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TRIBUNA

De Tolstói a Trump: Guerra y paz

jueves 25 de diciembre de 2025, 17:31h

La recién publicada doctrina de la Seguridad de los Estados Unidos de América (el título oficial ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL), bautizada como la “Doctrina Monroe – Trump”, encierra en su contenido dos aspectos claves, que son los mismos que el genial escritor ruso León Tolstói puso en el título de su famosa obra Guerra y paz.

A diferencia de la novela del escritor ruso, la obra del presidente norteamericano es un ideario político, que determina de qué manera se puede conservar la Paz en el beligerante mundo actual, evitando las guerras entre los países contrincantes.

De alguna manera, la nueva Doctrina de Trump está confirmando la fórmula que ha demostrado su eficacia absoluta a lo largo de los siglos de la historia de la humanidad: “Si quieres conservar la Paz, prepárate para la Guerra”. O, como lo interpreta la versión actualizada norteamericana: “La Paz a través de la fuerza”. En otras palabras, cuanto más fuerte es el país, menor es el riesgo de que el otro lo ataque, declarándole la guerra.

Y en un documento de 33 páginas, sus autores determinan, con todo lujo de detalles, cómo la administración norteamericana va a actuar, de ahora en adelante, para hacer a los Estados Unidos invulnerables a los posibles ataques de sus enemigos dentro y fuera del país.

Quizás el punto principal en la nueva estrategia norteamericana, que ha sorprendido a la mayoría de los líderes mundiales y a los analistas “costumbristas”, es la renuncia – a primera vista – de los Estados Unidos a seguir jugando el papel del “gendarme” mundial en su afán de estar presente y controlar todas las áreas mundiales.

Ahora los EE.UU se van a concentrar todos sus esfuerzos en fortalecer su poderío económico y militar, sin dispersar – como lo estaban haciendo anteriormente – sus recursos financieros, militares y de otra índole, para mantener su presencia activa en las zonas del planeta consideradas de antaño como “estratégicas” para los intereses norteamericanos.

La absoluta prioridad, según la nueva Doctrina de Seguridad, se va a prestar al Continente Americano (Hemisferio Americano), en toda su extensión y sin ninguna excepción. Todos los países “americanos” serán considerados como una zona de seguridad exclusiva para los Estados Unidos, por lo cual el objetivo principal de las autoridades norteamericanas será expandir sus valores democráticos y de las libertades a otros países del Continente quienes no se los respetan. ¡Ojo! las dictaduras como Venezuela, Cuba, Colombia, Nicaragua y algunas más.

Como se podía esperar, la nueva estrategia norteamericana fue recibida con fuertes críticas en los círculos antitrumpistas, tanto dentro como fuera del país, ya que su puesta en la práctica afectará los intereses de los enemigos y contrincantes de los EE.UU en toda la palestra internacional, ya que cambiará por completo la arquitectura y el sentido de las relaciones de los Estados Unidos con el resto del mundo.

A unos les provoca miedo que de ahora en adelante ellos tendrán que afrontar y resolver con sus propios medios los problemas en sus respectivas áreas, sin la implicación directa y la ayuda sustancial estadounidense, como, por ejemplo, en el caso de Europa (Comunidad Europea), que cada vez es más débil y degradante en todas las esferas.

Por ejemplo, en la parte económica la aportación de Europa al PIB mundial, en tres últimas décadas, se ha reducida del 25% al 15%. Con las instituciones de autodefensa (la OTAN) que no funcionan y no están preparadas para los desafíos bélicos, como lo está demostrando la guerra entre Rusia y Ucrania, desatada en el pleno corazón del Continente Europeo. Con las élites políticas corrompidas por los “baratitos” hidrocarburos rusos, acompañados de suculentas comisiones para los políticos que con tanto fervor apuestan por las “buenas” relaciones con el Kremlin. Y otros desafíos que pueden surgir en un futuro inmediato para el “Viejo Continente”.

A los países, como Rusia o China, les asusta que los Estados Unidos no les va a dejar a meterse más en el Continente Americano, ni económica ni militarmente, como fue posible durante las anteriores administraciones norteamericanas, cuando tanto Rusia (la ex URSS) como la China maoísta, durante varias décadas, utilizaban a los países latinoamericanos para rodear a los Estados Unidos con sus proxis comunistas locales para debilitar y desestabilizar a Norteamérica desde el interior de su propia área. Incluso llegaron a amenazar la propia seguridad de los EE.UU. Recordemos como la URSS intentaba instalar sus misiles nucleares en la Cuba comunista, a sólo 80 kilómetros del territorio norteamericano.

O como China llegó a controlar los puertos y otros puntos clave en el Hemisferio Americano, penetrando económicamente en los países latinoamericanos ante las propias narices de los “yanquis”. Un ejemplo de ello es lo que había pasado con el Canal de Panamá, que fue construido hace muchos años por los Estados Unidos, pero que finalmente se quedó bajo el control directo de China, con el beneplácito de las autoridades panameñas y sin reacción alguna de la administración norteamericana anterior a la llegada de Trump a la Casa Blanca.

