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Ensayo

Tom Burns Marañón: El legado de Juan Carlos I

lunes 19 de enero de 2026, 00:50h
Tom Burns Marañón: El legado de Juan Carlos I

Almuzara. Córdoba, 2025. 192 páginas. 17,95 €. Libro electrónico: 6,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El legado de Juan Carlos I. De héroe de la Transición a Rey en el exilio, Tom Burns Marañón nos brinda una obra necesaria, reivindicativa y políticamente incorrecta en los tiempos que corren. Con un estilo dinámico, pone en valor la figura de SM Juan Carlos I, sin por ello dejar de reprochar algunos de sus últimos comportamientos. Para ello, recurre a una narración en la que prevalece el criterio cronológico, lo que le permite ordenar de manera coherente el contenido.

Como premisa de partida, el autor considera que el prestigio que tuvo SM Juan Carlos I, el denominado juancarlismo, decayó en la recta final de su reinado, en el contexto de una crisis económica que estaba ocasionando repercusiones negativas para nuestro país (paro, inflación, recortes…). En consecuencia, se generó el caldo de cultivo adecuado para que emergiera una izquierda populista y antisistema dotada de aires adanistas, entre cuyos chivos expiatorios señaló al entonces monarca.

Su abdicación y posterior establecimiento en Emiratos Árabes Unidos no hizo que las críticas a su figura cesaran. Sin embargo, también aparecieron manifiestos de adhesión que enfatizaban su aportación determinante en la consolidación de la democracia en nuestro país, lo que constituye su gran legado, como Tom Burns insiste a lo largo de la obra. En efecto, SM Juan Carlos I estableció una monarquía constitucional y parlamentaria apoyándose para ello en figuras reformistas del régimen, sobresaliendo Adolfo Suárez o Gabriel Cisneros, algo que no estaba previsto en los designios del caudillo, posibilitando de este modo una Transición ejemplar.

Sin embargo, el escenario en el que accedió a la jefatura del Estado no resultaba el más cómodo puesto que, al malestar interno derivado de la crisis económica y la ausencia de libertades, se unió un boicot de la mayoría de las naciones derivado de los últimos fusilamientos del franquismo. No obstante, en este apartado sobresale el crédito internacional del que dispuso desde el primer momento SM Juan Carlos I por parte de los gobiernos de las democracias liberales occidentales.

Este fenómeno se debió a que eran sabedores de un hecho: el futuro monarca apostaría por la democracia y rechazaría cualquier alternativa totalitaria, además de defender una proyección internacional de nuestro país, una materia sobre la que se posicionó en numerosas ocasiones: “La idea de Europa sería incompleta sin una referencia a la presencia del hombre español y sin una consideración del hacer de muchos de mis predecesores. Europa deberá contar con España y los españoles somos europeos” (p.52).

Uno de los países que más interés mostró en los acontecimientos que se suscitaron en España en la recta final del franquismo y en la Transición fue Estados Unidos. El objetivo de la administración norteamericana desde inicios de los 70s era claro: “una transición política pacífica dirigida por los valores pro occidentales del futuro rey” (p.69) y, en este sentido, SM Juan Carlos I respondió de manera sobresaliente a esas expectativas, por ejemplo, con su intervención ante el Congreso estadounidense en junio de 1976.

A nivel interno, el primer paso para traer la democracia de vuelta y poner fin a la idea de las “dos Españas” radicó en apostar por Adolfo Suárez, ya que el monarca “quería un cambio generacional en el gobierno. No quería a gente mayor que estaba de vuelta y le aleccionarían. Deseaba a su propia generación en el puente de mando” (p.79). De nuevo, el tiempo le dio la razón: “Suárez ganaría las elecciones constituyentes de 1977 al frente de una coalición de individuos cercanos al rey que apostaban con todas sus consecuencias por la transición a un régimen de pluralismo político y democracia plena” (p. 123).

Dicho con otras palabras, SM Juan Carlos I devolvió la soberanía nacional a los españoles, quedando estos avances plasmados en la Constitución de 1978, la cual fue “redactada por todos los españoles”, subraya Burns. En 1982 se consumó la alternancia en el gobierno con el triunfo incontestable del PSOE liderado por Felipe González, quien entendió perfectamente el rol de la monarquía parlamentaria y rechazó los radicalismos y guerracivilismos que sí han caracterizado a algunos de sus sucesores al frente del socialismo patrio.

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