www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El liderazgo como misión moral

lunes 02 de marzo de 2026, 19:53h

El Ius Romano era un Derecho imperial y pagano que se convirtió en cristiano a base de zurcidos habilísimos, pero conservando, en un primer momento y como fundamento invariable, la original idea romana, la fuerza, en pugna con la idea cristiana, la caridad, la misericordia, en suma, el amor. Finalmente, el Derecho Romano acabó civilizado por el cristianismo, dejando a un lado la fuerza para hacerse más apacible, más humano. Sirva esto como pórtico a la distinción entre un liderazgo basado en la fuerza y la imposición y un liderazgo basado en la acogida y el agradecimiento, o sea, en el amor, en la entrega desinteresada. Un liderazgo como misión moral, de corazón a corazón. De ahí, la fecunda idea de liderar a corazón abierto.

En la abundante literatura sobre liderazgo de las organizaciones que proliferan en tiempos de crisis suele enumerarse un sinfín de cualidades que todo líder que se precie ha de albergar. Entre ellas suelen estar ausentes la sencillez, el servicio y la humildad. Poco o nada se dice acerca de que un líder debiera ser sencillo, servicial y humilde. Es como si tales atributos estuvieran reñidos con el liderazgo, al que se reviste más con ufanos ropajes de autosuficiencia y de imposición. Y, sin embargo, sencillez, servicio y humildad resultan inherentes a un líder porque no hay mejor liderazgo que el servicio. La verdadera autoridad no reside en el dominio, sino en el servicio, y es de modo sencillo y humilde como mejor se sirve.

¿Un líder sirviendo al grupo? ¿Un líder a disposición de los demás? ¿Cómo? Ayudando, alentando, escuchando, compartiendo, acompañando; en suma, caminando al lado de los otros, ya sea en vanguardia, retaguardia o entre líneas, a fin de que nadie se extravíe o ninguno se autoexcluya. El recto liderazgo consiste en dar más que en recibir, porque para enriquecerse hay que desprenderse, para tener hay que dar, para ganar hay que perder. El buen líder pone su talento al servicio del grupo. Sabe que sus cualidades resultan más provechosas si las comparte ya que enriquece a los demás y se enriquece él mismo. Y a cubierto de recelos, envidias y competencia, el grupo se cohesiona vivamente, crece y se hace grande. Es la grandeza del desprendimiento; la esencia del altruismo.

A través del discurso cultural hoy dominante se ha generalizado la imagen del líder como una especie de superhombre que todo lo puede. Pero no es el líder por sí solo quien mueve y hace avanzar a las organizaciones o a los grupos humanos, sino la urdimbre de lazos y afectos dignos y solidarios que el líder sabe tejer entre sí y sus colaboradores, abriendo ventanas, rompiendo candados, generando cercanía, acortando distancias, reconociendo errores y bajándose los humos. No se es nada ni nadie si no somos con alguien y para alguien. El liderazgo no es una estación de llegada, sino de partida; no es un destino, sino un origen; no es un fin, sino el principio de un gran proyecto al servicio de los demás con grandeza de ánimo y espíritu de magnanimidad y, por supuesto, con alegría. La alegría del servicio. Por eso, el liderazgo es una misión moral. Porque un líder ha de formar líderes. Esa es la misión del liderazgo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios