“A España no la va a reconocer ni la madre que la parió” fue la frase que pronunció Alfonso Guerra en 1982, cuando Felipe González ganó las elecciones generales. Una frase que, ahora más que nunca, se ha hecho realidad. Porque si, como parece, Pedro Sánchez se empeña en amarrarse al poder hasta 2027, la democracia de nuestro país sufrirá un empellón difícil de superar. Pues la degradación política e institucional protagonizará el año que queda de legislatura. La tragedia de Adamuz es el último ejemplo de esa degradación de un Gobierno que no puede ni quiere gobernar y que, en este caso, ha quedado en evidencia al recortar la inversión en el mantenimiento de la red ferroviaria al igual que en las carreteras que llevan años deteriorándose y, probablemente, provocando múltiples accidentes mortales por ese abandono.
Y es que, sin presupuestos no sólo se incumple la Constitución. También paraliza la acción del Gobierno para mejorar la vida de los españoles. Se ve obligado, además, a incrementar aún más la descomunal deuda pública, incrementar desaforadamente los impuestos y, aún peor, dedicar ese dinero a comprar los escaños de los separatistas o a subvencionar a los medios de comunicación que difunden descaradamente la propaganda que se fabrica en La Moncloa. TVE, sin ir más lejos, nunca ha sido tan sectaria como ahora. Hasta el Consejo de Informativos de la casa ha denunciado a sus programas políticos más fanáticos de propagar “bulos”, como el invento del atentado contra Pedro Sánchez.
Y así tiene previsto consumar la legislatura el Gobierno: poniendo toda la carne en el asador de la propaganda y en contentar a Puigdemont, Junqueras y Otegui. Pues la única preocupación y dedicación de Sánchez es comprar su supervivencia. De ahí, que ante otro año atenazado por la minoría parlamentaria, por las previsibles condenas en la mayoría de casos de corrupción y los anunciados batacazos electorales en las comunidades autónomas, la estrategia de Moncloa para que Pedro Sánchez respire en 2026 se centra en recuperar el apoyo parlamentario de los partidos golpistas catalanes. El presidente del Gobierno sabe que para ello es imprescindible ceder cuanto antes la independencia fiscal de Cataluña y a continuación permitir la celebración de un referéndum de autodeterminación..
Y mientras, Óscar Puente se esfuerza en tapar sus vergüenzas de la tragedia ferroviaria de Adamuz formando la supuesta Comisión de Investigación del accidente con antiguos trabajadores de Renfe y Adif, que “investigan” en la dirección que ordena el ministro que no es otra que eludir sus responsabilidades. Pues el “relato” es lo que importa. No lo que de verdad ha pasado y por qué. Así ocurrió con la dana de Valencia, el gran apagón, la pandemia o los devastadores incendios de este verano. El Gobierno nunca contó la verdad. Creó unas falsas versiones de los hechos con el propósito de salvar los muebles de Moncloa.
A Pedro Sánchez no le importa la verdad. Sólo quiere seguir gobernando a trancas y barrancas hasta el último día de la legislatura. Aguantar en el poder para sortear a la Justicia que puede empitonarle. Ensanchar el censo para colar votos de migrantes subvencionados y exiliados o agitar las urnas para poder formar otro Gobierno Frankenstein en 2027. Y, entonces sí, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió.