Destacado artículo el que ha publicado Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en el diario La Razón. Google lo reprodujo íntegramente y las redes sociales lo comentaron de forma profusa. Para conocimiento de los lectores de El Imparcial, lo publicamos a continuación.
Un productor cinematográfico de altos vuelos, Vicente Escrivá, me invitó a cenar en su casa de El Escorial.
-No dejes de venir -me dijo-. Estará con nosotros una actriz interesante.
-¿No será Lola Gaos? -pregunté yo receloso.
-Por supuesto que no -me contestó Vicente.
Lo he contado varias veces con motivo de aniversarios y otras circunstancias. Era ya Brigitte Bardot, con poco más de veinte años, un icono de la sexualidad francesa. Vicente Escrivá se retrasó más de dos horas. Así que tuve la suerte de quedarme a solas con Brigitte Bardot. Tendría yo poco más de veinte años y era un periodista vehemente dispuesto a comerme el mundo.
Desde el primer momento la conversación con Brigitte Bardot versó sobre literatura francesa. Ni una palabra de cine. Me di cuenta de que la principal característica de la actriz era la inteligencia, no la belleza. Me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, que dudaba del accidente de Camus. El gran novelista le había dicho públicamente a Sartre que si el mundo era lo que ambos creían la única solución estaba en el suicidio. Brigitte pensaba que su admirado Camus se suicidó.
Me acuerdo de que apabulló a Bretón. También a Apollinare y a Cocteau. Desdeñó injustamente a Claudel. Y tenía la mejor impresión de Aime Césare, el poeta amigo de Senghor que se expresó con dureza sobre la colonización. Conocía Brigitte Bardot en aquella época la poesía francesa mejor que yo. Hablaba despacio muy segura de lo que decía. Citó a Aragón y Artaud y me dio una lección sobre Paul Éluard. Era su favorito. Me preguntó si conocía a Gala. Le dije que no. En aquella época, hace casi setenta años, apenas sabía quién era. Me dijo que Dalí la sedujo una noche en París y que ella abandonó a su marido. Se expresó Brigitte Bardot con palabras sinceras y profundas. No solo eso. Me aseguró que su poema Bonjour, tristesse, estaba escrito por la traición de Gala. Y me asombró al recitarlo íntegro sin fallar una sola palabra.
Quise decir algo que pudiera interesar a aquella muchachita que lo sabía todo y le hablé de su admirada Françoise Segan. Me aseguró que había titulado su novela Buenos días, tristeza, como el poema de Éluard y que era como ella, alzadas las dos, la actriz y la novelista, contra casi todo lo mismo a derecha que a izquierda.