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EN LA FRONTERA

La vida después del adiós

sábado 07 de marzo de 2026, 19:42h

La verdad es que esta semana he tenido muchas dudas sobre el tema a tratar en el artículo, sobre todo después de haber escuchado y visto como una “actriz”, Silvia Abril, en la alfombra roja de los Premios Goya, con un tono condescendiente, se negó a aceptar que “la juventud actual tenga interés por lo cristiano” expresando una profunda incomprensión y falta de respeto por las decisiones personales de los que forman esta nueva generación y calificar a la Iglesia como un “chiringuito”. Todo ello por el interés despertado por la película “Los Domingos”, que acaparó la mayoría de los Premios Goya. La “actriz” no ha hecho otra cosa que insultar a la inteligencia y la libertad de conciencia de aquellos que no piensan como ella, o lo que es lo mismo, que la libertad de expresión no debe ser escusa para la falta de respeto.

Dicho esto, he creído que necesitaba algo más para calmar mis posibles reacciones y me he dedicado a leer un libro que con el título que encabeza este artículo “La vida después del adiós” me ha impresionado y me ha llegado a lo más profundo de mi ser. Su autor, Alfonso del Corral, eminente traumatólogo y exjugador de baloncesto del Real Madrid, reflexiona sobre como la Fe puede ofrecer respuestas cuando la lógica falla, y cómo, incluso ante la muerte, la esperanza puede hallar un camino. Tengo que decir, que durante la lectura ininterrumpida del texto he descubierto que sentir la presencia de Dios nos ayuda siempre a llenar el vacío y que nos da fuerza cuando más lo necesitamos.

Recomiendo a Silvia Abril la lectura del libro, con la esperanza de que le ayude personalmente y que piense que los que tenemos Fe, un don que nos llega sin haberlo perdido, tenemos el sentido de “poner la otra mejilla” cuando nos ofenden gravemente, y que ella, que es humorista debe saber que la sociedad, sí, necesita humor, pero que nos una, no un humor que margine y que se burle de la Fe y de los valores de una gran parte de nuestra población.

Quiero ahora recoger parte de un magnífico artículo de un sacerdote, Francisco Bronchalo, en el que hace a Silvia Abril la siguiente pregunta: "¿Sabe por qué muchos jóvenes, y también adultos, vuelven a lo cristiano? No es que volver sea una carencia. Es que tienen carencias porque han crecido rodeados de cosas, pero vacíos de sentido. Mucha gente de las generaciones anteriores les han dado de todo pero les han negado lo más importante. Cuando alguien tiene frío, busca un refugio donde haya fuego, ese fuego que a veces se les ocultó. Necesitan creer porque, como usted y como yo, sufren, lloran, se angustian, tienen miedo y experimentan debilidad. Porque ven la vida con profundidad y no se conforman con que sea solo lo que se les ha ofrecido. Sus declaraciones suenan a cierta superioridad moral, como si ser frágil y apoyarse en la fe fuera algo vergonzoso, como si tuviéramos que ser superhéroes perfectos que nunca fallan. Y luego nos preguntamos por qué la salud mental es un problema creciente”.

Yo por mi parte, me pregunto por la necesidad que tienen estos personajes, sino no son creyentes. de hablar de los católicos y de los cristianos. ¿Tanto les preocupamos? Que alguien me lo explique, mientras yo releo “La vida después del adiós” y doy las gracias y mi enhorabuena a Alfonso del Corral.

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