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TRIBUNA

Una farsa más y ya van demasiadas

lunes 16 de febrero de 2026, 19:28h

Como democracia de extremos que conviven siempre a punto de enfrentarse, apenas contenida por modestas reflexiones que de no existir llevarían al mundo (y obviamente a los argentinos) a volver al rudimentario enfrentamiento cavernario de tiempos etarios. Pero como “la vida es ondulante”, según la sabia reflexión de Voltaire, aquí no pasa nada y nos tienen con amagues apenas contenidos, exhibiendo el garrote vil que amenaza bajo la advertencia: “mira que si te pasas de la raya de lo que puede venir no me hago cargo”. Asunto duro de digerir, pero qué, por suerte, aún sigue dando resultado, aunque de las consecuencias todos miramos para otro lado y nadie se hace cargo”.

La “letológica”, ese pretendido recurso de moderación humana nos ha llevado, por suerte, a un entendimiento de recurrentes amenazas de un lado y del otro, aunque prisioneros de hechos aberrantes que repugnan al menos pacifista de los hombres con dos gramos de cerebro, aun celebrando con la frase gatopardista aquello de que “todo debe cambiar para que todo sigue como está”, para seguirlo agregando además, ya en términos bien futboleros, que paremos la mano porque todo tiene un límite. Pero la amenaza de destrucción total sigue taladrándonos la mente; un botoncito apretado y chau Pinela. Suficiente para terminar con el mundo.

Y aquí, entre nosotros, en estas tierras del irrespeto, seguimos regidos y resignados a un vocabulario que sobrepasa todo lo previsto, ahora en boca presidencial, más allá de gallos y medianoche (que por suerte es expresión que está vigente todavía) y se sigue practicando so pena de abolir el uso de calificativos depredatorios más duros y hasta soeces. “Son los tiempos modernos -se consuelan algunos-, ¡qué podemos hacer sino nada, o poco y nada, no hay otra para el ciudadano de a píe entregado a lo que los jerarcas dispongan.

Un mundo muy loco con un país como el nuestro, más loco aún, gobernado por una diarquía que no le va a la saga. Claro, donde todo el tiempo las cosas son excepcionales (o todo lo contrario), lo que debería ser habitual aquí se pasa de la raya; pero vayamos al grano: un ejemplo muy reciente es el caso del presupuesto nacional. Quizá el país tenga presupuesto por primera vez desde el año 2023. Hasta aquí es un viva la Pepa. Con un poco de suerte, digamos. En la práctica nuestro zopenco viene gobernando desde hace dos años con los remotos números regionales que confeccionara el vetusto Ministerio de Economía encabezado por los risueños Sergio Massa y Alberto Fernández.

Asunto imposible en cualquier parte del mundo (menos aquí, por supuesto, ya que debemos aceptar que la Ley de Administración Financiera es demasiada endeble cuando la promueve un Presidente que hace uso de la verborragia como facultad al prorrogar el presupuesto del año anterior y, como si esto fuera poco, con la atribución de modificar sus partidas. Asunto que no le prohíbe, además, prorrogarlo por segunda vez, si se le antoja, como está sucediendo en el gobierno de este de Javier Milei sin cartas sobre la mesa. Nunca otro presidente tuvo durante dos años el mismo presupuesto (pero es la Argentina, claro, y aquí se condimenta cualquier ensalada del modo más grotesco; y no pasa nada).

Un país donde es excepcional lo que debería ser habitual. ¿Verbigracia? El de un Gobierno que tendrá presupuesto por primera vez desde que asumió en 2023 (¡que locura, no! Y teóricamente, este presidente gobierna hace dos años con números confeccionado por los anteriores hombres maravillas, el ex presidente Alberto Fernández y Sergio Massa su ministro de economía. Asunto imposible en cualquier rincón del Planeta que se ajusta a la Ley de Administración Financiera, que aquí es demasiada laxa, pues le otorga al presidente la facultad de prorrogar el presupuesto del año anterior y, agreguemos encima, que sin modificar sus partidas. Locura que, además, no le prohíbe prorrogarlo por segunda vez y acaso por tercera, etcétera como ha pasado en el gobierno de Milei. Nunca otro mandatario tuvo durante dos años el mismo presupuesto (¡Pero estamos en la Argentina, y todo es posible, amigo!).

