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EDITORIAL

Como en un chiste de Gila, Sánchez va a la guerra después de proclamar el “no a la guerra”

EL IMPARCIAL
viernes 06 de marzo de 2026, 08:23h

Da la impresión de que suena la voz de Gila cuando Pedro Sánchez habla de la guerra. Como si preguntara por el enemigo al descolgar el teléfono. Porque las guerras del líder socialista son más imaginarias que las del genial humorista. Dice “no a la guerra” para resucitar el viejo eslogan electoral del PSOE y, a las pocas horas, envía al frente a más de 200 militares embarcados en la fragata Cristóbal Colón, el buque de guerra español más moderno, más avanzado tecnológicamente de nuestra Armada, cargado de armamento, que dispone de dos lanzadores cuádruples de misiles, dos lanzadores dobles de torpedos y un cañón de cinco pulgadas con capacidad de disparo de 20 proyectiles por minuto. Pero el chiste llega cuando el portavoz de Moncloa dice que se trata de una operación “para contribuir a la paz”, como si los misiles fueran alimento y medicinas para ayudar a los damnificados del conflicto. Como si se tratara de una ONG, no de un arma de guerra del Ejército español. La fragata ya surca los mares camino de su destino, como es habitual, sin que la decisión de participar en el conflicto de Irán haya sido aprobada en el Congreso de los Diputados no vayan a descubrir la verdad sus socios y los españoles engañados por el mitin de Sánchez.

También sonó a chiste que la ministra de Defensa se reuniera con el embajador estadounidense poco después de la arenga pacifista de Sánchez con su traca final del “no a la guerra”. El PP asegura que Margarita Robles entonó durante la recepción un “viva Trump”, pero Moncloa lo desmiente tan tajantemente como desmiente Albares en los micrófonos de la Ser todo lo que se dice y escribe sobre la “colaboración” de España en la guerra.

Cuando Estados Unidos atacó Irán, Pedro Sánchez creyó que le había caído del cielo su tabla de salvación ante las elecciones. Que el “no a la guerra” era el misil que necesitaba para aniquilar a la Oposición llevando tras de sí, cual flautista de Hamelín, a todas las ratas de la fachosfera. Ocurre, sin embargo, que la estrategia empieza a fallar. Trump le arrea sin piedad, le ridiculiza. El embargo anunciado puede arruinar la economía española y el presidente, además, se ha visto obligado a participar en la guerra nada más entonar el “no a la guerra”. Ya se lo ha recordado Podemos que no se fía de él ni en broma. Esta vez, la propaganda se hunde antes de empezar la batalla. Por falsa, por cínica y por ridícula. Los grandes diarios norteamericanos, como The New York Times y The Washington Post, que no son precisamente pseudomedios digitales de la derechona, se mofan del “tonto útil de Irán”, del “torero que va a ser corneado” del “rezagado de la OTAN”, del “referente de los progresistas frustrados de Europa”, de estar “en caída libre en las encuestas por sus escándalos”. Y es que, ya no engaña a nadie. Ni siquiera a esos votantes a los que quería atraer a su redil pacifista.

Más que tocado, el barco socialista está hundido. Y no reflotará ni con cien guerras. Pues al final, el líder socialista que enarbola la bandera pacifista tiene que permitir que a diario y a la vista de todos entren y salgan aviones y buques de guerra desde las bases españolas de Rota y Morón, al tiempo que envía una fragata armada hasta los dientes para “colaborar” junto al Ejército estadounidense en el conflicto de Irán. Tal y como dijo la portavoz de la Casa Blanca, por mucho desmentido que a voz en grito proclamara Albares desde los micrófonos amigos. Pero el que nunca calla es Trump que a Sánchez, más que a nadie, le aplica la máxima de que “en la guerra como en la guerra” y sin remilgos le atiza un guantazo cada día, el último “por perdedor”. Sólo falta la voz de Gila al teléfono para troncharnos de la risa. Aunque el presidente del Gobierno ya es el hazmerreír en todo el mundo por su chiste del “no a la guerra”.

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