La creación de la Comisión de la Verdad no es más que una nueva ocurrencia del Gobierno para escribir la historia del último siglo desde el más puro sectarismo “progresista”. La elección del otrora juez Baltasar Garzón, expulsado de la Judicatura por “prevaricador”, es la mejor prueba. Pero mientras el polémico exmagistrado hurga en el pasado, especialmente en la guerra civil, Pedro Sánchez oculta la historia reciente, la protagonizada por su Gobierno. Oculta el origen de las tragedias que se han producido en nuestro país como el origen del gran apagón o del mortal accidente de Adamuz. Después de anunciar la puesta en marcha de sendas comisiones de investigación “independientes” para esclarecer los hechos, oficialmente nada se sabe todavía porqué se produjo el colapso energético y, menos aún, el accidente del AVE.
A punto de cumplirse un año del gran apagón, la supuesta comisión independiente nombrada por el Gobierno todavía no ha dicho una palabra. Pero hay innumerables pruebas de que el colapso fue provocado por la integración masiva de energías renovables, especialmente la solar. En el suroeste peninsular, la elevada producción solar, sumada a una demanda inferior a la prevista, habría provocado un exceso de tensión en la red. Este fenómeno, conocido como “hueco de tensión”, forzó la desconexión automática de numerosas plantas solares para evitar daños mayores. O lo que es lo mismo, la obsesión “ecologista” de Sánchez, que pretendía batir el récord mundial de empleo de energías “verdes” desencadenó la crisis. Pero nunca lo reconocerá. Seguirá adelante con su plan de cerrar las centrales nucleares y llenar España de molinillos que arruinan el paisaje y de paneles solares. Y, según los expertos, no hay que descartar otro gran apagón en poco tiempo.
Otro tanto ocurre con el accidente de Adamuz. Casi tres meses después, el Gobierno sigue sin aclarar el motivo de la tragedia ferroviaria. Pero el mayor problema es que el ministro responsable, Óscar Puente, sólo se dedica a buscar culpables del accidente que, según todos los indicios, ha provocado él por su negligencia e incompetencia. Y en esa obsesiva búsqueda de culpables ha llegado a donde quería; que es el PP. En su última comparecencia en el Congreso, el máximo responsable del caos ferroviario acusó a Aznar, a Rajoy y, de paso, al cambio climático del deterioro de las vías. Si no se tratara de una tragedia que ha causado 46 muertos, la memez del ministro sería para partirse de la risa.
Lo único cierto, sin embargo, es que desde que Óscar Puente es ministro de Transportes se han producido hasta 250 accidentes y más de 50 descarrilamientos, casi 1.000 averías técnicas y hasta 45.000 trenes con retrasos graves. Ni Rajoy y Aznar juntos pueden superar estas escandalosas cifras. Aunque el ministro insiste en declarar que la red ferroviaria española pasa por el mejor momento de su historia.
Pero ahora se comprueba el error de situar al frente del Departamento a un fanático que nunca se ha ocupado ni preocupado por mantener en condiciones de seguridad la red ferroviaria. Un fanático que antes de reconocer sus muchos errores, siempre recurrirá a atacar al PP. Pero, sin duda, las decisiones del Gobierno, como la supresión de órganos de seguridad, desfase inversor, contratos bajo sospecha, incontables retrasos y averías, además de las advertencias ignoradas, dibuja un patrón inquietante. Y demuestra la responsabilidad directa del Gobierno; en concreto, de Pedro Sánchez y Óscar Puente. Y ése es el motivo del silencio del Gobierno. No quiere reconocer su responsabilidad tanto en el origen del gran apagón como en el mortal accidente de Adamuz.