A este paso, no va a quedar pollo con cabeza en el PSOE. Todos decapitados por meter mano en la caja o por acosar sexualmente a las mujeres que pasaban por ahí. Lo paradójico es que los que han nombrado a los ladrones o violadores “nunca sabían que se dedican a robar o violar”. O, quizás, imitaban al gran jefe dedicado en cuerpo y alma a mangonear sin pudor, siempre pertrechado por su mujer, los dineros de la OMT, de Air Europa o de Dominicana, como acaba de saberse. Y en esa barra libre del Consejo de Ministros y aledaños cada cual comía o bebía a su gusto ante el aplauso general. La lista de los delincuentes no cabe en este editorial. Se eternizaría. Todos, eso sí, son amigos fraternales de Pedro Sánchez, hombres de su máxima confianza o, como diría María Jesús Montero, personas íntegras por las que pondría la mano en el fuego.
Y con las manos chamuscadas, Pedro Sánchez al conocerse el nuevo escándalo por la presunta violación cometida por el DAO de la Policía, acaba de convocar una rueda de Prensa, no para pedir perdón a la víctima, no para anunciar la destitución del ministro del Interior por nombrar y llevar años junto a un presunto violador, archiconocido por tales prácticas. Aunque, según el ministro y el presidente, “no tenían ni idea”. “Se enteraron por la Prensa”. Y, naturalmente, tontos o mentirosos, jamás sospecharon de las aficiones del “escolta” que acompañaba siempre a Marlaska. Faltaría más.
Como poco, es sorprendente que de entre los dirigentes más poderosos del PSOE pocos se salven. Más aún, que Sánchez haya los haya nombrado “con orgullo”. Y esta es la gran trampa. Que quien los ha nombrado tenga la desfachatez de aparecer ante los medios de comunicación precisamente en el momento de conocerse el escándalo para jurar y perjurar que no sabía nada. Para apuntalar al ministro que ha nombrado al presunto delincuente y, de paso, para culpar al PP que pasaba por ahí. Y ello, a pesar de que la víctima del jefe de la policía denunció la presunta violación hacía un mes largo. Pero, por lo visto, nadie se enteró. Desde luego, ni Sánchez ni Marlaska, tan ajenos como feministas de boquilla o, más bien, machistas irredentos. Ya sólo cabe esperar a saber lo que pasará. De momento, José Ángel González, el policía acusado, ha dimitido. Marlaska ha amagado con irse si la víctima se lo pide, que no lo hará; ya se sabrá por qué. Y Sánchez ha aprovechado para lavarse las manos y, eso sí, cargar contra el PP. Pues su norma no escrita es acusar al PP de todas las tropelías, de todos los robos y de todas las violaciones de su Gobierno y de su entorno. Pues todos esos delitos, y los que vendrán, son consustanciales con la derechona que, por tanto, no tiene derecho a “dar lecciones”. Aquí solo él es ajeno a todo, aunque también, un experto en taparlo, un experto en contar sus mil y un cuentos chinos. Para empezar, los tejemanejes de su mujer y el pucherazo que dio en las primarias para alcanzar el poder, para ser quien es: el último, por no decir, el mayor tramposo de la política española.