El resultado de las elecciones de Castilla y León confirma que el PP, con una gran victoria, la tercera consecutiva, se erige en el único partido que puede gobernar España, pero, dependiendo siempre del apoyo de Vox. Entre los dos partidos ya acaparan el 60 por ciento del voto de los españoles. Pues el PSOE ha intoxicado a toda la izquierda por blindar a Pedro Sánchez en el poder, por ser cómplice del peor presidente de la democracia.
Ni la abrumadora propaganda socialista con la pancarta del “no a la guerra” le ha valido a Pedro Sánchez para ganar, aunque ha sumado dos escaños. Pero ha vuelto a perder unas elecciones por el cinismo de intentar enarbolar su pancarta “pacifista” en una mano, mientras con la otra cobraba (y sigue cobrando) una millonada de los impuestos por la subida de los precios del combustible, la energía en general y los alimentos. Y por la calculada apatía en tomar las medidas para aliviar a los ciudadanos de los estragos económicos del conflicto.
Se confirma de nuevo, que en su mayoría, los españoles apuestan por un gobierno de la derecha y, sobre todo, por acabar con el invento Frankenstein de Pedro Sánchez. El PP y Vox, pues, están obligados a entenderse, a llegar a acuerdos para gobernar en Extremadura, Aragón y, ahora, en Castilla y León. Los intereses partidistas no pueden estar por encima de los intereses de los ciudadanos. Ya es hora de que Feijóo y Abascal se pongan de acuerdo ya sea con gobiernos de coalición o con acuerdos puntuales. Pero no puede prolongarse más este enfrentamiento permanente entre los partidos que deberían sustituir al frente del gobierno de España a la coalición formada por Sánchez y el batiburrillo de partidos de extrema izquierda.