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EDITORIAL

Zapatero y Sánchez callan ante la transición a la democracia en Venezuela liderada por Trump

EL IMPARCIAL
lunes 02 de febrero de 2026, 08:30h

Traidores o cobardes, quizás ambas cosas, los cargos públicos nombrados por el Gobierno de Nicolás Maduro se mostraban entusiastas con las políticas chavistas y apoyaban y aclamaban a su líder, incluso cuando mandaba detener, torturar o asesinar a los miembros de la oposición. Las cárceles aparecían, y todavía lo están, atestadas de ciudadanos acusados del “delito” de criticar el régimen o denunciar el pucherazo del dictador atrapado por Trump que se enrocó en el poder a pesar de haber perdido las elecciones. Ahora, sin embargo, Delcy Rodríguez, la presidenta títere de la Administración estadounidense, ha anunciado una amnistía para liberar a esos presos políticos. Y los chavistas que antes celebraban su detención, ahora aplauden su excarcelación.

La liberación de los presos políticos es el mejor síntoma de que aunque muy lentamente, la Venezuela de Trump se encamina hacia una transición democrática que algún día deberá concluir con la desaparición del régimen bolivariano y con elecciones. La izquierda española, como la del resto del mundo, calla avergonzada de haber colaborado con las atrocidades y crímenes de la dictadura chavista. Calla incluso por la liberación de presos políticos españoles. José Luis Rodríguez Zapatero es el mejor ejemplo de esa traición o de esa cobardía. Ha desaparecido de la escena pública. No ha participado en la campaña electoral aragonesa, como hizo en las anteriores. Se lo ha tragado la tierra mientas siguen apareciendo informaciones sobre su decisiva influencia en el rescate de Plus Ultra y sobre el dineral que se llevó por esas gestiones y por su colaboración personal con el propio Nicolás Maduro. El expresidente socialista calla, como calla Pedro Sánchez y la entera izquierda por la transición venezolana que lidera Donald Trump. Unos callan para salvar la cara y no ser acusados de colaboradores necesarios o “blanqueadores” de los torturadores. Otros, a este lado del Atlántico, por haberse enriquecido a costa de la miseria de un pueblo sojuzgado por una dictadura criminal. Y los más, porque el presidente norteamericano, su gran enemigo “fascista”, conduce al país hacia la democracia, mientras ellos, los “progresistas”, se aprovecharon de una dictadura para llenarse los bolsillos de petrodólares manchados de sangre.

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