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TRIBUNA

"La paz por la fuerza": el renovado enfoque militar de EEUU

Gabriel Alonso-Carro
jueves 08 de enero de 2026, 19:24h

Si se quiere entender que está motivando la acción militar de EEUU en Venezuela y en otros lugares del mundo les recomiendo leer o escuchar el discurso del Secretario de Guerra Pete Hegseth en el Foro de Defensa Nacional Reagan, el pasado seis de diciembre. Ahí tienen las guías maestras de la Administración Trump en materia de Defensa.

Si hubiera que resumirlo en dos ideas son estas: disuasión por la fuerza militar y realismo flexible (en doctrina internacionalista, lo contrario del Idealismo utópico). Las fuentes de este enfoque renovado, literalmente expresadas, son Reagan y su IDE (Iniciativa de Defensa Estratégica) y la Doctrina Weinbergerg en el marco del realismo politológico de los presidentes Eisenhower, Nixon y Reagan.

Es decir, la paz por la capacidad bélica disuasoria que, en parte, condujo al colapso a la URSS -al no poder seguir la carrera armamentística-; la racionalización de las intervenciones militares USA en el mundo según planteaba el secretario de defensa de Reagan; y, por fin, el alejamiento de planteamientos idealistas y democratizadores que vayan más allá de los propios intereses de EEUU y su seguridad.

En el discurso de Hegseth se condensa una puesta al día, en definitiva, de parte de la tradición político-militar norteamericana. A ello habría que añadir la Doctrina Monroe, que cita, y la política arancelaria inspirada en el presidente W. MacKinley (finales del XIX), al que D.Trump se refirió repetidamente en su discurso inaugural de manera laudatoria. Con estos mimbres y poco más, tenemos la cesta ideológico-doctrinal de la política exterior de la primera potencia mundial.

Ahora bien, hecho el diagnóstico procede su valoración. En términos de política internacional podría decirse que los norteamericanos regresan a posturas clásicas: aislacionismo, exclusivo interés de estado, disuasión militar y, ante todo, ambición de liderazgo en el mundo conscientes del poderío chino pero sin pretender un enfrentamiento directo, únicamente contención a cualquier amenaza mediante el poderío militar: esto es, capacidad estratégica defensiva y ofensiva en caso de riesgo bélico.

En este contexto tan convulso y con un giro más que notable respecto a los gobiernos demócratas e incluso al primer mandato del actual Presidente, cabe preguntarse por el trasfondo ético-antropológico de los fundamentos de esta política exterior. El propio P. Hegseth, en la Biblioteca Reagan, hizo alusión a la naturaleza humana y afirmó que negar el "si vis pacem para bellum" era desconocerla. Esta afirmación se enmarca en lo que definió como: el "adiós al idealismo utópico y bienvenido el realismo puro y duro".

Para los no iniciados en la teoría de las relaciones internacionales esta postura, aunque con antecedentes en las disputas entre maquiavélicos y antimaquiavélicos (en el s.XVI español, a partir del tratado de G. Botero "Díez libros de la razón de estado"), hunde sus raíces en el pesimismo antropológico protestante. La diferencia entre Maquiavelo y los realistas contemporáneos es quizá que el primero analiza la realidad política separadamente de consideraciones morales o religiosas y los segundos lo hacen con la impronta y matriz antropológica citada, más o menos implícita o explícitamente.

Desde Hobbes, con su "el hombre es lobo para el hombre", hasta los teóricos norteamericanos del s. XX liderados por el teólogo protestante Morgenthau, la doctrina de la Realpolitik, incoada en Europa pero elaborada teóricamente desde las ciencias sociales en el mundo académico anglosajón el siglo pasado, lo cierto es que ha tenido un gran peso y gran influencia en la definición de la política internacional. Lo comprobamos en esta versión actualizada que vivimos hoy mismo de la mano de D. Trump.

Sin embargo, es claro que hay enfoques alternativos también exitosos para la política global. En un reciente trabajo he defendido un "idealismo sin ilusiones", que no es el idealismo utópico, al igual que el "realismo flexible" preconizado por Hegseth no es exactamente el realismo clásico, aunque él lo tache de "realismo puro". Antropológicamente no somos ni lobos ni corderos para los otros, ni necesariamente la paz llega por la fuerza. Obviamente, no términos generales, el multilateralismo, el respeto al derecho internacional, o un mundo internacional regido por normas también ha dado enormes resultados. Es decir, un enfoque ético-antropológico con diferentes planteamientos humanos y morales.

En términos particulares, la tradición universalista hispánica contribuiría enormemente a enriquecer el debate político mundial. En momentos históricos de retos comunes planetarios, los preocupantes y graves riesgos globales requieren enfoques más amplios que el regreso a la mera razón de estado o el interés nacional. Y no cabe olvidar que esta perspectiva hispana se enraizada en siglos de tradición occidental: la unidad del género humano (de origen romano) y el totiusorbisde F. de Vitoria y la Escuela de Salamanca (una comunidad universal de todos los pueblos y hombres, unida por una naturaleza humana común y regida por un derecho de gentes -iusgentium- natural).

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