Cecil Beaton y John Rawlings. En Nueva York se reencuentra con su padre, al que no veía desde hacia muchos años, en una cita que le deja un sabor amargo, por la indiferencia que percibe.
Su ambición y audacia le llevó a invadir la intimidad de Hemingway en su Finca La Vigia, captando el sopor que la excesiva ingesta de alcohol ya fuera ron o whisky, causaba al Premio Nobel. El episodio de su viaje a Cayo Hueso para tomar un avión que por 20 $ le llevara a Cuba es estremecedor por la osadía de una joven que se buscaba la vida alojándose en humildes hoteles, sufriendo el acoso de hombres que confundían su audacia con otras libertades.
Frecuentó Floridita y aprendió cómo se prepara el daiquiri doble- ron, lima, hielo picado, jarabe de azúcar de caña-, y consiguió fotografiar con el más grande pez espada, al pescador Gregorio Fuentes, en el que se inspiró Ernest Hemingway para escribir El viejo y el mar.
Es también muy interesante su reto de fotografiar al gran Pablo Picasso, al que consiguió retratar en La Califiornie, su mansión en Vallauris en la Costa Azul, con la complicidad de su esposa Jacqueline. Por su vida pasaron los grandes editores alemanes de la posguerra, auténticos titanes de la edición, como Ledig-Rohwolt y Axel Springer, creadores de diarios como Die Welt, Bild Zeitung, y revistas como Constanze, Kristal, Bunte y Neue Ilustrierte, que causaron furor en los años cincuenta y sesenta.
Una prolongada y desigual relación con un personaje como el periodista norteamericano Melvin J. Lasky la sume en una difícil situación de dependencia, de la que logra salir gracias al encuentro fortuito en una cena en Hamburgo con el editor italiano Gian Giacomo Feltrinelli, -narrado en la página 271- al que conoce a sus veintiocho años y que acaba de conseguir los derechos para la publicación de la obra El doctor. Zhivago, del que era autor el escritor ruso Boris Pasternak, al que la tiranía comunista obligará a renunciar al Premio Nobel y a Feltrinelli a romper su carné del Partido Comunista Italiano, al que pertenecía.
Poco después de su éxito como editor, Feltrinelli publicará otra obra tan relevante de la literatura de los años cincuenta como El gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que con su maestría y clase Luchino Visconti llevará al cine años después.
Con Feltrinelli, que era heredero de una de las más ricas familias de Italia, Inge fraguará una pareja en verdad “incendiaria” pues él está dispuesto a que cada libro sea una bomba que acabe con el sistema capitalista. Como dice la promoción del libro, “ambos compartirán una editorial, que será un refugio intelectual, un hogar, un hijo y una revolución”. Inge falleció en el año 2018, en Milán, después de haber complacido a Marco Meier dejándose grabar durante meses recordando su azarosa vida, que el autor ha reconstruido con fidelidad, ofreciendo al lector una narración ágil y amena. Principio del formularioFinal del formulario