Desde que Óscar Puente fue nombrado ministro de Transportes se han multiplicado los incidentes en la circulación de los trenes, las averías, los retrasos interminables que obligaban a los pasajeros a bajarse de los vagones y caminar a la intemperie hasta su destino, las interminables aglomeraciones de personas en las estaciones. Y, según los expertos, todas estas irregularidades se han producido por la mala gestión, la falta de planificación e inversión del ministro, quien, sin embargo, en su comparecencia parlamentaria, en lugar de explicar el motivo de las incidencias, alardeó de que “el ferrocarril en España vive el mejor momento de su historia”.
Y mientras Puente se dedicaba a fanfarronear y escupir su bilis en las redes sociales, este domingo se ha producido una de las mayores tragedias ferroviarias de España: el descarrilamiento de un tren de Iryco ha chocado contra un Alvia en Adamuz (Córdoba) provocando la muerte de al menos 40 personas en el mayor siniestro en la red de alta velocidad española. Una tragedia ferroviaria que ha llevado a Pedro Sánchez a pedir “lealtad institucional”, pero que no ha sabido explicar el origen del accidente, a pesar de que su obligación es investigar y aclarar con celeridad su origen. No debe ocurrir como en el gran apagón, un incidente que el Gobierno todavía se resiste a reconocer que se produjo por su histeria medioambiental al usar masiva y peligrosamente las “energías verdes”.
Porque, según los técnicos, la tragedia de Adamuz pudo producirse por la rotura de una vía que estaba en mal estado y, por tanto, por la falta de previsión del Gobierno en el mantenimiento de la red ferroviaria. De hecho, los maquinistas del sindicato SEMAF enviaron en agosto una carta al Ministerio en la que informaban que en el tramo del accidente se estaba produciendo un deterioro de las vías, “una degradación profunda y acelerada en el material rodante, causando frecuentes averías”. Y los viajeros habituales también se quejaban de las vibraciones que sufrían los vagones en la zona de la catástrofe. Pero estas advertencias no fueron suficientes para que Óscar Puente actuara en consecuencia. Prefirió seguir dedicándose en exclusiva a su adicción fanática a las redes sociales.
Por la conmoción sufrida por los españoles, en homenaje a las víctimas y para despejar las dudas sobre la seguridad de la red ferroviaria española, esta vez sí, el Gobierno está obligado a investigar a fondo los motivos de la tragedia ferroviaria y a destituir al que parece ser el máximo responsable por su ineptitud y dejadez, que no es otro que Óscar Puente. No puede tener la desfachatez de mirar para otro lado como hizo tras el gran apagón.
Pedro Sánchez debe cumplir con la “lealtad institucional” que reclama para los demás. Óscar Puente no puede seguir actuando como un hooligan y, si no dimite, trabajar para mejorar las infraestructuras que están desvencijadas por su dejadez. El Gobierno está obligado a cumplir con su deber de mejorar la vida de los ciudadanos. Tiene que invertir en mejorar la deteriorada red ferroviaria en lugar de despilfarrar el dinero de los españoles en comprar votos para seguir en el poder. Pues sólo así puede impedir que vuelva a repetirse una tragedia ferroviaria como la de Adamuz.