Celebremos con un brindis la anormalidad, cosa insólita entonces; aunque no imposible. Esto hace muy probable que el impulsivo Javier Milei aspire a convertirse con estos numeritos en otra experiencia de esta que lleva un total de 40 años de una maltrecha democracia que trató de cambiar profundamente la estructura de la economía argentina. Asunto fallido, ya que las dos veces anteriores no lo lograron y ahora quizá, con un poco de suerte lo logre el dúo Milei-Caputo.

Esta economía cerrada y protegida, totalmente de espaldas a la ciudadanía, y con un Estado voraz y confiscatorio es el postre de la torta donde tropezamos insólitamente acaso desde que se construyó esta nación. Algunos muchachos de la empresa -no todos, por supuesto-, que se han ido especializando en recorrer los pasillos del poder antes que en aprender a competir en el exterior con número reales; son estos mismos topadores (o trepadores, mejor dicho) que vienen cerrando conocidas empresas fabricantes de todo tipo de electrodomésticos, de acuerdo a como caiga la moneda, por citar una frase timbera.

¿Qué pasó? ¿Acaso dejaron de vender? Pues no, nada de eso sucedió (una heladera, una estufa, un ventilador, son imprescindibles en cualquier hogar). Esto ha sucedido con empresas extranjeras a la que antes no le permitían importar los productos terminados de su país de origen, pero sí le permitían importar los insumos de esos productos -con el precio subsidiado del dólar oficial, es claro; y luego los ensamblaban aquí y los vendían como bienes terminados; eso sí, al precio del dólar real. Luego el margen de ganancia era enorme, pero esa ventaja se terminó cuando el gobierno de el de Milei decidió permitir una mayor importación y eliminar el impuesto supuestamente solidario del 30 por ciento que impuso el risueño Alberto Fernández; obviamente al precio del dólar (y conque ganancias).

“No, no, así no, dijeron estos chicos malos, y levantaron la planta de ensamblaje que tenían en el extremo sur de nuestra Argentina. Un espejo en el que se miran los nada lentos empresarios de Tierra del Fuego, beneficiados con una ley de promoción industrial que Fernández prorrogó casi infinitamente antes de cargar su mandolina con la promesa del año 2051, como si fuera un Rey el tipo y no un Presidente elegido democráticamente.

Ahora claro, no pocos hombres de negocios sienten nostalgia de los tiempos de Sergio Massa, tal vez el político actual que más cultivó el arte de pedir y dar favores a “tutti quanti, sean empresarios, sindicalistas, etc, etc... De hecho, el ex acomodaticio jefe de Gabinete Guillermo Francos denunció públicamente que para autorizar importaciones de insumos en tiempos de Massa a través del sistema SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina) “se pagaban coimas; con Milei Caputo y Carina, la hermana presidencial, cabe la misma pregunta, y tal vez sí, aunque es otra clase gente.

Quizá ningún fiscal investigará el enojoso asunto, quizá en la maltrecha Argentina nunca jamás, ya que es uno de los países del “Viva la Pepa”; quizá la Argentina se convirtió en uno de esos territorios con la economía más cerrada del mundo y en manos de pícaros, que se benefician al por mayor, pues claro que sí, quién lo niega. También es cierto que la competencia requiere de igualdad de condiciones y que los funcionarios y empresarios argentinos deben vérselas con un régimen impositivo depredador (nacional, provincial y municipal) y con un sistema judicial que sirve a una clase y ha hecho millonarios a los abogados de sindicatos que también han contribuido al enorme poder de los gremios y al de sus también multi millonarios líderes.

En fin, las consecuencias son menos risueñas que desastrosa: el empleo privado no creció en los últimos 13 años en el país, sino todo lo contrario, decreció. Mientras los trabajadores informales son ya más del 50 por ciento del mercado laboral. Los sindicatos, y sobre todo la decadente y bien vendida Confederación General del Trabajo, no hace alusión nunca a los que trabajan en negro; asuntos de conveniencia, es claro. Esos pobres son trabajadores que no tienen beneficios sociales y están en negro ni aportan al sistema previsional; esa es también una de las razones que explican las famélicas jubilaciones argentinas, que en manos de estos crueles funcionarios son más que suficientes. “Qué se arreglen como pueden; si los números fiscales cierran, quizá cobren mejor en otra época remota: remota claro.

Y ahora se viene, una nueva Ley Laboral, que podará más beneficios con el voto de un Congreso que cuenta con Parlamentarios, que por un sucio dinero escupiendo para arriba firman cualquier mamarracho. Sin duda apoyarán estas barbaridades tan propias de cualquier coimero, algo tan maleable en nuestra Argentina de cada día donde también el feudalismo provinciano define cualquier elección.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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