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TRIBUNA

Los logros de la paz internacional: ¿un espejismo o ilusión?

Gabriel Alonso-Carro
sábado 31 de enero de 2026, 17:51h

El cuatro de febrero los presidentes de Armenia y Azerbaiyán recibirán un premio internacional por el acuerdo de paz firmado el pasado ocho de agosto en la capital estadounidense. El tratado supone el fin de treinta y siete años de enfrentamientos entorno al enclave ex soviético del Nagorno-Karabag. Tras la implosión de la URSS, con la caída del Muro berlinés, y la independencia de las repúblicas exsoviéticas el territorio fue causa de disputa territorial y militar.

Incluso hubo en el 2023 un desplazamiento forzoso y matanza de cristianos. Hasta 2020 había 175.000 cristianos en Nagorno Karabaj. Tras 44 días de guerra en 2023 se redujeron a 120.000, que han permanecido hasta ese verano. En noviembre ya solo quedaban cien mil, aunque las cifras fueron muy confusas por el alto número de desaparecidos. El resto huyó de Nagorno-Karabaj a Armenia. Todo ello indicativo de la violencia empleada en el conflicto con el vecino país musulmán.

Esquemáticamente este es el hecho históricamente tan reciente. Uno se pregunta y se cuestiona por qué pasa tan desapercibido lo que es un logro en la solución pacífica de los conflictos. Son dos países relativamente pequeños, no muy poblados pero el conflicto ha durado décadas y son dos países de

religiones distintas: cristiana y musulmana. No son estratégicos, aunque el Cáucaso meridional no es precisamente un lugar de menor importancia geográfica. Sin embargo, me parece que no se le ha dado la suficiente relevancia a un éxito pacificador muy notable: aparenta que no es muy noticiable ni importa mucho.

Sin embargo, es muy significativo, además de simbólico. En este casi último año las convulsiones geopolíticas y económicas nos han hecho olvidar los aspectos positivos de la convivencia internacional. Uno tiende a pensar ante ello que nos recreamos en lo más negativo y morboso y que esa mirada enteramente negativa condiciona el que la política mundial pueda seguir rumbos diferentes, como ha ocurrido en el Cáucaso.

Obsérvese la información puntual sobre la crueldad de la guerra en la franja de Gaza, que se nos servía con todo detalle. Sin embargo, una vez que parece haberse detenido la brutalidad del conflicto pareciera que las negociaciones de paz y el proceso de estabilización de la zona ya no interesara tanto. Y, sin embargo, es lo más debiera importar: el camino de superación de la confrontación bélica. ¿Es que es noticia la destrucción y la violencia desatada y no la consecución y el mantenimiento de la paz en conflictos que estaban muy enquistados?

No parece lógico ni razonable. Da que pensar. Así como el cerebro reptiliano del ser humano le hace reaccionar de manera instintiva y/o visceral, no racional, los mass media también parecen conducirse reteniendo únicamente un instinto tanático y de supervivencia y no atendiendo precisamente a las situaciones que ya no son de riesgo o peligro. Pero eso es una conducta muy animal no muy propia del Homo Sapiens Sapiens, un ser racional. De tal manera que la información que se divulga y se ofrece solo presta atención mayoritaria al conflicto humano y no a las soluciones pacíficas: deformando así la realidad en un sentido unilateral.

De hecho, esta deformación informativa creo que alimenta una imagen y una visión del mundo poco objetiva además de desalentadora e ineficaz de cara a la convivencia planetaria de la comunidad global de naciones. Ciertamente, no se pueden negar determinadas realidades pero tampoco se pueden ocultar sus contrarias por más infrecuentes o inusuales que nos puedan parecer: porque a lo mejor el esconderlas es producto de nuestras distorsiones. No se trata de buenismo, ni de ingenuidad, tan sólo supone tener en cuenta todos los factores, no olvidando el conjunto de lo real tal como es: con sus crudezas y con sus bondades.

Estoy convencido, además, que este desenfoque alimenta la espiral del desencuentro, la guerra y el militarismo. Que haya enfrentamientos y que haya que defenderse no quiere decir que en todos los casos sea cierto que "si quieres la paz, prepara la guerra". En unos casos sí, en otros no. Partir de este presupuesto es un determinismo que procede de una mentalidad en la que el axioma de partida, no demostrado, es que estamos abocados irremediablemente a la resolución violenta de las diferencias. Pero, ¿es cierto, es sensato, dejarnos guiar por este "primer principio"?

Casos particulares como el del contencioso de Nagorno-Karabaj y su solución pacífica, a pesar de costar años, nos muestran que hay otros caminos y otras posibilidades. Esto mismo parece que está ocurriendo, algo se está moviendo en la buena dirección, en el caso ruso-ucraniano (al menos a fecha de hoy). También ha sucedido con las fricciones en torno a Groenlandia, aunque es pronto aún para darlo por zanjado parece una disputa supera afortunadamente.

En definitiva, el orden mundial se zarandea peligrosamente, a veces de manera brutal, salvaje, pero también observamos que se producen éxitos en las negociaciones de paz, en la solución de luchas enquistadas, en procesos que se presentaban como imposibles de resolver por la vía pacífica. No todo es negro o blanco, la realidad puede presentar tonalidades intermedias, más tendentes a la claridad o más a la oscuridad, no nos empeñemos en verlo todo negro para no cegarnos así y no ver caminos más luminosos. No son buenos deseos, son hechos, fácticos, históricos, presentes y actuales, no los relativicemos para no errar el camino.

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