El retorno de Sandokan
Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
lunes 15 de diciembre de 2008, 21:52h
Nuestra adolescencia estaba poblada por Emilio Salgari y sus novelas, con Sandokan como protagonista. “El tigre de Mompracen”, como era conocido en su Malasia natal, era el prototipo del bandido generoso, reencarnación oriental de Robin Hood, enfrentado a los opresores, para la ocasión encarnados en los colonialistas británicos y holandeses. Las aventuras de Sandokan tenían lugar en el estrecho de Malaca, estrecha franja marítima que separa lo que hoy conocemos por Malasia e Indonesia y que incluye a la ciudad/estado de Singapur en su extremo oriental, vía esencial de comunicación y comercio entre el océano Indico y el Pacifico. Por sus aguas transcurre el ochenta por ciento del petróleo consumido por Japón y el veinticinco por ciento de todo el tráfico mundial de mercancías. El estrecho de Malaca es un nido de piratas. Como en los tiempos de Sandokan.
En el año 2000 llegaron a producirse allí más de doscientos actos de piratería. A partir de ese año, y gracias a la colaboracion de las fuerzas navales malayas, indonesias y singapureñas, el número de ataques se ha reducido. Pero la estadística oculta el hecho de que un número importante de incidentes relacionados con la piratería no son denunciados por temor a una elevación sustancial de las primas de los aseguradores. Muchos de los capitanes de los cincuenta mil barcos que anualmente recorren la vía marítima llevan a bordo importantes cantidades de dinero en metálico por si resultara necesario pagar los rescates que los piratas exigen. La colaboracion naval de los ribereños ha sido solo posible cuando el volumen del fenómeno alcanzaba proporciones alarmantes. Ante la posibilidad de que bandas terroristas se apoyaran en los piratas para bloquear el estrecho –cosa posible en las cercanías de Singapur- me interesé, durante mi gestión como director ejecutivo del comité antiterrorista de Naciones Unidas, por la posibilidad de ampliar la cooperación internacional en ese terreno a los temas relacionados con la piratería. Me encontré con un cortés pero firme rechazo tanto por parte de los ribereños del estrecho como por parte de los que lo utilizan y necesitan.
La piratería conoce en el XXI un sorprendente renacimiento. Y si algún control se ejerce sobre Malaca, todavia insuficiente es el establecido sobre las costas africanas de Somalia , en el golfo de Adén y en las vías de aproximación al canal de Suez. En el año 2008 se han producido noventa y cinco ataques piratas en las costas sómalas, de los cuales treinta y nueve han desembocado en secuestro. En el mismo período de tiempo, los piratas habrían recibido ciento cincuenta millones de dólares en rescates y extorsión. Dos navieras han anunciado que sus buques evitarán Suez y seguirán la ruta del Cabo de Buena Esperanza para llegar a los destinos occidentales, con el consiguiente aumento en tiempo y fletes. El canal de Suez, que se construyó precisamente para evitar ese largo viaje, comienza a conocer un ligero descenso de tráfico. De confirmarse, afectaría muy gravemente a la economía de Egipto, una de las más volátiles del mundo.
La humanidad ha procurado ofrecer un frente unido contra la piratería, uno de los crímenes que, junto con el de la esclavitud , mereció los primeros apuntes de lo que luego se habría de conocer como jurisdicción universal. La convención de las Naciones Unidas sobre el derecho del mar de 1982 autoriza a cualquier estado a apresar “en alta mar o en cualquier otro lugar no sometido a la jurisdicción de ningún estado, un buque o aeronave pirata” y muy recientemente, en octubre de este mismo año, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado la resolución 1838 animando a los estados miembros a poner en común sus esfuerzos para luchar contra la piratería en las costas sómalas. El Consejo estaría estudiando ahora mismo una nueva resolución para ampliar la posible acción a las aguas territoriales y a su litoral. Unidades navales de varios paises están ya patrullando esos parajes.
Sería necesaria una acción concertada y sin contemplaciones para atajar el fenómeno. Su generalización contribuye a la creación de zonas de impunidad que alimentan la progresiva proliferación de un mundo sin ley. La conexión entre terrorismo, crimen organizado y piratería es cada vez más visible y peligrosa y se alimenta de la pasividad de los que la sufren. Es tambien un índice de los riesgos no convencionales a los que el mundo debe hacer frente con medios adecuados. Esas son las guerras del siglo XXI. Los sandokanes que las pueblan no tienen nada del hálito heroico de las novelas del Salgari.
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Embajador de España
JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
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