Pedro Sánchez se zafa sin pudor de los supuestos casos de corrupción de Cerdán, Ábalos y Koldo, a punto de ser condenados. Como si él no fuera el presidente de un Gobierno que, presuntamente claro, se ha lucrado con las comisiones en la compra de mascarillas y con las mordidas en las licitaciones de obras públicas. Pero no podrá eludir judicialmente ni las posibles implicaciones en los tejemanejes de su mujer y su hermano y, menos aún, la supuesta financiación irregular del PSOE. En ambos casos, la Justicia se lo llevaría por delante hasta sentarle en el banquillo de los acusados y, muy probablemente, condenarlo por su culpabilidad directa. Y ese día se acerca.
El juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, acaba de reclamar al PSOE que proporcione los datos sobre los pagos efectuados “a todas las personas, cargos, trabajadores, simpatizantes o voluntarios” que, entre los años 2017 y 2024 cobraron alguna cantidad en efectivo, desde el partido”. Y en esa lista se encuentra Pedro Sánchez que, a pesar de su recurrente amnesia, reconoció en octubre en la Comisión del Senado que pudo recibir pagos en efectivo “en alguna ocasión”. Como es natural en él, lo justificó e insistió que era una práctica legal y habitual. Pero el Supremo y la Audiencia no se fían y siguen cual sabuesos el rastro del dinero, de esos billetes que saltaban de mano en mano como liebres por los pasillos de Ferraz. Y entre esas manos, están las del presidente del Gobierno.
El PSOE se resiste a facilitar a la Justicia ese misterioso listado de cargos que se lo llevaban crudo en Ferraz. Y esa negativa a colaborar con la Justicia resulta más que sospechosa. Pues, la posible condena por financiación ilegal del partido supondría la tumba política del presidente del Gobierno.
La Justicia es lenta. Pero también implacable. Y la huída hacia delante de Pedro Sánchez terminará antes o después. Aunque cercado y hasta atormentado, ha sorteado de momento sus responsabilidades en la avalancha de casos de corrupción que atañen al Gobierno. Pero tendrá que abandonar La Moncloa si la Justicia sentencia que el PSOE se ha financiado irregularmente, con saunas o sin ellas, y que Pedro Sánchez ha cobrado “en negro” en Ferraz.
El presidente llegó al poder al ganar una moción de censura contra Rajoy por la corrupción del PP y puede abandonarlo por el mismo motivo: la corrupción. Pero la del PSOE. La que se urdió en el Peugeot mientras sus 4 ocupantes, 3 en la cárcel, viajaban por España recaudando a manos llenas. Ya sólo falta uno. El 1.