Financiación autonómica en tiempos de crisis
jueves 18 de diciembre de 2008, 02:25h
Tras el órdago lanzado por el Presidente de la Generalidad de Cataluña, José Montilla, poniendo en duda el apoyo del PSC a los Presupuestos Generales del Estado, Zapatero se ha decidido a mover ficha. Así, manifestaba este pasado miércoles que el ejecutivo “cumplirá razonablemente con Cataluña y con España, haciendo un buen sistema de financiación autonómica para todas las comunidades autónomas”. Decir eso y nada es lo mismo. Sólo faltaba que el Presidente del Gobierno fuese a reconocer que su plan para financiar a las comunidades autónomas no es bueno o que no cumplirá con toda España. La clave hay que encontrarla en el enunciado de su frase, donde Cataluña ocupa un lugar preeminente.
No es para menos. Allí obtuvo Zapatero 25 escaños en las últimas elecciones generales, parte de los cuales corresponden a una importante cuota de voto nacionalista prestado. Por tanto, es lógico que haga guiños a quienes más debe. Pero sólo electoralmente, por más que los nacionalistas se empeñen en cuantificar la deuda fundamentalmente a nivel económico. Hace no mucho se conocía el dato de las comunidades autónomas más solidarias, y Cataluña aparecía detrás de Madrid y Baleares. Sobre todo desde un punto de vista de izquierdas, las balanzas fiscales tienen poco sentido más allá de una constatación tautológica. El sujeto fiscal son los individuos en cuanto ciudadanos, no los territorios: es el principio con arreglo al cual el Estado redistribuye la riqueza del modo más equitativo posible. Y que, quienes más tengan, más pongan. Tal es la esencia de la solidaridad fiscal.
Pero el sempiterno victimismo de los nacionalistas catalanes no entiende de estas cosas. Su voracidad es insaciable y baste si no el brindis al sol lanzado por los socialistas de Cataluña –cuya frontera ideológica con los postulados nacionalistas es cada vez más difusa- manifestando su poca disposición a aprobar las cuentas del Estado. En este sentido, es digno de consideración el resultado de una encuesta realizada en aquella comunidad autónoma, en base a la cual no llegaba al 4 por ciento el número de encuestados que daban crédito al farol del PSC. A día de hoy, nadie se cree que los socialistas catalanes vayan a votar en contra de los Presupuestos Generales del Estado -por si acaso, el PSOE ya se ha asegurado el apoyo de PNV y BNG-. Ocurre que, como todos los años por estas fechas, es tiempo de alzar la voz. Resta por saber si, en esta ocasión, Zapatero se mantendrá firme, o si por el contrario, volverá a repartir dádivas entre los nacionalistas catalanes -PSC incluido-, en pago a los servicios prestados. El problema en tiempos de recesión es que el vaso no desborda, merma. De modo tal que, al señor Zapatero, que tanto ridiculizaba la desmesura del PP que España se “rompía”, lo que si se le está rompiendo es la caja.