www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ensayo

Fernando Castillo: El último vuelo

lunes 15 de diciembre de 2025, 01:12h
Fernando Castillo: El último vuelo

Prólogo de Antonio Muñoz Molina. Renacimiento. Sevilla, 2025. 492 páginas. 24,90 €. Un excelente acercamiento, muy documentado, que transita por dos épocas: la huida de los dirigentes republicanos en la España de 1939 y la de los colaboracionistas nazis en 1945, tras el triunfo de los aliados

Por Emilio Grandío Seoane

Una situación distinta. Singular. Una percepción que nunca se olvida. La acción de huir significa más que nunca una sensación de incertidumbre en el viaje vital de una persona. Es caminar intentando encontrar un sendero, sin tierra firme. Y el abismo… delante. Este libro de Fernando Castillo nos introduce en esta realidad de la huida, de estas sensaciones que se nos han olvidado tras la opulenta cortina y cálida sensación de la Europa del bienestar. Nos habla de aquellos dramáticos años, que como bien indica su prologuista Antonio Muñoz Molina, son esos “grises turbios, de miseria, colaboracionismo, doble juego, delación…” (pág. 9). Nos narra los procesos personales del que siempre es considerado como el “último viaje”, su “último vuelo”.

La obra tiene un extraordinario trabajo previo de documentación, con una nutrida historiografía sobre esta temática que, como se indica en la propia narración, se ha ido incrementando en los últimos años. Aunque hay numerosas afirmaciones incluidas en la obra que solo determinada memoria puede atestiguar, el propio autor las desmiente en ocasiones.

Esas huidas, casi siempre realizadas sin equipaje, o con el menor posible. Solos. Solas. Porque los que escapan se plantean su salida de manera individualizada, generalmente preocupados por su propia supervivencia, incluso visualizando los conflictos que surgen de esos momentos cruciales. Esos instantes delante de la duda más radical a la que se enfrentan. Escapando de una más que previsible muerte tras sufrimiento. Con la motivación última de la supervivencia personal como único objetivo, pero que quien narra -y quien lee- lo observa como un conjunto. ¿O no se puede entender como un enorme colectivo el comunicado del cónsul de España en Argel del 30 de marzo de 1939 de ese ‘enjambre de más de 200!!! aviones de todo tipo procedente de campos murcianos? Una ‘desbandada’, esta vez por aire.

Formalmente la obra se articula a través de una estructura de cruce de caminos, señalando como objeto histórico la propia ‘huida’. Sin embargo, el contraste entre los últimos momentos de los dirigentes republicanos en territorio español en su salida de España en 1939 y, por ejemplo, la imagen de centenares de ‘vencidos’, de colaboradores con los nazis, entrando en Friburgo como último recurso, con un “aspecto físico que rechaza”, me resulta un poco desajustada. La inclusión al final de un recorrido cronológico de muchos de los personajes de estas ‘huidas’ revela bien a las claras que no está totalmente conseguida esta unidad de objeto, ante la nutrida representación de personajes ‘colaboracionistas’.

Es cierto, y creo que en esto se encontraba uno de los objetivos del autor, que entre 1939 y 1945 las estructuras de la clandestinidad son usadas para unos y otros fines: buen ejemplo es las ratlines, rutas que fueron utilizadas en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial para escapar de la persecución del fascismo. Si. Esas continuidades existen, pero no en las motivaciones de los personajes retratados, bien dispares y enfrentadas en estos años. Porque la huida no es sólo el momento en que se observa el terreno desde la cabina cuando se eleva el avión, sino, y, sobre todo, mirar a la cara a los que se quedan. Comunicarse visualmente en esa última mirada. En esto Castillo deja bien claro donde se encuentra la honestidad de unos y otros. Llegaría poner el foco en ese momento único para darnos más explicaciones de los personajes que leemos que las profusas descripciones del libro.

Porque el mundo hacia el que van es ese “gris turbio de miseria” repleto de personajes vinculados a los servicios de información, redes en donde los agentes dobles son norma y no excepción, como se prueba en todas las descripciones. Con personajes que en ocasiones se nos revelan como ‘fantasmas’, que insisten en aparecer en la narración cuando uno menos se espera, y desaparecen de los escenarios como si no pasaran por allí.

Ese Madrid que se revela tan ‘útil’ en estos años de posguerra para realizar el trabajo sucio a las potencias occidentales, en donde se observa la continuidad de los vuelos de la compañía aérea alemana ‘Lufthansa’ de manera normal tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Esa España de la dictadura que incluso se defiende frente a las reclamaciones constantes de los vencedores del conflicto para que entregue a los perdedores que se encuentren en su territorio justificando algo así como un nuevo concepto de ‘ciudadanía’ en autocracía, indicando en respuestas oficiales que estos se encontraban cómodos en la nueva sociedad, la española, a la que llegaban.

La entrega de Pierre Laval a Francia fue una excepción obligada, no la norma. Esta actitud colaboracionista llena de intereses particulares, pero al mismo tiempo tan necesaria en la nueva Europa occidental para llevar adelante procesos de desnazificación complicados. Esa actitud era la que se planteó Mussolini al ponderar España como uno de los lugares a donde escapar entre 1944 y 1945.

Como bien indica el autor “el gobierno de Franco mantuvo su apoyo a los fascistas huidos de toda Europa de manera tan discreta como evidente” (pág. 368). Así eran aquellas acciones de la dictadura: discretas, pero también evidentes.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(2)

+
0 comentarios