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Pongocondon puntocom

jueves 18 de diciembre de 2008, 22:28h
Estoy seguro de que ninguno de los lectores que habitualmente se asoman a las páginas virtuales de este diario digital, se extrañarán del título, ni siquiera de la ortografía del mismo. Sabrán inmediatamente de qué se trata y lo relacionarán con ese breve video que ha aparecido en los medios de comunicación, en que dos jóvenes atractivos se solazan en un sofá, hasta que de pronto la chica se levanta y le dice al chico algo difícil de comprender y que suena como el título de este artículo. Conforme se suceden las imágenes vamos entendiendo de qué va, pero el sentido de las palabras se sigue mostrando esquivo –al menos a quien esto escribe. Se trata del mensaje que el Ministerio de Sanidad envía a los jóvenes españoles para que se pongan un preservativo cuando hacen el amor.

No voy a entrar en el fondo del asunto, sobre la oportunidad de producir y emitir el anuncio. Supongo que a los responsables políticos no se les ocurre otra cosa ante el creciente número de embarazos no deseados que se producen entre los adolescentes y ante el hecho, al parecer indiscutible según las encuestas, de que cada vez es más baja la edad en que ocurre la primera relación sexual “plena”. La medida parece razonable y a muchos nos parecerá que está justificada. Pero mi propósito es reflexionar sobre la forma, y no la causa y fondo, del anuncio. Me pregunto si es buena estrategia adoptar un lenguaje material, estético y simbólico que imita el propio de los adolescentes, de aquellos, precisamente, que parecen necesitar el mensaje.

Hace algunos años la Agencia Estatal Antidroga elaboró un sofisticado (visualmente hablando) anuncio en el que se veía a unos muchachos de aspecto “cutre-urbano” decir que era “mejor sin drogas”, mientras se les veía mirar al infinito sentados al borde de una piscina situada en la terraza de un rascacielos. Todo maravilloso, y, claro, mejor sin drogas. Afortunadamente, el anuncio desapareció y la Agencia en cuestión cambió radicalmente la lengua de sus mensajes. Me pregunto si Sanidad no comete ahora un error semejante al impostar el estilo de los receptores: el tono rapero usado para dar un mensaje, cuyo contenido implica pedirle hacer algo que el adolescente no haría de suyo. El “sistema” quiere que te pongas condón. Detectarán, me temo, la nota falsa y se lo pondrán o no, pero lo harán desde el orden interno de razones y valores de su mundo, del que cada vez sabemos menos.

En el lenguaje rapero usado en el anuncio desaparece la delicada articulación de la sintaxis, con sus implícitos. “Yo pongo condón”... Ni siquiera el pronombre personal que articula adecuadamente la acción. Así las cosas, la expresión puede significar que coloco el objeto de marras sobre el mango de un tenedor y hacemos una gracia. He de confesar que no sé como tendría que articularse el estilo y contenidos de un mensaje como el que analizamos, pero sí sé que el feísmo, la vulgaridad, el desaliño y, sobre todo, la absoluta falta de humor, no son los mejores instrumentos. El adolescente dispone de un sensible y experimentado dispositivo para detectar lo falso. Y odia, por encima de todo la impostura.

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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