www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ensayo

Juan Soto Ivars: Esto no existe

lunes 23 de marzo de 2026, 00:30h
Actualizado el: 24 de marzo de 2026, 18:40h
Juan Soto Ivars: Esto no existe

Debate. Barcelona, 2025. 448 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Carmen R. Santos

“¿Cómo puede tener lugar un debate en el que una parte no rechaza la postura de su adversario, sino su derecho a existir?” se preguntó, y nos preguntó, hace algunos años el Premio Pulitzer norteamericano David Mamet, quien ya en un lejano 1992 escribió una pieza teatral, Oleanna, donde puso sobre el tapete el acoso sexual y el machismo, en un intenso conflicto que enfrentaba a una alumna y a su profesor. La primera le pedía explicaciones sobre su suspenso y al considerar que la trata con displicencia le acusa de acoso y misoginia, lo que provoca muy graves consecuencias para el docente.

Mamet cometió el pecado de no escribir una obra de buenos y malos, en la que de manera automática no resonase el grito “Hermana, yo sí te creo”. El mismo que cometió Margaret Atwood, al verse obligada a interrogarse “¿Soy una mala feminista?”, a pesar de ser la autora de la distopía claramente feminista El cuento de la criada, ante las recriminaciones por no ser más contundente en la defensa del #MeToo, y rechazar los linchamientos que dinamitan la presunción de inocencia.

La cancelación, lo políticamente correcto y lo woke han ido creciendo de tal manera que, como señaló Mamet, no se busca el debate, la manifestación razonada de posiciones contrarias sino negar el derecho del adversario a existir, tachándole de “fascista” -en una manipulación de lo que verdaderamente significó-, y, por supuesto, afirmar que lo que dice es directamente mentira.

Uno de los últimos y más flagrantes ejemplos es el sucedido con el escritor y periodista Juan Soto Ivars y su libro Esto no existe Las denuncias falsas en violencia de género. De distintas formas –“invitaciones a librerías a que no lo vendieran o no lo pusieran visible, “ordenes” de cancelación…- se han sucedido las coacciones por parte de figuras y organizaciones de la izquierda y el feminismo radical y dogmático hasta llegar a un violento escrache para impedir que el libro se presentara en el Centro Andaluz de las Letras de Sevilla.

Soto Ivars ha tenido la valentía de abordar un tabú, y eso se paga. Quienes le ponen en la picota ni siquiera han leído su trabajo, pues de hacerlo, naturalmente sin mala intención de antemano o prejuicios, verían que en absoluto niega la intolerable lacra de la violencia doméstica, su gravedad y cómo todos debemos ser muy conscientes de ello.

Pero esto no significa que no investigue la interesada tergiversación de que solo el 0,01% de las denuncias de violencia de género son falsas y dé voz a quienes las padecen: “No se hace daño diciendo la verdad, sino callando. Si ayer se callaba sobre la vida oculta y martirizante de las mujeres maltratadas y encerradas con una bestia, hoy se calla sobre la vida oculta y martirizante de los hombres enganchados en los resortes puntiagudos de un mecanismo de protección bienintencionado y colosal, e indiscutible y aterrador, protegido de la crítica con chantajes y cinismo”. Son las “víctimas, en suma, de un tipo de maltrato que algunas mujeres perpetran, empleando como arma el escudo que el Estado entregó a otras totalmente diferentes: las maltratadas”.

El trabajo de Soto Ivars no está elaborado a la ligera. Por el contrario, tiene un sólido apoyo documental tras años de indagación, desechando informaciones de dudosa procedencia o no contrastadas: expedientes, testimonios de afectados, con historias particulares, de abogados y jueces, que revelan cómo las denuncias por malos tratos se emplean con frecuencia en los divorcios y rupturas de pareja, que llevan a detenciones inmediatas, estigma social muy difícil después de anular, casi un millar de fuentes bibliográficas, recogidas en un copioso aparato de notas…

El escritor y periodista murciano aborda también, entre otras cuestiones, el doloroso asunto de la denominada “violencia vicaria” y la torticera tesis de que únicamente la pueden cometer hombres, cuando no es así. Estos casos se airean, en la mente de todos está, por ejemplo, el espeluznante de José Bretón, mientras que se corre un tupido velo por los perpetrados por mujeres, y se opacan los asesinatos, evidentemente en menor cantidad, de mujeres hacia sus parejas, la ley trans, que ha dado pie a espurios aprovechamientos, las reacciones al feminismo sectario, que no deja de estar produciendo un indeseable rebrote de una cierta misoginia, la equiparación de un crimen con la de un insulto, sin duda condenable pero no comparable, bajo la rúbrica de “violencia de género”, la guerra de sexos, en la que “el mensaje misándrico utiliza la máscara de la protección de la mujer o su restitución social para encubrir un ajuste de cuentas donde el hombre, sinónimo de tirano, es el enemigo”….

Todo ello tratado bajo el argumentado cuestionamiento de la “ideología de género”, la “narrativa de género”, “el feminismo institucional” que proclama que “vivimos en un patriarcado que aplasta y despedaza a las mujeres”, y sentencia que “todos los hombres son machistas”. Un feminismo que, incluso, desdeña al feminismo que no se pliega a sus consignas: “Con el feminismo, al menos, se puede discutir, no con una ideología de género que defiende sus privilegios económicos mediante el chantaje emocional, el desprecio por la lógica y la negación de la realidad”, aclara Soto Ivars.

Este caldo de cultivo nos lleva a pensar que no es extraño que, por ejemplo, hasta el Ministerio de Transportes se gaste dinero en estudios de “Perspectiva de Género en el Transporte y la Movilidad”. Lo que podría ser legítimo, siempre y cuando no hubiera sospechas de malversación de fondos -la Fiscalía Europea ha abierto una investigación en la vía de Adamuz-y, sobre todo no se desoyera y se descuidara, como está saliendo a la luz, el imprescindible mantenimiento, que ha tenido trágicas e irreversibles consecuencias.

La salida de juzgar con las “gafas violetas”, considerando todo desde la perspectiva de género, no es sencilla. Desde luego no parece que haya intención de revisar la ley VioGén sin esas anteojeras. Soto Ivars confiesa que algunos amigos le recomendaron que no escribiera este libro. Afortunadamente lo ha hecho, pues, como bien certifica, “en ningún caso se niega aquí el sufrimiento de las mujeres por las que esta ley se aprobó. Se niega que el fármaco cure el mal, que la ideología dogmática que lo motivó sea capaz de ver la realidad y que los efectos secundarios de la medicina resulten tolerables”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (23)    No(0)

+
0 comentarios