O el caso de Venezuela convertida, bajo el régimen criminal de Maduro, en un férreo contrincante norteamericano, apoyado económica y militarmente por Rusia, China e Irán, todos ellos unos enemigos acérrimos de los Estados Unidos. Hasta tal punto que, cuando Trump ha empezado a tomar unas drásticas medidas contra el tráfico de drogas desde Venezuela hacía el territorio norteamericano, Maduro pidió la protección de Rusia y China contra los “ataques” norteamericanos.

Pues, se acabó. Ahora, cualquier enemigo externo que intente penetrar en el Hemisferio, proclamado como zona del dominio exclusivo de los Estados Unidos, tendrá que enfrentarse directamente con todo el poderío político y militar estadounidense. ¿Quién se atrevería? Creo que nadie. Y más a partir de ahora, cuando la administración de Trump estará vigilando su “feudo” con la máxima firmeza, como lo está haciendo en el tema de las fronteras, al haber conseguido, en pocos meses, reducir al cero el flujo “millonario” de los inmigrantes, que año tras año estaba entrando ilegalmente en el territorio norteamericano.

La mayoría de los críticos de la nueva Doctrina de Trump ponen énfasis en que la renuncia de los Estados Unidos a una política activa en la arena mundial, debilitaría enormemente su prestigio en la arena internacional y reduciría su papel de un principal jugador y arbitro en los asuntos planetarios. Que las áreas abandonadas por EE.UU inmediatamente serán ocupadas por sus contrincantes poderosos como China.

Yo no lo veo así. Según la nueva Doctrina, los Estados Unidos no pretenden dejar de influir y participar en los complejos procesos mundiales. Simplemente van a cambiar la forma y la estrategia de cómo hacerlo.

En lugar de su presencia directa para controlar las regiones estratégicas mundiales, lo delegará a sus aliados de la máxima confianza, a los que ayudará con todo su poderío económico, político y militar. Ellos pueden ser Japón, Taiwán, Corea del Sur, en el área asiática, jugando de contrapeso a China, el principal contrincante de los Estados Unidos.

En la región del Oriente Medio sus centinelas podrán ser los países árabes moderados del Golfo Pérsico junto con Israel, a fin de controlar al Irán de ayatolas y a otros regímenes islámicos extremistas para que el islamismo radical no se expandiera por la zona.

En cuanto a Rusia – ya sin Putin – la política estadounidense será del acercamiento, con la intención de romper la fuerte alianza actual entre Kremlin y Pekín – a causa de la guerra en Ucrania –, ofreciendo a los sucesores de Putin una fructífera cooperación económica y tecnológica, que permitiría a Rusia salir de la enorme dependencia de China, que ha convertido al país eslavo en una gasolinera y un apéndice económico del gigante asiático.

Y algo parecido ocurrirá en otras regiones con las que los EE.UU querrán mantener las relaciones estratégicas.

Son unos cuantos ejemplos, que me parecen más viables, interpretando la Doctrina que estamos comentando. Pero desconozco y creo que nadie, menos el propio equipo del Presidente Trump, puede saber todo el abanico de las medidas y actuaciones que se va a emprender la administración norteamericana para fortalecer la seguridad de la primera potencia mundial.

En este contexto no está nada claro qué postura tomará el gobierno estadounidense respecto a Europa. En el documento doctrinal se pone en duda la capacidad de la Comunidad Europea seguir siendo un aliado fiel y fiable en esta importantísima región planetaria, debido a su suicida política migratoria y un constante deterioro de los valores democráticos.

El documento dice textualmente: “Europa en 20 años no tendrá economías y ejércitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables” y pronostica “la desaparición de la civilización europea a causa de la inmigración, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política y el fallido enfoque en la asfixia regulatoria”.

Supongo que la Casa Blanca presionará a los líderes europeos para que cambien sus actuales políticas y vuelvan a los valores perdidos, que “harían a Europa Grande de nuevo”, como lo está haciendo Trump en los Estados Unidos bajo la consigna de la MAGA.

A los españoles nos interesa más que nada precisamente este aspecto de la aplicación de la nueva Doctrina de Seguridad norteamericana. Por ello espero que nuestros líderes tomen en serio los avisos y las duras críticas, vertidas por los autores de este documento, y reaccionen adecuada y positivamente, en lugar de declarar precipitadamente que la nueva estrategia de seguridad estadounidense es una “intervención en los asuntos internos de Europa”.

Hay que constatar que Trump y su gobierno, en parte, ya está aplicando con éxito su nueva estrategia. En menos de un año la Casa Blanca ha conseguido parar ocho guerras en varias regiones del mundo. Y la “novena”, la ruso-ucraniana, según serios indicios, pronto también se va a acabar.

Por tanto, habrá que esperar que la nueva Doctrina de Trump no sólo fortalezca la seguridad de los Estados Unidos de América, sino también contribuya a la Seguridad Internacional para salvaguardar la Paz en el planeta, siendo la Norteamérica su garante principal.

Y que del binomio “Guerra y paz” desaparezca para siempre la “Guerra” y sólo se quede la “Paz”.

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