Nunca ha sido fácil ser cura en nuestro país, digan lo que digan unos u otros. Recordemos, por ejemplo, el dicho popular que” siempre hemos ido delante o detrás de los curas, bien con una vela o con un palo”. Y hoy esa cera y esa madera se han convertido en formas de juzgar a jóvenes que, con una vocación o una llamada, intentan cumplir una función, para mí fundamental, dentro de la Iglesia y sobre todo en nuestra sociedad.
La vocación ha sido el tema importante, pues no podemos olvidar tampoco, como en tiempos no muy lejanos, ciertos eclesiásticos se presentaban en pueblos y en pequeñas ciudades para hacer “recolecciones” de niños de familias muy pobres para llevarlos a estudiar a los seminarios, con lo cual esas familias se veían libres de, por lo menos, una carga económica. De ahí, que años después y sobre todo, tras el Concilio Vaticano II, hubiera una salida de muchos de aquellos jóvenes que ya sacerdotes pidieron la secularización.
Este año, bajo el lema “Deja tus redes y sígueme”, la Iglesia de nuestro país celebra el Día del Seminario, con cierto optimismo , pues las diócesis españolas cuentan con 1.066 seminaristas en el presente curso, 30 más que el pasado. Jóvenes que han decidido escuchar la llamada de su vocación a Dios y responderla, dando un paso al frente pues según los datos presentados, del total de candidatos al sacerdocio, 854 se forman en los 67 seminarios conciliares diocesanos y 212 en los 14 seminarios misioneros internacionales Redemptoris Mater, vinculados al Camino Neocatecumenal.
En cuanto a las ordenaciones, el año 2025 se cerró en nuestro país con 58 nuevos presbíteros, cifra que se vincula directamente a las ordenaciones diaconales del año anterior. Con una edad media que oscila entre los 25 y 30 años, estos futuros pastores representan el compromiso de una Iglesia que sigue buscando caminos para invitar a las nuevas generaciones a dejar sus redes y seguir a Jesucristo.
De ahí la importancia, a mi parecer, de la carta-mensaje de Luís Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española que nos recuerda que “ No se trata de decir que haya más sacerdotes para que los laicos tengan menos trabajo. No se trata de decir, como hay menos sacerdotes, que los laicos hagan muchas cosas en el interior de la comunidad cristiana. No. Cada cual tenemos un lugar propio en la vida de la Iglesia, en torno a la Eucaristía, para vivir nuestra vocación. Y, si somos fieles cada uno a nuestra vocación, desearemos las demás vocaciones porque son recíprocas entre sí. No hay pastor sin pueblo, no hay cabeza sin cuerpo, no hay esposo sin esposa. Las vocaciones se necesitan las unas a las otras para expresar juntos que somos el pueblo de Dios, que tiene la forma del cuerpo de Cristo y que, dóciles al Espíritu Santo, queremos dejar nuestras redes para seguir al Señor”.
Por todo ello, el Arzobispo de Valladolid nos pide que oremos por las vocaciones y lo hagamos “creciendo todos, cada cual en nuestra respectiva vocación, porque desde ahí aparecerá, ¡cómo no!, la necesidad de ser cuidados, acompañados, pastoreados por el ministerio ordenado. Pidamos haciendo propuestas concretas a niños, adolescentes, jóvenes, mayores, para que se pongan ante el Señor y le digan: Señor, ¿qué quieres que haga?; para que estén dispuestos a dejar las redes en las que, incluso, puedan estar enredados, otras redes que son las de los trabajos, las de los estudios, las de los afectos y familias y decidan seguir al Señor, seguirle queriendo formar su corazón para vivir la caridad pastoral”.
O lo que es lo mismo, y esto lo digo yo, es difícil, como siempre, ser cura, Apoyemos, pues, su vocación.