Ya está demostrado el fiasco cometido por Pedro Sánchez al enviar ministros al matadero de las elecciones autonómicas. El truco de la candidatura de Pilar Alegría en Aragón ha resultado una catástrofe al cosechar el peor resultado de la historia del partido en la región. Y a las puertas de las elecciones andaluzas, María Jesús Montero se teme lo peor ante la unanimidad de las encuestas al otorgar a Juanma Moreno una rotunda victoria, incluso llegando a la mayoría absoluta en casi todas.
Porque, haber pertenecido al Gobierno Frankenstein y ser sanchista, aunque al líder socialista le pueda extrañar, es una rémora. Más aún, para la ministra de Hacienda que, además, es la protagonista de asfixiar a los españoles con unos descomunales impuestos que se pierden en la marabunta de corruptelas, comisiones sin freno y viajes de lujo de ministros como Yolanda Díaz en sus tours turísticos por el mundo a costa del contribuyente.
Ocurre, sin embargo, que en Cataluña gobierna el PSOE por la clara victoria de Salvador Illa. Pero Pedro Sánchez quiere parar los pies al presidente de la Generalidad que se disponía a llegar a un acuerdo con Junqueras para aprobar los Presupuestos. Y para lograr el apoyo de ERC, el PSC tenía que conceder la independencia fiscal a Cataluña y cumplir así con el pacto de investidura, bendecido y aplaudido por el propio Sánchez. Pero ahora, con las elecciones andaluzas en el horizonte cercano, “regalar” el IRPF a los catalanes no era un buen eslogan para María Jesús Montero, que bastante tiene con tener que abandonar el Gobierno para irse a la Oposición, donde va a ser humillada y vejada por el PP, su gran enemigo. De modo, que Sánchez ha ordenado a Illa que guarde en el cajón la independencia fiscal de Cataluña. Que ya llegará cuando a él le interese, no cuando decida el presidente de la Generalidad que no es más que su subordinado.
Y así gobierna Pedro Sánchez. Mirándose al ombligo. Preocupado sólo y exclusivamente por amarrarse a la poltrona de La Moncloa desesperadamente. Tanto que es capaz de llevar tres años incumpliendo la Constitución sin dedicar un minuto a aprobar los Presupuestos Generales del Estado y ahora dice que no tiene tiempo porque está dedicado en cuerpo y alma en gestionar “la peor crisis de su mandato”, como si tuviera algún papel en la guerra de Irán, cuando está marginado de todas las reuniones de la UE y olvidado en la OTAN por ser el peor aliado, al menos “el más tacaño”, como dice Trump. Se limita a agitar las protestas y manifestaciones contra la guerra a través de sus redes sociales. Y a eso, está dedicado en cuerpo y alma. En efecto, agotado está el pobre.
Pero a Illa le deja sin presupuestos. Y, según muchos analistas, hasta barrunta obligarle a romper las negociaciones con Junqueras para adelantar las elecciones catalanas con la esperanza de volver a ganar y cambiar el tercio de encadenar derrotas autonómicas sin tregua. No parece probable que llegue a tanto. Pero todo es posible en Moncloa. Porque en palacio lo único que cuenta es el ombligo de Pedro Sánchez. Los Presupuestos generales del Estado y los de Cataluña pueden esperar.