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Cómo se escribe un artículo

José Manuel Cuenca Toribio
miércoles 17 de diciembre de 2008, 17:02h
La incertidumbre acerca de si las viejas piedras de Roma son cárdenas o rosáceas impidió al maestro Plá escribir un artículo largamente pensado sobre tan bello asunto.

En efecto, hay artículos periodísticos que llevan detrás de sí una prolongada maduración, mientras que otros germinan casi instantáneamente, cristalizados por secreta alquimia, en algún lugar del espíritu. No hay receta para su gestación. En Facultades y tratados se da toda una preceptiva acerca de su redacción; pero la verdad es que sólo la necesidad irreprimible de comunicar algo que se considera útil a las vidas ajenas produce el artículo que sacude la rutina y el letargo del lector normal.

¿Cómo se produce el fiat? ¿Cuándo surge la inspiración? La gama del proceso creador es ciertamente variada. El temperamento del prosista y su ritmo de rellenar la página en blanco influye mucho en ello. La clasificación de Schopenhauer respecto a los escritores nos adentra en una pista firme para el análisis de la cuestión. Se encuentran articulistas de pluma nerviosa cuyos textos brotan al calor momentáneo de un recuerdo, de una emoción o de una instantánea asociación de ideas.

Hace algún tiempo describía Delibes la manera de confeccionar sus preciosos trabajos uno de los grandes maestros del periodismo literario español de mediados del siglo XX. Tras echar un vistazo al resumen noticiero del día, a pie de linotipia, Francisco de Cossío cubría sin una tachadura tres folios destinados a su inmediata impresión. Otros articulistas acreditados han tenido o tienen plumas más calmosas, que comienza a rasguear el papel sólo después de una lenta elaboración y un largo contacto con la materia que alimentará su trabajo.

De todas las formas de escritura quizás sea la del poema la que guarde mayor semejanza con la del artículo periodístico en punto a su origen y nacimiento. Para muchos de sus cultivadores, únicamente cuando se intuye la rima o el ritmo de la composición ésta surge sin el menor esfuerzo. José Hierro, perfil cimero de la poesía contemporánea de manantial más auténtico, dijo cosas muy bellas sobre el asunto. Uno de los articulistas más “puros” y destacados de la actualidad –venido al mundo al norte de Granada…- confiesa por su parte que el texto fluye anchurosamente de su pluma una vez atisbado el título y el párrafo final.

Hay también, desde luego, “una técnica” del artículo. A la vista de algunas plúmbeas y académicas incursiones por su territorio, sus reglas parecen inalcanzables, pese a su sencillez, a ciertos autores muy reputados en otros menesteres literarios como la crítica o la erudición. Según Azorín, un artículo de prensa no puede desenvolver más de una idea o pensamiento. Un escritor situado en las antípodas y que frecuentemente escarneció su memoria, Francisco Umbral, era de la misma opinión. Si un tema requiere más de dos o tres folios para su explanación tiene que abandonar el campo de la prensa y pasar al del ensayo. Preceptiva para uso personal, aunque sin duda muy en razón, que no halla sin embargo consenso generalizado.

Más adhesión concita la regla de la brevedad. El consejo de Gracián goza de la simpatía unánime de los maestros del género, Plá a la cabeza. El impresionismo es el método y la técnica por excelencia del artículo periodístico. Si se ha definido, por voz muy autorizada, al ensayo como la tesis ni siquiera puede exponerse, sólo pespuntearse. No hay así, pues, otra producción literaria que demande mayor esfuerzo del lector, que tiene que ser atraído y recompensado con la brevedad.
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