Por mucho que intente ocultarlo, disimularlo o tergiversarlo, 2025 ha supuesto un año nefasto para Pedro Sánchez. Su buena suerte, unida a sus malas artes, se ha esfumado, como no podía ser de otro modo. Bastante ha aguantado aparentando ser un presidente decente y democrático. Pero después de mantenerse en el poder 7 largos años, gracias a sus maniobras de trilero, a sus pactos con los partidos más deleznables posibles, como Bildu, Junts y ERC, o con los líderes más arrogantes y torpes, como la comunista Yolanda Díaz.
Aunque parezca mentira, incluso, era respetado en Bruselas y aceptado en las cumbres internacionales. Pero en 2025 todo se ha desmoronado. Los líderes internacionales han descubierto que el presidente español no es de fiar. Dice una cosa en Madrid, otra en Europa y no hace ni la una ni la otra. Es amigo y aliado de dictadores como Maduro. Primero, acepta contribuir a la OTAN como el resto de socios y luego no paga sus cuotas y critica el rearme acordado para defender a Ucrania y combatir a Rusia; por ejemplo. Y, por todo ello, ya no le llaman ni por teléfono. Se ha convertido en un apestado.
Porque, además de esos bandazos políticos, le ha estallado en plena cara una bomba de corrupción y otra de acosos sexuales de sus más allegados que han tumbado sus discursos sobre la “tolerancia cero” tanto en lo uno como en lo otro. Pues la tolerancia en ambos casos ha sido total. Ha intentado disimular y ocultar los tejemanejes con las corruptelas en su familia, su Gobierno y su partido y también, tapar el machismo delictivo de sus cargos más cercanos, como Salazar. Cuando saltaron los escándalos, proclamó que todos eran inocentes, víctimas de los bulos de la fachosfera. Y al final, no se ha salvado ni uno. Ábalos y Cerdán, sus más cercanos hombres de confianza, han dormido a la sombra en Soto del Real y al fiscal general del estado, el Supremo le ha propinado una patada por delincuente. Y mientras presume de éxito económico, España encabeza las listas del paro y la pobreza infantil en la UE, se multiplican las familias que no llegan a fin de mes y no hay joven ni viejo que pueda comprar una vivienda.
Se ha venido abajo la propaganda del país de las maravillas de Moncloa. Y Extremadura ha sido el mejor ejemplo del hartazgo de los españoles por sufrir el Gobierno más inútil y corrupto de la democracia. En uno de los tradicionales feudos socialistas, al igual que en Andalucía, el PSOE se ha descalabrado y en muchas de las grandes ciudades, como Badajoz, le ha robado votos y superado en las urnas hasta Vox.
Pero lo mejor de 2025 ha sido que los españoles ya no se dejan engañar por la palabrería del presidente; de ahí, que pierda votos a chorros y no pueda ni pisar la calle sin ser abucheado por todos.
Pedro Sánchez encara 2026 con la intención de aguantar el año entero en La Moncloa. Y es muy capaz. Tiene a favor, que la mayoría de sus socios esperan exprimirle hasta la última gota antes de que se vaya. En contra, que en el carrusel de elecciones autonómicas que se avecina puede ser masacrado sin misericordia por la mayoría de los españoles. Y que, por fin, los dirigentes socialistas históricos trabajan para que se vaya antes de que liquide el PSOE. En efecto, aunque parezca difícil, 2026 puede ser aún peor para el presidente y su Gobierno.