La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América (noviembre de 2025) dedica uno de sus diagnósticos más duros a Europa, a la que describe como una región “estratégicamente vital” pero amenazada por una “pérdida de confianza cultural” y unas políticas que, según el documento, podrían llevar a que el continente resulte “irreconocible en 20 años” si persisten las tendencias actuales.
El texto, presentado por la Administración Trump, identifica una serie de factores que, combinados, pondrían en riesgo la continuidad histórica y política de las naciones europeas. Entre ellos señala “las políticas de inmigración que están transformando el continente”, el descenso demográfico, el auge de organismos transnacionales que “socavan la soberanía”, y la “censura del discurso público y la supresión de la oposición política”, todos ellos fenómenos auspiciados por las élites globalistas a través, entre otros, de medios como el multiculturalismo, como la 'cultura woke'.
La inmigración masiva, un punto central del diagnóstico
La Estrategia sitúa el fenómeno migratorio en el corazón de sus preocupaciones. El documento afirma que “la era de la migración masiva ha terminado” (en EEUU) y que el caso europeo ilustra cómo grandes flujos poblacionales pueden “crear conflictos”, “tensionar la cohesión social” y “alterar la identidad nacional”.
Estados Unidos sostiene que, de continuar estas dinámicas, algunas naciones europeas “podrían convertirse en mayoritariamente no europeas” en las próximas décadas, lo que reconfiguraría tanto su posición global como su papel dentro de la OTAN.
Un continente en declive económico y demográfico
El informe subraya además que Europa ha perdido peso económico —del 25% del PIB mundial en 1990 al 14% actual— y que esta caída se ve agravada por regulaciones que “sofocan la creatividad y la industria”. Pero insiste en que el desafío principal no es económico sino “civilizacional”.
Preocupación por la estabilidad política y la relación con Rusia
El análisis también advierte de que la guerra de Ucrania ha dejado a Europa “dependiente” en ámbitos estratégicos y gobernada, en algunos casos, por “élites que suprimen la voluntad popular”. Según el documento, esa inestabilidad política impide a los europeos afrontar reformas estructurales y recuperar “su antigua grandeza”.
EEUU quiere una Europa “fuerte, soberana y europeizada”
Pese a la dureza del diagnóstico, Washington no plantea un distanciamiento sino un intento de reorientación. La Estrategia afirma que Estados Unidos quiere una Europa “culturalmente confiada”, “más soberana”, “menos dependiente de instituciones supranacionales” y capaz de “asumir la responsabilidad de su propia defensa”.
Entre las prioridades estadounidenses figuran:
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Favorecer la estabilidad interna y un acuerdo rápido para poner fin a la guerra en Ucrania.
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Apoyar a los países centroeuropeos y mediterráneos que muestran “mayor resiliencia cultural y política”.
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Impulsar políticas migratorias más restrictivas.
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Promover mercados más abiertos para los productos estadounidenses.
Una advertencia con implicaciones políticas
La tesis central del documento —el riesgo de que Europa sufra una “erosión civilizacional”— marca un giro notable respecto a estrategias anteriores y alinea la visión estadounidense con el discurso de varios partidos europeos soberanistas y contestatarios frente al globalismo y el movimiento woke.
La advertencia, concluye el informe, no solo responde a un análisis cultural, sino a una preocupación geopolítica: “Una Europa debilitada o transformada dejaría de ser un aliado fiable para Estados Unidos”.
Fin del globalismo, choque con China y regreso a la energía fósil
Más allá de su duro diagnóstico sobre Europa, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos despliega una reorientación global que rompe con tres décadas de políticas exteriores previas. El documento sostiene que el país debe abandonar el intervencionismo y la “obsesión globalista” que, según la Administración, debilitó su soberanía y su base industrial, y sustituirla por un enfoque centrado en fronteras fuertes, economía productiva y reducción del peso de instituciones transnacionales.
Fin de la inmigración masiva como eje de seguridad
La Estrategia declara que “la era de la migración masiva ha terminado” en el país norteamericano y sitúa el control fronterizo como pilar central de la seguridad nacional. Washington afirma que los grandes flujos migratorios han erosionado la cohesión interna de numerosas sociedades occidentales y que Estados Unidos no volverá a aceptar dinámicas que comprometan su demografía o su estabilidad política.
Rearme industrial y energético de Estados Unidos
El documento coloca la reindustrialización en el corazón de su doctrina estratégica. Propone reubicar cadenas de suministro, imponer aranceles selectivos y reconstruir con urgencia la base industrial militar. En el plano energético, instaura una ruptura explícita con los compromisos climáticos: apuesta por petróleo, gas, carbón y energía nuclear como motores de crecimiento y como instrumentos de influencia exterior, rechazando lo que denomina “ideología Net Zero”.
China como competidor sistémico y prioridad del siglo
La Estrategia describe a China como rival económico y tecnológico central. Para contrarrestarla, Washington quiere reorganizar las cadenas globales de suministro, reducir su dependencia industrial y presionar a sus aliados —Europa incluida— para reequilibrar su comercio y limitar la entrada de productos chinos. En paralelo, mantiene como prioridad militar evitar un conflicto por Taiwán mediante una disuasión reforzada y un mayor esfuerzo defensivo por parte de Japón, Corea del Sur, Australia y otros socios de la región Indo-Pacífica.
Nuevo orden en Hispanoamérica
En el hemisferio occidental, Estados Unidos anuncia una restauración explícita de la Doctrina Monroe. La Administración asegura que impedirá la penetración estratégica de potencias externas en Hispanoamérica y que utilizará todos los instrumentos económicos y diplomáticos para repeler la influencia china. También promete actuar contra los cárteles —“incluso con fuerza militar si es necesario”— y reorganizar la política migratoria coordinándose con gobiernos de la región.
Oriente Medio: de protector a mediador
El documento afirma que el peso del Oriente Medio en la política exterior estadounidense ha disminuido tras convertirse EEUU en exportador neto de energía. La región pasa a ser considerada un espacio de inversión y cooperación tecnológica, no un foco permanente de intervención militar. Washington subraya que mantiene intereses fundamentales —como la seguridad de Israel y el control del Estrecho de Ormuz— pero que pretende que los países de la zona asuman nuevas responsabilidades en su propia estabilidad.
África: del modelo de ayuda al de inversión estratégica
La Estrategia también redefine la relación con África, que deja de concebirse como territorio de ayuda al desarrollo para convertirse en espacio de competencia económica con China. Estados Unidos quiere priorizar alianzas con países capaces de ofrecer estabilidad, recursos críticos y apertura a inversiones estadounidenses en energía y minerales esenciales.