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EDITORIAL

Pedro Sánchez irrita a Puigdemont y desprecia a la banda del Peugeot que le llevó a Moncloa

EL IMPARCIAL
miércoles 03 de diciembre de 2025, 08:31h

Mucho ha tardado Pedro Sánchez en hablar después del encarcelamiento de José Luis Ábalos. Se había escabullido de la prensa para no tener que dar la cara por la entrada en Soto del Real de sus tres acompañantes de la banda del Peugeot, el punto de partida de su viaje al poder; allí donde todo empezó: el asalto a las primarias con dinero pringado, la moción de censura que le llevó a La Moncloa a lomos de la corrupción y el estallido de la propia corrupción de su familia y su Gobierno; o lo que es lo mismo, la suya.

Pero el bloqueo parlamentario de Junts le ha obligado a salir de su encierro palaciego para concertar entrevistas en los medios catalanes e implorar a Puigdemont que no le abandone en mitad de la carretera. Con cara compungida, la que gasta últimamente, ha reconocido el retraso en cumplir con sus promesas, pero le ha prometido al golpista que le va a dar lo que le debe y con intereses, le ha recordado que la amnistía ya está a punto y, sin pudor alguno, se ha puesto de rodillas ante el prófugo en busca de recuperar los 7 escaños que tanto necesita para asomarse al Hemiciclo.

Pero le ha salido el tiro por la culata. Después del humillante espectáculo de las entrevistas, Sánchez ha irritado aún más a Puigdemont que ya ha anunciado que mantiene el bloqueo sine die. Pero ha irritado también a esos compañeros de viaje que duermen en la cárcel por atiborrarse de chistorras, pero también por llevarle en volandas hasta La Moncloa después de ejecutar un pucherazo de manual en las primarias y después del trajín de billetes sucios para pagar la gasolina del Peugeot. Pues así llegó Pedro Sánchez al poder: del brazo de José Luis Ábalos y Santos Cerdán con Koldo García al volante; el chico para todo; sobre todo para comprar voluntades con dinero público y quedarse o repartir generosas comisiones entre sus colegas con el negocio de las licitaciones de obras públicas.

Pero resulta que, ahora que andan entre rejas, uno es “un gran desconocido” para el presidente y sus relaciones pasadas con el chófer, “meramente anecdóticas”. Olvida que Ábalos negoció la moción de censura con sus ahora socios y luego se subió a la tribuna de oradores a defender las bondades políticas y éticas de Pedro Sánchez frente a la indecencia de Mariano Rajoy, el líder de un partido corrupto, no como el PSOE, según el entonces mano derecha y hombre de confianza de Pedro Sánchez, el que luego fue ministro plenipotenciario y secretario de Organización del partido y ahora repudia y dice desconocer “personalmente”.

Así se las gasta el presidente del Gobierno. Pasa de los abrazos a la cuchillada trapera de un día para otro, según le convenga. Pero, por lo que parece, a Puigdemont ahora le conviene alejarse del presidente por prometer lo que no podía cumplir, como la chapucera ley de amnistía que sigue atascada. Mientras Ábalos y Koldo rumian su venganza entre rejas. La verdad es que Sánchez está mejor calladito. A este paso, no va a reconocer ni a Begoña Gómez.

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