El mismo escenario sin el alargamiento de la mesa de trabajo de Paco Nieva, que en la escena anterior se había convertido en mesa para comer catorce personas con el añadido de otra mesa, ahora inexistente. Hay un nuevo sofá a la izquierda y los dos butacones orejones tienen sendas lámparas de pie con pantallas con dibujos. A la derecha de la gran mesa de trabajo de Nieva tenemos una gran mesa redonda en donde cabrían seis personas sentadas sobre hermosas sillas de estilo Chippendale, y que sobre su tapizado hay rojos cojines. Se ha añadido algún hermoso cortinaje más. La estancia está bien iluminada. Son las seis de la tarde. Suena el timbre de la puerta que está en el fondo del postcaenium. Nadie sale. Veinte segundos después vuelve a sonar, y todavía nadie sale a abrir la puerta. Por tercera vez el timbre vuelve a sonar a los veinticinco segundos, esta vez con más insistencia. Aparece desde el lado derecho Nieva en zapatillas y con un albornoz verde. Tiene todo el pelo mojado y se lo va secando con una toalla.
F. Nieva.- Va, va. Un momento, un momento. ¡Hombre, amigo Félix! Creía que vendríais un poco más tarde. Es que estoy despistado. Pero entrad.
Félix Población.- Perdona, Paco. No sabíamos… Lo mejor es que ahora nos vayamos y volvamos diez minutos más tarde para que te dé a ti tiempo de secarte bien y vestirte.
F. Nieva.- Pero, hombre, no os asustéis que no llevo nada. ( Paco se desabrocha la bata para enseñarles que va desnudo. Félix y Martín se quedan perplejos y sorprendidos desviando un poco la mirada ). Acomodaos lo mejor que podáis en esa mesa un minuto mientras me arreglo y me pongo lo más guapo que pueda, porque supongo que me haréis alguna foto para la revista. ¿Os apetece café con leche y unas pastas que tengo riquísimas?
Félix Población.- No te molestes nada, Paco. Sólo queremos hablar contigo un rato.
F. Nieva.- Yo me voy a tomar café y galletas. Así que me vais a acompañar también vosotros. Pero sentaos. Ahora me arreglo y vuelvo con todo.
(Paco sale de la habitación y Félix y Martín se sientan en la mesa redonda un poco azorados y divertidos).
Martín Rubio.- Mira que es gracioso este hombre.
Félix Población.- Es que tiene la lógica de un genio.
Martín Rubio.- ¡Qué bonito es este salón y qué buen gusto refleja! Las sillas, la mesa, las lámparas, las cortinas…
Félix Población.- Ya sabes que, además de dramaturgo en ciernesngloriosas, estamos en la casa del mejor escenógrafo de España. En su día vi El zapato de raso, de Paul Claudel, cuya escenografía era de Nieva, y fue con mucho lo que más me gustó de la obra, que la verdad era un poco tostón con aquellos amores imperiales de moralidad trentina.
Martín Rubio.- También fue magnífica su escenografía en Pigmalión, den Bernard Shaw, y dirigida por Marsillach.
Félix Población.- Yo no la pude ver, pero sí, leí en la Revista que fuenmagnífica. Por cierto, que pensé un momento, cuando no nos abría lanpuerta que nos iba a dar plantón, por las críticas adversas a su teatro que publicaron en Primer Acto José Monleón y Eduardo Haro Tecglen.
Martín Rubio.- Pero ahora él se puede defender y además nuestra Revista, a nivel orgánico, diríamos, con las editoriales entusiastas que escribiste tú, aplaudió La Carroza de Plomo Candente, El combate de Ópalos y Tasia y Pelo de Tormenta. Y cuando le llamé hace una semana para hacer esta entrevista lo encontré muy amable y me dijo que para él era un honor.
Félix Población.- Y no hay que olvidar que su primera obra dramática, Es bueno no tener cabeza, se publicó también en nuestra Revista.
(suena el timbre)
Martín Rubio.- Llaman a la puerta. ¿Qué hacemos?
Félix Población.- Voy a abrir. Nieva todavía no habrá terminado.
(Félix Población se levanta y abre la puerta)
Félix Población.- Buenas tardes. ¿Qué desea? Nieva ahora mismo no puede recibirle.
Manuel Cortés.- Buenas tardes. Supongo que son ustedes los periodistas de “Primer Acto”. Yo soy Manuel Cortés, un amigo, y Paco me llamó para decirme que fuera yo testigo de esta entrevista.
Félix Población.- Ah, pues pase, por favor. Yo soy Félix Población, y éste es mi compañero de trabajo, Martín Rubio. Somos los que llevaremos a cabo la entrevista y haremos las fotos. Le estábamos esperando a Paco, que se está arreglando.
Martín Rubio.- Encantado.
Manuel Cortés.- El gusto es mío. Pues perfecto. Vamos a sentarnos a esperarlo.
(Se sientan los tres alrededor de la misma mesa)
Manuel Cortés.- Por cierto, algunas críticas que vuestra Revista le ha hecho a Paco son ajenas por completo a cualquier razón del arte, y sólo obedecen al interés político del momento; un interés político que parece entrañar que el arte se rebaje a propaganda política. Es verdad que en su día la propaganda política levantó la Acrópolis de Atenas, pero no creo que las consignas del comité central de un partido o, mejor dicho, del Partido, levanten piezas de teatro inmortales.
Félix Población.- De eso mismo precisamente estábamos hablando Martín y yo antes de que usted llegase. Pero el que dos críticos escribiesen sendos artículos un poco duros con los asuntos teatrales de lo que trata Nieva no significa que nuestra Revista, como ente orgánico, y consciente del viento fresco que trae su teatro no esté a favor de lo que hoy representa Francisco Nieva.
Manuel Cortés.- Esos dos críticos no son cualquier cosa. Son dos intelectuales orgánicos, aunque odien al gobierno. Luchan contra una dictadura mala proponiendo otra dictadura peor. Ya se podrían trasladar de la dictadura de Franco al Archipiélago Gulag. Paco lucha contra la presente a través de un arte sin anteojeras políticas, en donde la libertad de creación total presupone también la libertad para todos. Y también a él la policía le asalta la casa y le interviene el teléfono.
Félix Población.- Efectivamente Paco ha levantado un nuevo telón en la escena española. ¿Se dedica también usted a la Literatura?
Manuel Cortés.- No, yo soy militar.
(Aparece Francisco Nieva, muy bien arreglado, sosteniendo con buen equilibrio una bandeja con una jarra de leche, una cafetera italiana, cuatro tazas y un plato de galletas, y lo pone todo en la mesa).
F. Nieva.- Te oí hablar, Manuel. Creo que me he puesto bastante guapo. Mi primer director fue un muchacho que nunca había dirigido una obra de teatro, Santiago Paredes, que dirigió Es bueno no tener cabeza, teatro mágico y con sonido cinematográfico, que se representó en la Escuela de Arte Dramático. ¿Qué hay de común entre el placer de Arquímedes al descubrir el principio del empuje hidrostático y la inmunda voluptuosidad de Apicio devorando una cabeza de jabalí?
Oscuro
Comienza a oírse “Dafnis y Cloe”, de Maurice Ravel.