En 2009, Robert Lacey publicó su célebre libro «Inside The Kingdon. Kings, Clarics, Modernists, Terrorists and the Struggle for Saudi Arabia». En sus primeras páginas afirmaba que«en teoría, Arabia Saudí no debería existir. Su supervivencia desafía las leyes de la lógica y la historia. Miren sus principescos gobernantes vestidos con graciosos ropajes, que creen en Dios antes que en el hombre y gobiernan su país rico en petróleo a partir de principios que la mayor parte del mundo ha abandonado para bien». Más de quince años después de la publicación, aquel país está dejando de existir. La Visión 2030 —el marco estratégico de desarrollo y reforma de Arabia Saudí para transformar la economía, el Estado y la sociedad con horizonte 2030— ha dado a la inteligencia artificial (IA) el papel de factor transversal de la transformación económica, administrativa y social del Reino. Anunciada públicamente por el príncipe heredero Mohammed bin Salman en 2016, goza del máximo apoyo político desde la presidencia del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo que ostenta el propio príncipe. Ha sido él quien ha priorizado sectores, desbloqueado decisiones transversales y alineado a los ministerios y entidades en torno a objetivos medibles.
La estrategia tecnológica de Arabia Saudí puede interpretarse como un giro desde la digitalización instrumental — que consistiría en la modernización de servicios— hacia una política industrial de construcción de capacidades nacionales en infraestructura, datos, talento y marcos regulatorios a fin de desarrollar IA a gran escala. Este enfoque se inscribe en la diversificación económica que la Visión 2030 ha impulsado para posicionar al Reino como plataforma regional de servicios avanzados (nube, centros de datos, modelos de lenguaje y aplicaciones verticales).
Un ejemplo interesante de esta transición es el lanzamiento de la empresa Humain en mayo de 2025 con los auspicios del Fondo Público de Inversión (PIF por sus siglas en inglés), con el mandato explícito: desarrollar todo el«stack» de IA desde centros de datos y nube hasta modelos y aplicaciones. En su presentación corporativa, HUMAIN se describe como un vehículo para construir infraestructura y capacidades endógenas y, de forma significativa, para «operar» la IA como industria. La ambición del plan se comprende mejor a la luz de los acuerdos en materia de hardware y capacidad de cómputo. En un comunicado de Nvidia sobre la construcción de fábricas de IA en Arabia Saudí, se menciona una hoja de ruta de hasta 500 MW de capacidad y el despliegue inicial de un clúster de IA construido con la plataforma NVIDIA GB300 y que arrancará con 18.000 “piezas de cómputo” GB300 conectadas entre sí con InfiniBand, una red de interconexión de muy baja latencia y altísimo ancho de banda. En la práctica, se trata de una macrogranja de inteligencia artificial. Según información de Reuters los primeros centros de datos de HUMAIN en Riad y Dammam que se proyectan prevén iniciar sus operaciones en 2026 gracias al suministro de semiconductores de empresas estadounidenses y un acuerdo con AMD anunciado en el orden de 10.000 millones de dólares.
En términos políticos y económicos, se trata de transformar una ventaja comparativa tradicional —energía, capital soberano y capacidad de decisión centralizada— en una ventaja competitiva emergente: la abundancia de capacidades de computación y los servicios asociados a ella.
La apuesta saudí por los centros de datos se alinea con la creciente demanda de electricidad y de inversión en infraestructura crítica que la IA requiere. En el informe «The AI Power Surge. Growth Scenarios for GenAI Datacenters Through 2030», el Center for Strategic and International Studies (CSIS) estimó, para escenarios de crecimiento agresivo de la IA generativa que la inversión acumulada de capital en centros de datos y computación podría alcanzar 2,35 billones de dólares — que son 2.350.000 millones de dólares— hacia 2030, en un contexto en el que la disponibilidad energética se perfila como restricción determinante. Por su parte, en abril de este año, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) proyectó en su informe «Energy and AI» que el consumo eléctrico de los centros de datos a nivel global crecerá más del doble hacia 2030 (alrededor de 945 TWh), con la IA como uno de los principales causantes del incremento.
Así, la relevancia de la IA para Arabia Saudí es doble. Por una parte, el Reino busca convertir la combinación de energía, territorio y capital en una propuesta de valor para atraer cargas de trabajo intensivas en computación. Por otra, esta estrategia es también una política de posicionamiento: alojar infraestructura crítica de IA puede generar efectos de aglomeración de capital y talento —proveedores, formación, servicios especializados— y, con ello, rentas tecnológicas más allá del ciclo del petróleo.
No obstante, es preciso acometer reformas además de la construcción de infraestructuras. La escalabilidad de la IA depende de marcos de gobernanza —datos, privacidad, rendición de cuentas, seguridad— capaces de sostener legitimidad y cooperación internacional. En la actualidad, el marco regulatorio saudí está fragmentado. El desafío consiste en diseñar principios y medidas concretas para una gobernanza sólida a futuro en un contexto de rápida difusión de sistemas generativos y tensiones geopolíticas. En el caso saudí, este proceso de reformas viene gestionado por una agencia específica: la Autoridad Saudí de Datos e Inteligencia Artificial (Saudi Data and Artificial Intelligence Authority- SDAIA), organismo encargado de lograr las metas de la IA dentro de la Visión 2030 y promover alianzas público-privadas.
Así, la estrategia saudí de IA combina políticas públicas de dirección estratégica centralizada, movilización de capital soberano y colaboración con proveedores tecnológicos globales.
Resulta claro que Arabia Saudí ha hecho avances significativos en transformación digital e inversión en sectores como telecomunicaciones avanzadas, espacio e IA, pero sigue manteniendo una alta dependencia de tecnología y experiencia extranjeras. Además, el crecimiento de servicios digitales y de infraestructura crítica hace vulnerable al Reino a ciberataques y obliga a invertir en resiliencia, coordinación institucional y capacidades nacionales. Así, a medida que Arabia Saudí gana capacidad de computación, más relevante se vuelve el control de la cadena de suministro, la seguridad y la gobernanza de datos.
En suma, Arabia Saudí está intentando convertir la IA en un instrumento de transformación estructural que busca controlar los recursos que hacen posible la IA contemporánea (energía, centros de datos, nube, modelos, gobernanza). El Reino cuenta con claras ventajas —capacidad financiera, acceso a energía y coordinación estatal—, pero también tiene vulnerabilidades: dependencia tecnológica, desafíos de gobernanza y riesgos de seguridad. La evolución dependerá de si el país logra pasar de un modelo de “adopción intensiva” a uno de producción de capacidades: talento, instituciones, regulación efectiva e innovación local sostenida.