Después del carrusel de fracasos electorales de Sánchez, de las constantes humillaciones y burlas de los dirigentes internacionales, de abucheos estruendosos cada vez que pisa la calle, todavía hay políticos y abundan los tertulianos, que tienen la osadía de hablar de los éxitos del presidente del Gobierno. Son los mismos que rematan sus argumentos con la frase, “según la mayoría de españoles”. Que exhiben una superioridad moral impostada. Pero, mal que les pese, cada vez son menos. La izquierda se desvanece a medida que sus líderes se llenan los bolsillos mientras hablan de “defender a los más vulnerables”, que son, precisamente, los que no llegan a fin de mes, incluso algunos pasan hambre y sufren la indigencia gracias a los “escudos sociales” de pacotilla que cada día inventan y venden los ministros del Gobierno, especialidad en la que destaca sobremanera Yolanda Díaz con sus “acuerdos sociales” en los que tienen prohibida la entrada los empresarios. Esos “capitalistas” que son los que crean puestos de trabajo y producen la riqueza de nuestro país, aunque la vicepresidenta a punto de jubilarse todavía no se ha enterado. La ministra de Trabajo prefiere hinchar las cifras del empleo con los fantasmales “parados discontinuos” que vienen a ser los que no trabajan pero cobran. Mientras, Sánchez se inventa “una herramienta para combatir el odio”. No tiene nada mejor que hacer.
Aseguran sin reparo los tertulianos y políticos en declive, que la gran mayoría de españoles aplaude la oleada de inmigrantes irregulares y bien subvencionados que llega a España. Esa mayoría que acusa de “matón y fascista” a Trump, que defiende a los criminales que gobiernan Irán y vejan a las mujeres casi tanto como admiraban a Maduro y que cree que todos los votantes de derechas son fascistas y machistas. Porque para ser feminista hay que votar, como poco al PSOE de Ábalos, Salazar y compañía. Esa falsa mayoría, además, tiene la desfachatez de poner a España de ejemplo de democracia plena, después de atestar los juzgados de dirigentes, incluso ministros acusados de corrupción o violaciones sin olvidar al conocido fiscal general del Estado que fue condenado como delincuente por el Tribunal Supremo, pero que terminará de ministro de Justicia si Sánchez sigue en Moncloa el tiempo suficiente. En efecto, una democracia plena.
Ocurre, sin embargo, que en democracia, mal que les pese a esos izquierdistas de banderolas, las mayorías se miden en las urnas. Y en lo que va de año, la llamada “progresía” ha sido arrollada sin contemplaciones por los partidos de la derecha en las elecciones en Extremadura y Aragón. De modo que, un tertuliano o político sanchista miente a sabiendas cuando habla de los “éxitos” del presidente del Gobierno o de lo que piensa la mayoría. Porque la mayoría piensa lo contrario de lo que ellos dicen y el único éxito del inquilino de La Moncloa consiste precisamente en eso: en aguantar en La Moncloa en contra del clamor de la inmensa mayoría de los españoles. Por eso, no se atreve a sacar una urna a la calle no vaya a tener que salir corriendo de palacio. Porque sólo le apoya una minoría. Pero una minoría que disimula su odio creando una “plataforma” para combatir el odio. Lo que siempre se ha llamado censura.