En lugar de asistir al desfile de la Pascua Militar, Pedro Sánchez ha preferido viajar a París para participar en la reunión de la Coalición de Voluntarios sobre Ucrania. Ha sido la primera vez en la democracia que un presidente del Gobierno se escabulle del Día de las Fuerzas Armadas. El motivo es evidente: no quería ser humillado por el estruendoso abucheo que siempre le dedican los miles de españoles que asisten a la ceremonia. Pero su cobarde desaire institucional tiene una parte positiva. La unánime bronca de los asistentes no será la noticia. Sino la ovación a Felipe VI y Leticia, el caluroso homenaje que rinden miles de ciudadanos a su Ejército, la exhibición de los militares en un desfile impecable y emocionante.
El plantón de Sánchez a los Reyes y su desprecio al Ejército, sin embargo, demuestran su desprecio institucional y es un paso más en su deriva política y personal. Pues sólo sale de La Moncloa para asistir a los actos blindados por los militantes más fanáticos. Y sólo habla con los líderes de los partidos que quieren trocear España. Como Junqueras, con quien se reunirá el próximo jueves en La Moncloa para ponerse a sus pies, para concederle la independencia fiscal que exige a cambio de mantenerle su apoyo en el Congreso y concederle sus votos para aprobar los presupuestos catalanes.
Su viaje a París, además, ha sido estéril. Los líderes europeos ya no cuentan con Sánchez, salpicado por la corrupción y aliado con los presidentes iberoamericanos comunistas para denunciar a Trump por la captura de Maduro. No ha participado en la reunión de la UE sobre Ucrania. Pero ha aprovechado el viaje para dar una rueda de Prensa sólo para atacar al presidente norteamericano. Así, ha intentado disimular su indecente ausencia de la Pascua Militar. Así pretende aplacar a los socios que le exigen “romper relaciones con Estados Unido. Y así busca mantener su alianza con el chavismo para que no descubra sus tejemanejes económicos y políticos con Maduro y Delcy Rodríguez, la vicepresidenta, hoy presidenta, que paseó sus misteriosas maletas por el aeropuerto de Barajas escoltada por Ábalos, el entonces ministro y mano derecha de Sánchez que ha pasado la Navidad encarcelado por presunta corrupción. Porque a Sánchez poco le preocupa la operación relámpago del Ejército norteamericano. Pero está aterrado de que se descubran los motivos del rescate de Plus Ultra, sus turbios negocios con el régimen venezolano o el contenido de las famosas maletas de una presidenta que coopera con la Administración Trump y quien, después de traicionar a Maduro no tendrá reparos en descubrir los entresijos de sus relaciones con el Gobierno español.