1.- La reforma liberal que busca rehacer/deshacer el gobierno de Trump comenzó en 1955 con el incidente con Rosa Parks (mujer negra que se sentó en zona de blancos en un autobús y fue agredida), iniciando el movimiento por los derechos civiles que culminó con la Ley de Derechos Civiles de 1964 para terminar al menos legalmente con la segregación de los negros. En 1965 el presidente Johnson aprobó quince leyes de su proyecto de Gran Sociedad, aprovechando la mayoría demócrata en las dos cámaras y el clima liberal dejado por los nuevos derechos civiles: derecho al voto, asistencia a educación pública y religiosa, presupuesto nacional para las artes, leyes contra la contaminación ambiental, Medicare (ayudas a mayores de 65 años) y Medicaid (salud para familias pobres). La Corte Suprema colaboró con la oleada de derechos liberales: píldora anticonceptiva, fin de rezos en escuelas públicas, acción afirmativa (trato preferencial a minorías para evitar discriminación) y aborto, culminando el ciclo en 1973 con el caso Roe vs. Wade para legalizar el aborto por violación. Todos estos avances de la revolución liberal de Johnson quieren ser revocados por la contrarrevolución tradicionalista de Trump.
2.- La contrarrevolución tradicionalista interna de Trump apunta a desmantelar ese Estado social liberal. Hasta la nominación de Trump para su primera presidencia en 2016, la derecha estaba dominada por el espacio conservadurismo-neoconservadurismo básicamente intelectual y se basaba en derechos morales y en la defensa del american way of life en el exterior por el avance del comunismo y sus aliados: coreanos, vietnamitas, cubanos y musulmanes radicales. El gobierno conservador de Nixon (1969-1974, por su renuncia en escándalo Watergate) apostó al endurecimiento imperial en América pero a la geopolítica liberal en Europa con el acercamiento a Moscú y a China; el gobierno conservador de Reagan (1981-1989) jugó por el conservadurismo interno económico fiscal, el acoso contra comunistas latinoamericanos y la competencia militar con Moscú para reventar al imperio soviético; el gobierno conservador de un periodo de George Bush Sr. (1989-1993) capitalizó la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética pero abrió el frente del medio oriente con los radicalismos árabes capitaneados por el iraquí Sadam Hussein; y el gobierno conservador George Bush Jr. (2001-2009) se despreocupó por Rusia, se centró en combatir a Hussein y el terrorismo árabe radical y consolidó la reforma fiscal y desreguladora. En este sentido, el conservadurismo en la Casa Blanca (veinticinco años con cuatro presidentes, con alternancias demócratas de Carter, Clinton y Obama) destinó más tiempo a defender el sistema capitalista en el exterior que a fortalecer valores conservadores locales del pasado.
3.- El ascenso de Trump a la candidatura y a la presidencia en 2016 y 2024 provocó un realineamiento conservador en dos grandes grupos: los conservadores-neoconservadores de los sesenta y los tradicionalistas (nueva derecha, derecha alternativa, kukuxklanes, supremacistas, wasp) que fundaron la nación y que hoy reclaman --entre otros aspectos-- la forma en que los valores originales de raza, color de piel y religión se han ido perdiendo por la migración sobre todo hispana que podría ser la primera minoría después del año 2060. Los estadunidenses de condado y de granjas –células sociales exageradamente conservadora-- salieron a votar para completar los votos de los conservadores-neoconservadores. Los ciudadanos de condado, de acuerdo con la investigación de Katherine Cramer --The Politics of Resentment--, fueron a votar contra la burocracia que vive de los impuestos de los ciudadanos que trabajan y se han convertido en un poder autónomo de la sociedad, lo que animó la vertiente anti Estado, anti política, anti sistema y anti burocracia estatal de Trump.
4.- En este escenario se debe localizar la punta de lanza del proyecto Trump: como empresario que fue avasallado por el Estado, ahora desde el poder tiene el objetivo de revelar la existencia de un Estado profundo y su correlativo Estado administrativo y fiscal que controla al Estado social y sus decisiones inclusive al margen y por encima del Congreso. La meta de Trump es la “deconstrucción” --concepto sociológico-- del Estado paralelo (la burocracia como poder autónomo) dominado por una democracia más liberal que conservadora. El establishment liberal agrupa intereses precisos: militares, industriales del armamentismo, prensa, grupos financieros, seguridad y espionaje, energético, intelectuales del poder y burocracia.
5.- Los valores de la derecha tradicionalista se fortalecieron con Trump: aislacionismo, mejor manejo del presupuesto público, fin a subsidios a prácticas liberales, Estado-nación, antiglobalización y burocracia sometida a los funcionarios.
6.- Ciento cincuenta años después del discurso de igualdad de Lincoln y alrededor de medio siglo después de la revolución liberal de Johnson, la derecha tradicionalista retoma la fuerza que alcanzó hasta 1950 pero que fue aplastada por el riesgo comunista en Corea en 1951 y luego en Vietnam como amenazas al american way of life. Por eso Trump ha fijado tres ejes de su oferta tradicionalista: a) rescate del dominio de la raza blanca, anglosajona y protestante, b) regreso al aislacionismo y c) deconstrucción del Estado liberal y de su burocracia.
7.- En este sentido, los análisis sobre el gobierno de Trump deben tomar en cuenta un posicionamiento ideológico histórico de Trump en sus comportamientos autoritarios, porque sabe que por la diplomacia y la política no avanzarán en la recuperación del país, del Estado y del gobierno para los estadunidenses de condado. A base de comportamientos autoritarios Trump ha avanzado en contra del Estado liberal y su establishment formado por grupos dominantes de poder: la prensa liberal, la academia, las mujeres subsidiadas, las universidades públicas liberales que han cerrado sus puertas a los conservadores y hasta los intelectuales conservadores que han llegado a una connivencia con los liberales para lograr un cruce de intereses y formar corrientes de pensamiento conservador-liberal y liberal-conservador. Ciertamente su propuesta implica un regreso de la historia y una verdadera contrarrevolución tradicionalista, pero los liberales se han querido quedar con todo el poder y se fueron cerrando a los valores conservadores rompiendo el equilibrio ideológico que permitió la consolidación imperial de finales de la segunda guerra mundial a las elecciones presidenciales de 2016 y de 2024. Mientras los liberales se sustentan en el poder de la cultura, los tradicionalistas se apoyan en el autoritarismo de personajes tipo Trump.